Esta es la última escena de Días de rodillas peladas y la hemos partido en varios momentos. El primero el corro, luego la merienda, jugar en la calle y para terminar el escondite. A este pequeño resumen también le acompañaba este texto como locución y algunas imagenes. Esperamos que os guste y estamos ya pensando en el siguiente espectaculo, porque este lo disfrutamos un montón.
Las tardes de
los niños tenían su propio ritmo, marcado por el sol, las campanas y la
imaginación. Al salir de la escuela, las calles, la plaza o cualquier rincón se
convertían en el mejor parque de juegos: la comba girando sin parar, los corros
cantando al compás, las canicas chocando en el suelo y las chapas rodando entre
risas y competición.
Después de
tanto correr y jugar, llegaba la esperada merienda, sencilla pero deliciosa,
compartida entre amigos como si fuera un gran banquete. Y para decidirlo todo
—quién empezaba, quién se la quedaba o quién ganaba— no faltaba nunca “echar a
suertes”, ese pequeño ritual que podía cambiar el destino de una partida en un
segundo.
Eran tardes de
calle, de amistad y de ingenio, donde la diversión no se compraba… se inventaba
cada día.
Llantos, pucheritos, sonrisas, lobitos, aserrines y nanas
Esta es la siguiente escena del espectáculo Días de rodillas peladas y lo hemos querido ilustrar con este vídeo que es parte de la representación que realizamos en Bembibre. En ella tuvimos el privilegio de contar con Asia en el escenario.
Además, la escena fue introducida con esta fotografía y el siguiente texto:
En las casas,
cuando la vida era más sencilla y el tiempo parecía ir más despacio, los más
pequeñitos crecían entre canciones susurradas y juegos transmitidos de
generación en generación. Las nanas llenaban las noches de calma, mientras las
voces de madres, abuelas y vecinas tejían melodías que acompañaban el sueño.
Durante el día,
las manos se convertían en juego: palmas que marcan el ritmo, canciones
repetidas entre risas y pequeñas tonadas con movimiento que no necesitaban
juguetes para hacer felices a los niños. Eran momentos de cercanía, imaginación
y cariño, donde cada canción y cada juego guardaban un pedacito de la vida en
familia.
Ahora
recordaremos ese mundo de nanas y juegos de manos, donde la música no venía de
aparatos, sino del corazón y de la voz de quienes cuidaban.
La segunda parte de esta tercera escena estaba dedicada al salón de baile. A lo que pasaba fuera y dentro. Para expresar lo que pasaba dentro, grabamos varios vídeos en la Casa del Cura del Valle. Y hemos hecho un montaje entre ellos y un resumen de la representación de esta parte en Bembibre.
Previa a esta sección segunda parte de la sección y que está dedicada al salón de baile se acompañaba en voz en off el siguiente texto.
A mitad del
pasado siglo, en un pequeño pueblo donde las noches tenían música propia, el
salón de baile era territorio de los mayores: luces suaves, parejas girando al
compás y risas que se escapaban por la puerta entreabierta. Allí dentro se
vivía la elegancia, el ritmo y un mundo al que los niños tenían estrictamente
prohibido entrar. Allí se celebraban las noches de fiesta, con el famoso
“corte”, los bailes sueltos llenos de alegría y los bailes agarrados que hacían
moverse siguiendo el ritmo con los músicos o incluso los discos.
Pero eso no
impedía que, desde la ventana, un grupo de pequeños curiosos observase con ojos
brillantes cada paso, cada giro y cada canción. Escondidos entre sombras y
risitas, intentaban imitar lo que veían, soñando con el día en que también
ellos pudieran cruzar esa puerta y formar parte del baile.
Desde fuera de
la ventana observamos ese rincón lleno de ritmo, ilusión y miradas cómplices,
donde la música unía dos mundos separados por un cristal… pero no por la
imaginación.
La tercera parte del espectáculo se divídia a su ver en dos. La primera dedicada a la fiesta, al tamboritero a través del recuerdo. Y hemos incluído primero el vídeo que elaboramos sobre el recuerdo y el segundo en el que recreamos ese momento tocando los Tamboriteros del Boeza una pieza del repertorio de Maximiliano Arce Simón, tamboritero de Rabanal del Camino y que lleva por título Al salir de la Enramada.
Hay recuerdos que no necesitan una fecha para quedarse con nosotros. El olor del verano. Las rodillas peladas. La plaza llena de gente. Y, de repente, escuchar por primera vez el sonido de un tamboritero. Son recuerdos de Toral de Merayo, de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, de Bembibre... pero podrían ser los de cualquier pueblo. Esos pequeños instantes que, sin darnos cuenta, acaban formando parte de quienes somos.
Días de rodillas peladas nace precisamente de ahí: de la memoria compartida, de la música y de la infancia.
Porque todos hemos tenido un primer tamboritero, una primera canción o un primer baile que nunca hemos olvidado.
Los recuerdos no aparecen por casualidad. Empiezan un día cualquiera, en una fiesta de pueblo, cuando un niño se queda mirando a un tamboritero... o se atreve a seguir sus pasos. Quizá dentro de muchos años recuerde este momento igual que nosotros recordamos los nuestros. Porque la tradición no solo se conserva: también se vive.
Y así lo quisimos plasmar con esta imagen de fondo de un niño tamboritero tocando en Viloria. Una imagen que editamos para proyectarla en la pantalla de cada escenario en los que representamos este espectáculo.
La primera vez que vi un tamboritero y el salón de baile (1)
Hay recuerdos que se quedan con nosotros para siempre. No sabemos exactamente por qué unos sí y otros no, pero basta escuchar unas notas para volver, de repente, a la infancia.
Esta tercera escena la dividimos en dos momentos muy distintos, aunque unidos por una misma idea: la fiesta.
La primera parte nace de un recuerdo real. Les preguntamos a tres mujeres de nuestra compañía cuál era el primer tamboritero que recordaban. Feli, natural de Toral de Merayo; Dori, de Colinas del Campo e hija de tamboritero; y Denise, de Bembibre. Tres pueblos, tres historias y un recuerdo común: la emoción de descubrir por primera vez esta figura. Ese instante, que parece tan pequeño, acaba formando parte de nuestra memoria para siempre y quisimos convertirlo en el motor de esta escena.
La segunda parte nos lleva directamente a la fiesta. Los Tamboriteros del Boeza interpretan Al salir de la Enramada, una ronda con letra perteneciente al repertorio de Maximiliano Arce Simón, tamboritero maragato de Rabanal del Camino. Mientras avanzan por el teatro, un niño toca la flauta y el tambor en la imagen de fondo, grabada en el pueblo de Viloria. Poco a poco otros niños se unen a él, convirtiendo el escenario en una pequeña fiesta donde la música se transmite de unos a otros casi sin darnos cuenta.
El vídeo que acompaña esta entrada corresponde a la primera representación de Días de rodillas peladas, celebrada en el Teatro Benevivere de Bembibre el 30 de mayo de 2026.
Pero esta escena aún guarda una segunda parte. Porque, después de la fiesta, llegaba el baile. Y durante mucho tiempo, aquel era un mundo reservado a los mayores. De ese recuerdo hablaremos en la siguiente entrada.
Canción de entrada, geografía, matemáticas,
ortografía y recreo
Después de la bienvenida, el viaje continúa con una parada obligatoria: la escuela.
Durante generaciones, fue mucho más que un lugar donde aprender a leer, escribir o contar. Era el espacio donde los niños de cada pueblo pasaban buena parte de su infancia, compartían juegos, descubrían el mundo y empezaban a construir sus primeros recuerdos.
En esta segunda escena de Días de rodillas peladas hemos querido regresar a aquellas aulas con pupitres de madera, mapas en las paredes, pizarras de tiza y lecciones que iban mucho más allá de los libros. También a pequeños detalles que muchos aún conservan en la memoria, como la leche en polvo que llegaba a las escuelas o aquellas canciones y rutinas que marcaron a varias generaciones.
A continuación podéis ver la escena tal y como la interpretamos en Tremor de Arriba, durante la tercera de las tres representaciones del espectáculo. La ilustración que acompaña esta entrada ha sido recreada mediante inteligencia artificial a partir de la estética de las escuelas rurales de mediados del siglo XX. Y la que lo introduce está editada a partir de una foto real de una escuela bercianaa.
Debajo del vídeo encontraréis también el texto que dio paso a esta escena, acompañado por la narración en voz en off de Denise Silva, que sirvió de hilo conductor para adentrarnos en este pequeño viaje a la memoria.
En un pequeño pueblo, que podía bien ser este o cualquier
otro cercano, hace más de medio siglo, donde las campanas marcan el ritmo del
día y todo el mundo sabe quién ha estornudado antes de que termine el recreo,
la escuela es un mundo en sí mismo. Antes de entrar en clase ya todos saben
quién hizo los deberes. Entre pupitres de madera, tiza que nunca deja de caer y
una maestra con más autoridad que el alcalde, los alumnos intentan sobrevivir a
dictados interminables y cuentas imposibles… o al menos eso deberían.
Pero entre tanto orden y disciplina, siempre hay hueco para
el desorden más divertido: un juguete o papel escondido, una retahíla susurrada
a media voz y una mueca improvisadoa cuando la maestra mira hacia otro lado. La
música y el teatro se convierten así en la gran escapada de estos jóvenes,
capaces de transformar cualquier clase en una función inesperada, aunque luego
toque correr para que no los pillen en casa.
Porque en este pueblo, donde todo se sabe, pero nada se dice
demasiado alto, hasta el silencio tiene ritmo… y siempre hay alguien dispuesto
a romperlo con un sonido, con una carcajada.
Vamos a ir desgranando, poco a poco, las distintas escenas de nuestro espectáculo Días de rodillas peladas.
Empezamos por el principio: 1. Bienvenida e invitación.
Para esta apertura utilizamos una imagen editada a partir de una fotografía original de un niño con un globo del fotógrafo berciano Amalio Fernández. La música de Pascal Comelade y el guion de Denise Silva terminaron de dar forma a esta introducción.
A continuación os dejamos el texto del guion y también la grabación de esta escena en Vega de Espinareda, la segunda de las tres representaciones que realizamos.
Podéis verla tanto en nuestro canal de YouTube como en nuestras redes.
Buenas
tardes.
Bienvenidos.
Hoy
vamos a hacer algo especial.
Algo
que no se compra, no se descarga y, milagrosamente, no necesita contraseña.
No
hace falta móvil.
No
hace falta wifi.
No
hace falta cobertura.
De
hecho, si alguno ha venido con poca batería… hoy, por primera vez en mucho
tiempo, no pasa absolutamente nada.
Porque
esta tarde no venimos solo a ver un espectáculo.
Venimos
a recordar.
Y
también a viajar.
Y
no, no hace falta billete.
Ni
maleta.
Ni
GPS.
Aunque
para lo que vamos a hacer… tampoco serviría mucho.
Porque
vamos a volver a un tiempo en el que “estar localizado” significaba que alguien
gritaba tu nombre desde una ventana.
Y
“conectarse” era bajar corriendo a la calle a ver si estaban los amigos.
Vamos
a viajar a hace más de medio siglo.
A
una infancia distinta.
Y
cuando digo distinta… quiero decir muy distinta.
Una
infancia sin pantallas.
Pero
con más historias de las que cabían en una tarde.
Una
infancia de calles llenas de risas.
De
rodillas raspadas. Con el gustito de rascar las postillas.
De
juegos inventados.
De
canciones que se aprendían de oído y se quedaban para siempre.
De
tardes que parecían infinitas.
Y
de una imaginación que hacía auténticos milagros.
Porque
entonces cualquier cosa servía.
Cualquier
cosa.
Un
palo podía ser una espada.
Un
caballo.
O,
dependiendo del niño… un sofisticado instrumento de negociación internacional.
Y
todo sin pilas.
Que
eso hoy ya parece fantasía.
No
había tutoriales.
No
había instrucciones.
No
hacía falta.
La
imaginación ya venía instalada de serie.
Y
claro, para muchos de ustedes esto no es historia.
Es
memoria.
Es
el sonido de una canción que vuelve sin avisar.
El
olor de una merienda.
El
eco de unas risas que todavía siguen por ahí, aunque ahora vivan en otra parte.
Y
para quienes solo conocen todo esto por historias…
tranquilos.
No
es ciencia ficción.
Esto
pasó de verdad.
Vamos
a comprobar una cosa.
¿Cuántos
de ustedes recuerdan lo que era salir de casa… y no volver hasta que anochecía?
Eso
pensaba.
Aquí
hay experiencia.
¿Y
cuántos recuerdan hacerlo sin padres siguiéndote a dos metros con cara de
“cuidado”?
Claro.
Es
que entonces el concepto de supervisión era bastante… flexible.
Sin
GPS.
Sin
mensajes.
Sin
“¿dónde estás?” cada cinco minutos.
Sin
compartir ubicación en tiempo real.
Y,
atención…
sin
corcho debajo de los columpios.
Con
gravilla.
Porque
antes no se amortiguaban caídas.
Se
construía carácter.
Y,
ocasionalmente… mercromina, que lo de la árnica o catapúm no existía.
Pero
oye… sobrevivíamos.
Con
sorprendente frecuencia, además.
No
nos aburríamos.
Bueno.
Solo
cuando llovía.
Porque
cualquier día podía convertirse en una aventura.
Todo
empezaba con una frase sencillísima:
“¿A
qué jugamos?”
Y
ya estaba.
No
hacía falta nada más.
Canicas.
Chapas.
Comba.
Corro.
Carreras.
Canciones.
Discusiones
muy serias sobre reglas completamente inventadas.
Porque
todos sabemos que en la infancia había dos grandes disciplinas olímpicas:
jugar…
y
discutir cómo se jugaba.
Y
luego estaba el mayor drama del día.
No
quedarse sin batería.
No
perder el wifi.
No.
Que
te llamaran para cenar justo cuando el juego se ponía interesante.
Eso
sí era tragedia.
O
que te mandaran a casa demasiado pronto.
O
perder una partida de chapas por una norma que claramente alguien acababa de
inventarse.
Y
sí.
De
verdad se podía vivir sin tablets.
Y
sí.
Sobrevivíamos.
Aunque
algunos todavía no sabemos cómo.
Pero
entre bromas… había algo muy bonito en todo aquello.
Porque
crecer entonces no siempre era fácil.
Había
normas.
Había
límites.
Había
días largos.
Pero
también había algo que nunca pasa de moda.
La
capacidad de encontrar felicidad en lo sencillo.
De
convertir una calle en un escenario.
Una
plaza en un reino.
Una
canción en un recuerdo para toda la vida.
Así
que les proponemos algo.
Dejen
por un momento las prisas.
Olviden
el reloj.
Permítanse
volver a ese lugar donde todo empezaba.
Piensen
en un juego.
En
una risa.
Y
guárdenlo.
Porque
lo van a necesitar.
Porque
esta tarde, la música y el teatro nos van a devolver todo eso.
Las
travesuras.
La
amistad.
La
inocencia.
Las
pequeñas rebeldías.
Y
esos recuerdos que uno cree dormidos… hasta que de pronto despiertan.
Quizá
reconozcan algo.
Quizá
recuerden una retahíla.
O
quizá se descubran sonriendo sin saber muy bien por qué.
Y
si eso pasa…
no
se preocupen.
Es
completamente normal.
Porque
durante el próximo rato les invitamos a hacer algo maravilloso:
mirar
el mundo otra vez con ojos de niño.
Prepárense
para emocionarse.
Para
reír.
Y
para volver a ser niños… aunque solo sea durante un ratito.
El Salón de Actos de la Casa de la
Cultura de Tremor de Arriba acogerá este domingo 21 de junio, a las 19:30
horas, la tercera y última representación de “Días de rodillas peladas”, un
espectáculo de música y baile tradicional inspirado en la infancia de nuestros
padres y abuelos. La entrada será libre y gratuita hasta completar aforo.
Tras su paso por Bembibre y Vega de
Espinareda, la propuesta llega a Tremor de Arriba para cerrar un recorrido que
ha reunido sobre el escenario a la Asociación dos Barrios de Bembibre, el Grupo
de Pandereta de Vega de Espinareda, el Grupo Recuencano de Tremor de Arriba y
el aula de música y baile tradicional de Lillo del Bierzo, bajo la dirección de
Denise Silva.
Con más de veinticinco participantes,
el espectáculo recupera recuerdos, canciones y formas de jugar que acompañaron
la niñez de varias generaciones. Juegos de corro, retahílas, nanas, canciones
infantiles y otros elementos de la tradición oral se entrelazan con la música,
el baile y pequeños momentos teatrales para construir una mirada cercana y
emotiva a una época que forma parte de nuestra memoria colectiva.
“Días de rodillas peladas” es también
una muestra del trabajo desarrollado durante el curso por los distintos grupos
participantes y una apuesta por mantener vivo el patrimonio cultural
inmaterial, acercándolo al público desde una propuesta dinámica, participativa
y apta para todas las edades.
La representación de este domingo
pondrá el broche final a un proyecto que ha permitido compartir escenario a
músicos, bailadores y pandereteras de diferentes localidades bercianas,
demostrando una vez más la capacidad de la cultura tradicional para reunir
generaciones y seguir emocionando al público de hoy.
Despúes del éxito del pasado sábado en el Teatro Benevivere de Bembibre este sábado día 6 volvemos a representar el espectáculo Días de rodillas peladas en el Salón de Actos de Vega de Espinareda a las 19:30 con entrada libre y gratuita.
Esta es la actuación de fin de curso de la Asociación dos Barrios de Bembibre, el Grupo de Pandereta de Vega de Espinareda, el Grupo Recuencano de Tremor de Arriba y el aula de música y baile tradicional de Lillo del Bierzo. Todos ellos unidos bajo la dirección de Denise Silva para hacer un recorrido por juegos, retahílas, nanas y todos los repertorios tradicionales ligados a nuestros primeros años de vida con una gran carga teatral y muchas sorpresas.
Esta será la primera de tres actuaciones ya que también ser representará en Vega de Espinareda y en Tremor de Arriba. Con más de 25 participantes es una apuesta por nuestro patrimonio inmaterial.
Les invitamos a un viaje al pasado, donde se jugaba sin cobertura, sin pantallas, donde el único aburrimiento podían ser los días de lluvia. Un tiempo de pantalones y vestidos cortos, de escuelas de otro modo. No un tiempo mejor, ni un tiempo idealizado, sino lo que hoy nos ha llevado a estar donde estamos. Un tiempo que para algunos serán recuerdos y para otros historias contadas. Viajen con nosotros, no necesitarán billete, ni batería en el móvil, sólo dejarse llevar. Y si les apetece volver a jugar, no lo duden, es el momento y el lugar.
Os esperamos listos para disfrutar de nuevo de juegos, retahílas, risas, diversión y mucho más. Para no perderselo.
Este sábado 30 de mayo a las 19:30 en
el Teatro Benevivere de Bembibre con entrada libre y gratuita se estrenará el
espectáculo de música y baile tradicional “Días de rodillas peladas” una
propuesta sobre la infancia de hace más de medio siglo. Es la actuación de fin
de curso de la Asociación dos Barrios de Bembibre, el Grupo de Pandereta de
Vega de Espinareda, el Grupo Recuencano de Tremor de Arriba y el aula de música
y baile tradicional de Lillo del Bierzo. Todos ellos unidos bajo la dirección
de Denise Silva para hacer un recorrido por juegos, retahílas, nanas y todos
los repertorios tradicionales ligados a nuestros primeros años de vida con una
gran carga teatral y muchas sorpresas.
Esta será la primera de tres
actuaciones ya que también ser representará en Vega de Espinareda y en Tremor
de Arriba. Con más de 25 participantes es una apuesta por nuestro patrimonio
inmaterial.
Les invitamos a un viaje al pasado,
donde se jugaba sin cobertura, sin pantallas, donde el único aburrimiento
podían ser los días de lluvia. Un tiempo de pantalones y vestidos cortos, de
escuelas de otro modo. No un tiempo mejor, ni un tiempo idealizado, sino lo que
hoy nos ha llevado a estar donde estamos. Un tiempo que para algunos serán
recuerdos y para otros historias contadas. Viajen con nosotros, no necesitarán
billete, ni batería en el móvil, sólo dejarse llevar. Y si les apetece volver a
jugar, no lo duden, es el momento y el lugar.