miércoles, 21 de octubre de 2026

💧 Gota de Tradición #18 - La Danza (2/3): ¿Quedan Danzas?

La tradición es como un río y hoy vamos a hablar de una gota.

En muchos lugares perviven danzas rituales, algunas desde hace siglos. No solo en la península ibérica ni en Europa; también en América podemos encontrar manifestaciones similares.

En el noroeste tenemos numerosos ejemplos y, en nuestra provincia, algunas danzas siguen siendo citas ineludibles cada año, como las de Laguna de Negrillos, los Pastores de Joarilla de las Matas, las Cantaderas de la ciudad de León, Carrizo de la Ribera o Pobladura de Pelayo García, entre otras.



En estos casos hablamos de danzas conservadas y transmitidas principalmente por los propios vecinos, vinculadas a celebraciones y rituales de sus comunidades.

En nuestra comarca, el Bierzo, durante el pasado siglo dejaron de ejecutarse algunas de estas danzas, aunque conservamos documentación de su existencia.

Es el caso de Bembibre, cuya danza aparece descrita en el libro Cómo se forjó un ideal. Historia viviente del luchador infatigable José Castro González, de Maximino Pascual; Ponferrada, de la que nos informa Menéndez Pidal; Albares de la Ribera, donde se realizaba en torno a la Navidad y de la que encontramos testimonios orales y escritos; o la danza que realizaban entre los vecinos de Suertes de Ancares y Espinareda de Ancares, Sortes y Espiñeireda.

De Molinaseca también conservamos referencias a una danza en distintas fuentes del siglo pasado, incluso algunas de sus melodías escritas en partitura, interpretadas por el tamboritero Victoriano Prieto, el Sapín.




Cerca de aquí, en Maragatería, también se realizaban danzas en numerosas localidades, acompañadas por tamboriteros y, en algún caso, por gaita o por gaita y flauta y tambor.

De todas ellas han llegado hasta nuestros días, con mejor suerte, las danzas de Val de San Lorenzo, gracias también a su grupo folclórico maragato. Una agrupación que continúa interpretándolas dentro y fuera de la localidad y cuya trayectoria se remonta, a través de distintas generaciones, a más de cien años.


En la vecina Cabrera encontramos igualmente ejemplos de danzas rituales, algunas acompañadas por la gaita, como la de Nogar, que se interpretó por última vez en 1939; la de Santa Eulalia, de la que conservamos fotografías; la que se realizaba en Cunas; o la de Corporales, que se ha venido realizando intermitentemente hasta nuestros días.



De algunas de estas manifestaciones, Concha Casado llegó a documentar textos de los autos teatrales que las acompañaban.

Y debemos señalar también la Danza de las Serranas de Cunas, interpretada con panderetas y relacionada con la Navidad y el ramo.

Pero, además de todos estos ejemplos, tenemos uno de los conjuntos de danzas vivas más interesantes en el valle de Fornela, donde encontramos manifestaciones que conectan directamente con las danzas rituales que se realizan, o se realizaban, al otro lado del puerto, en el suroccidente asturiano.

En este valle se perdió la danza de Faro y la de Guímara dejó de realizarse durante varias décadas, aunque posteriormente fue recuperada.

Por su parte, las danzas de Chano y Peranzanes se han mantenido de forma ininterrumpida, mientras que la de Trascastro también se viene realizando a veces con menos continuidad.

Si te interesan estos ritos y quieres conocer este patrimonio, es más que recomendable subir en verano a las fiestas y presenciar las danzas. Y, a poder ser, hacerlo al lado de alguien que pueda explicarte lo que está ocurriendo: los puestos que ocupa cada participante, las figuras que realizan y el significado de cada parte de la celebración.

Porque conocer una danza es mucho más que ver sus movimientos.

El próximo día seguiremos hablando de danzas. Hoy solo hemos visto una gota.

Si quieres aprender, curiosear o escuchar más sobre esta y otras tradiciones, ya sabes dónde encontrarnos.

La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.






Del Cuaderno de Campo


En la anterior entrega de esta serie hablamos de las características de las danzas rituales y de algunas de las primeras referencias documentales que conocemos en nuestra comarca. También nos acercamos a su vinculación con las celebraciones religiosas, los gremios y las comunidades que las mantenían.

En esta ocasión queremos detenernos en algunos ejemplos concretos y ampliar la información que hemos presentado en el vídeo. Para ello recurriremos a documentos históricos, publicaciones, recopilaciones musicales y testimonios orales que hemos ido reuniendo a lo largo de los años.

La documentación es muy desigual. De algunas danzas conocemos apenas su existencia, mientras que de otras conservamos descripciones relativamente detalladas de sus personajes, músicas, coreografías y representaciones teatrales.

Una de las referencias más interesantes que hemos encontrado corresponde a Villafranca del Bierzo en 1626, con motivo de la celebración del Voto de la Inmaculada Concepción.

Durante aquella jornada se realizaron diferentes actos religiosos y festivos, acompañados por el sonido de campanas, tamboriles y gaitas. Tras la celebración de la misa, los alumnos de la escuela de los jesuitas representaron dos danzas sobre un tablado preparado para la ocasión.

Una de ellas estaba formada por ocho pastorcillos y la otra por ocho pastorcillas. Los primeros ejecutaban paloteados y las segundas realizaban diferentes evoluciones con cintas de colores que pendían de unas andas transportadas por dos ángeles. Sobre ellas se encontraba una representación de la Virgen de la Inmaculada Concepción.

También se interpretaban coloquios teatrales y diferentes lazos y mudanzas, combinando música, danza y representación.

Encontramos otro episodio interesante en 1632, cuando el Ayuntamiento de Ponferrada envió a unos regidores al monasterio de Nuestra Señora de la Peña, en Congosto, donde concurría un número importante de danzas. Su cometido era escoger una de ellas para que participase en las procesiones del Corpus y su octava.

En 1654 encontramos otra contratación, esta vez realizada en Cubillos, para que los danzantes de Congosto participasen en la procesión del Santísimo Sacramento el lunes de Corpus.

Estas referencias nos muestran también algo importante: las danzas podían desplazarse de unas poblaciones a otras para participar en celebraciones, y su presencia en una localidad no significa necesariamente que perteneciesen a ella.

Una de las descripciones más completas que conocemos para el Bierzo Alto aparece en el libro Cómo se forjó un ideal. Historia viviente del luchador infatigable José Castro González, de Maximino Pascual.

En él se relata una danza que se realizaba con motivo de las fiestas del Cristo de Bembibre, celebradas en septiembre en torno al santuario del Ecce-Homo.

La danza estaba formada por diez danzantes, un gracioso, una dama y los embajadores de un rey cristiano y otro moro.

Al comenzar las fiestas, los danzantes acudían a casa del sacerdote para acompañarlo hasta el santuario, interpretando saltos y zapatetas al son de los tamboriles del país.

Posteriormente, en la explanada del santuario, se desarrollaba una representación que incluía un juego de palos y diálogos entre los personajes. Los embajadores de los dos reyes protagonizaban un enfrentamiento, mientras que la dama intervenía y el gracioso introducía un componente burlesco.

Este último portaba un palo con un erizo clavado en su extremo, que utilizaba para sus bromas e incluso para coger alguna fruta de las cestas del mercado.

Por el contexto biográfico de la obra podemos situar lo descrito en el siglo XIX, en una época próxima a la juventud de José Castro González, que cumplía veinte años en 1886.

La descripción es especialmente interesante porque permite conocer algo más que la parte coreográfica: encontramos personajes diferenciados, un argumento teatral, música de tamboriteros y una relación directa con la celebración religiosa y los espectadores.

En Albares de la Ribera encontramos otro ejemplo que hemos podido conocer gracias a la combinación de testimonios orales y documentación escrita.

Petra Inés Fernández Fernández nos habló de una danza en la que había participado su padre durante su juventud. Según sus recuerdos, se trataba de una representación masculina acompañada por chifla y tambor, con personajes que representaban a moros y cristianos.

También aparecía un personaje conocido como el Duende, que portaba una vejiga y desempeñaba una función que podemos relacionar con otros personajes burlescos presentes en las danzas de la provincia.

A partir de estas informaciones localizamos un artículo titulado «Tradiciones navideñas de Albares», publicado en enero de 1983 en el número 3 de la revista Albarada.

En él se describe una celebración que tenía lugar la víspera de Reyes, dentro de la iglesia, y cuya memoria todavía conservaban algunos de los vecinos de mayor edad.

La representación incluía diálogos y enfrentamientos entre soldados moros y cristianos, con personajes como la dama, el mayordomo y los llamados buraqueros.

Estos últimos portaban una cacha rematada con un erizo, un elemento que recuerda al descrito en Bembibre y que encontramos también en otras danzas.

En el desarrollo de la representación aparecían lazos de palos y espadas. Tras el enfrentamiento, vencían los cristianos y el buraquero pasaba entre los participantes.

La celebración concluía con coplas burlescas que hacían referencia a acontecimientos ocurridos durante aquel año.

Otro detalle especialmente llamativo es que en los textos, junto a los personajes de moros y cristianos, aparecían referencias a Napoleón. No es el único caso en el que estas representaciones incorporaron personajes o acontecimientos relacionados con la guerra contra los franceses.

Según la información publicada en Albarada, la celebración llegó a despertar suficiente interés como para atraer a vecinos de otras localidades.

Nos encontramos, por tanto, ante una manifestación vinculada al ciclo navideño que reunía danza, música, representación teatral y elementos burlescos, con unas características que podemos relacionar con otras danzas documentadas en el Bierzo y en la provincia de León.

En otros casos, la información conservada es considerablemente menor.

Rosa Abella, vecina de Espinareda de Ancares, nos habló de una danza en la que había participado su padre, realizada conjuntamente por jóvenes de Espinareda y Suertes de Ancares.

Entre los músicos relacionados con esta manifestación mencionaba al conocido como Tío Vitán, de Tormaleo, en Asturias.

También encontramos referencias a Francisco Rodríguez García, de La Viliella, en Cangas del Narcea, tamboritero que llegó a interpretar música para las danzas del valle de Fornela hasta su fallecimiento en 1991.

Estos datos son interesantes por las relaciones musicales que nos muestran entre localidades situadas a ambos lados de la actual división administrativa entre León y Asturias.

En este territorio, los músicos se desplazaban para participar en fiestas y celebraciones, transmitiendo repertorios y manteniendo vínculos entre comunidades próximas.

Sin embargo, en el caso de la danza de Suertes y Espinareda, hasta el momento no hemos encontrado documentación suficiente para conocer con detalle su desarrollo, sus personajes o las melodías que se interpretaban.

Es precisamente uno de los ejemplos de cómo la memoria oral puede conservar noticias de manifestaciones que apenas han dejado otros testimonios.

Junto a los documentos de archivo y los testimonios orales, las publicaciones de carácter literario y costumbrista también aportan información valiosa.

En los Ensayos poéticos en dialecto berciano, publicados por Antonio Fernández Morales en 1861, encontramos una descripción de una danza vinculada a la celebración de San Roque en Paradela.

En el vocabulario que acompaña la obra aparecen términos relacionados con estas manifestaciones, como chifra o Dama. Esta última se define como un muchacho vestido de niña con tonelete blanco.

Por su parte, Acacio Cáceres Prat describió en El Vierzo. Su descripción é Historia. Tradiciones y Leyendas, publicado en 1883, la presencia de danzantes en la procesión de la Virgen de la Encina de Ponferrada y el personaje conocido como Calaverote.

Ya en 1934, Verardo García Rey publicó su Vocabulario del Bierzo, donde encontramos información sobre la danza de Molinaseca. En él aparecen términos como Caravelote, Dama o palitroqueo y se describe una formación de ocho danzantes acompañados por otros personajes y un tamboritero.

En relación con esta última danza conservamos también documentación musical de especial interés. El 27 de agosto de 1946, el recopilador Juan Tomás transcribió nueve melodías interpretadas por Victoriano Prieto Becerra, conocido como el Sapo o Sapín, tamboritero residente en Molinaseca.

Estas transcripciones forman parte de la Misión número 19 y aparecen entre los números 249 y 257. De las nueve piezas, tres están relacionadas directamente con la danza: Danza de las cintas, Danza de paloteos (la Valenciana) y Danza de paloteos.

En la ficha de la primera, Juan Tomás explica que los danzantes trenzaban y destrenzaban cintas de colores que pendían de un palo sostenido por uno de los participantes, situado en el centro del corro.

Respecto a los paloteos, señala que eran ejecutados únicamente por hombres provistos de palos cortos y recios, con los que realizaban golpes rítmicos cuando la música lo requería. Sin embargo, también indica que el tamboritero no proporcionó más detalles sobre su ejecución.

Estas partituras tienen un valor documental considerable, ya que nos permiten conocer algunas de las melodías vinculadas a la danza de Molinaseca. No obstante, únicamente recogen la línea melódica de la flauta y no incluyen la parte de tambor, por lo que desconocemos el acompañamiento rítmico que se realizaba.

Tampoco disponemos, a través de estas fichas, de información suficiente para reconstruir las coreografías completas de los paloteos. Una vez más, nos encontramos con documentos que conservan una parte importante de la manifestación, pero no todos los elementos que la componían.

La melodía de la danza de las cintas aparece también en el cancionero berciano de Federico Fernández Luaña, con recopilaciones musicales de Amador Diéguez Ayerbe, publicado en 1977. En esta ocasión figura con el título Danza con tamboril y la indicación entre paréntesis Danza de las cintas, sin aportar mayores detalles sobre su interpretación.

Conviene señalar que en nuestra comarca la denominación popular del instrumento que acompaña a la flauta es habitualmente tambor, aunque en estas publicaciones encontremos también el término tamboril.

La conservación de estas melodías nos permite acercarnos a una parte del repertorio de Victoriano Prieto, pero también nos recuerda la importancia de diferenciar entre las músicas que sabemos que estuvieron vinculadas a una danza y otras piezas del repertorio de los mismos tamboriteros cuya relación con ella no está documentada.

Estos documentos, junto con las descripciones escritas, son especialmente útiles para comparar personajes, denominaciones y elementos de distintas danzas. Sin embargo, debemos tener presente el carácter de cada fuente y evitar suponer que las semejanzas implican necesariamente que las manifestaciones fuesen idénticas.

A veces contamos con noticias de su contratación o participación en una procesión; otras veces disponemos de descripciones de sus personajes, textos, indumentarias o música. Y en ocasiones únicamente tenemos el testimonio de alguien que llegó a conocerlas.

Por eso consideramos importante seguir reuniendo y contrastando documentación, sin dar por conocidos aquellos aspectos de los que realmente carecemos de información.

Las fuentes escritas, las fotografías, las partituras y los testimonios orales pueden ayudarnos a conocer mejor estas manifestaciones, pero también nos muestran los límites de aquello que sabemos.

Todavía pueden aparecer nuevos documentos y testimonios que permitan ampliar, matizar o incluso corregir algunos de los datos que hemos ido recopilando.

Mientras tanto, compartir esta información es también una forma de contribuir al conocimiento de nuestro patrimonio cultural y de reconocer a aquellas personas que, participando en estas celebraciones o transmitiendo sus recuerdos, han permitido que parte de su memoria haya llegado hasta nosotros. Todo ello entendiendo que este texto no es más que un resumen de los muchos datos que hemos ido recopilando con los años.

 

miércoles, 14 de octubre de 2026

💧 Gota de Tradición #17 - La Danza (1/3): ¿Qué es una Danza?


Cuando hablamos de danza dentro de la cultura tradicional no nos referimos simplemente a bailar.

Aunque las palabras baile y danza muchas veces se mezclan, aquí vamos a utilizar «danza» para referirnos a una forma organizada y coreografiada, generalmente vinculada a una ceremonia, una fiesta o un rito.

Frente al baile popular, más espontáneo y relacionado con la diversión —ya sea suelto o agarrado—, las danzas rituales suelen tener unas normas muy definidas: participantes, puestos, movimientos y normalmente una indumentaria especial. Además, tradicionalmente lo habitual fue que estuviesen formadas exclusivamente por hombres o exclusivamente por mujeres.


Y hay algo importante: en una danza tradicional no todo el que participa está allí para bailar. Puede haber músicos, guías, personajes o figuras que cumplen una función concreta.

En nuestra comarca, las danzas rituales documentadas están fundamentalmente relacionadas con celebraciones religiosas y, muchas veces, con las procesiones.

Y aquí tenemos que viajar hasta la Edad Media.

En 1264 el papa Urbano IV establece para toda la Iglesia la fiesta del Corpus Christi. Durante las décadas siguientes se extendió por la Europa cristiana y, a comienzos del siglo XIV, tomó especial importancia la procesión pública: sacar la celebración fuera de la iglesia y llevarla por las calles.

Y tenemos una fecha interesante: 1320. Ese año está documentada en Barcelona una procesión del Corpus considerada una de las primeras de Europa y la primera documentada en la Península Ibérica.

Pero aquello no consistía solamente en sacar una custodia a la calle. El Corpus llegó a convertirse en una enorme celebración colectiva en la que participaban autoridades, gremios, cofradías y buena parte de la población.

Las calles podían llenarse de música, danzas, representaciones teatrales, gigantes, cabezudos y animales tanto reales como fantásticos.

Las danzas podían realizarse además con palos, espadas, arcos o castañuelas. El traje, los objetos, los puestos o los personajes podían formar parte del significado de la propia danza.

Con los siglos, muchas de estas manifestaciones se fueron separando del Corpus y acabaron vinculadas a fiestas patronales, romerías u otras celebraciones locales.

Es frecuente buscar sus orígenes en épocas mucho más antiguas, incluso anteriores al cristianismo. Pero una cosa es encontrar semejanzas y otra demostrar una continuidad histórica directa durante siglos.

Lo que sí sabemos es que estas danzas han servido durante mucho tiempo para organizar música, movimiento, ritual, fiesta… y también a la propia comunidad, generando una fuerte identidad de grupo.

Y en la próxima gota vamos a mirar mucho más cerca: ¿qué danzas de este tipo siguen vivas hoy a nuestro alrededor?


 

Del Cuaderno de Campo


La distinción entre «baile» y «Danza» que utilizamos en esta serie no debe entenderse como una regla absoluta. El vocabulario tradicional no funciona igual en todos los territorios y una misma práctica puede recibir nombres diferentes según el lugar. Incluso las clasificaciones actuales reconocen que los bailes y danzas pueden ordenarse atendiendo a criterios muy distintos: estructura musical, disposición espacial, territorio o función. Sin embargo, resulta útil diferenciar, de manera general, los bailes destinados al entretenimiento de aquellas danzas que forman parte de un rito o celebración determinada. Aun así, en nuestro entorno conviven ambas realidades y para los portadores de la tradición son dos conceptos muy distintos.

En estas últimas, la coreografía es solamente una parte de algo más amplio. Importa cuándo se danza, dónde, quién puede hacerlo, qué puesto ocupa cada participante, qué indumentaria utiliza, qué objetos intervienen y ante quién o para qué se realiza. Están cargadas de simbolismo, de normas, detalles y sin ellos percibimos únicamente un espectáculo de movimientos. En este artículo que escribimos hace unos años y que fue publicado, señalábamos precisamente esa diferencia entre el baile de relación social, diversión o cortejo y una actividad grupal integrada dentro de un rito concreto.

Por eso resulta difícil comprender estas manifestaciones si aislamos solamente los pasos o la melodía. Una danza puede incluir música, movimiento, vestuario y objetos, pero también jerarquías entre los participantes, personajes, recorridos, textos o pequeñas representaciones. Los estudios sobre las celebraciones del Corpus durante los siglos XVI y XVII muestran precisamente esa convivencia entre danza, teatro, música y elementos ceremoniales. Con un orden cronológico hemos encontrado la primera referencia en el Bierzo en 1575, donde el Regimiento de la Villa de Cacabelos ordena al gremio de los zapateros sufragar los gastos para la realización de una danza. En 1582 encontramos otra mención en Ponferrada, donde ese año se realizaron un auto y dos danzas, apareciendo también la figura de una gomia. En estas décadas en Ponferrada los gremios ya empiezan a negarse y a buscar alternativas para no tener que participar en la danza directamente.


Otro aspecto importante es que estas tradiciones nunca fueron completamente inmóviles. Durante los siglos XVII y XVIII encontramos órdenes e intentos de limitar o suprimir determinados bailes y danzas dentro de las celebraciones religiosas, sin que ello consiguiera hacerlos desaparecer. Más tarde, la desaparición de los gremios en el siglo XIX modificó también uno de los sistemas que históricamente habían sostenido muchas de estas manifestaciones urbanas. En algunos ámbitos rurales pudieron mantenerse adaptándose a otras estructuras: la parroquia, una cofradía o la propia comunidad local, y sustituyendo en ocasiones la celebración del Corpus por la fiesta del patrón.

Esto nos ayuda también a evitar una idea demasiado sencilla: que todas las danzas que hoy conocemos nacieron en un momento determinado y permanecieron iguales desde entonces. Lo que encontramos es más bien una sucesión de adaptaciones, cambios de contexto, incorporaciones y pérdidas.

Y también debemos diferenciar entre antigüedad y origen. Como decíamos en la gota, que encontremos danzas documentadas hace cuatrocientos o quinientos años no significa que podamos llevar automáticamente su origen a épocas prerromanas, medievales o a supuestos ritos paganos.

Quizá por eso una danza tradicional se entiende mejor no pr


eguntándonos únicamente «¿qué pasos hacen?», sino planteando otras preguntas:

¿Quién danza?, ¿para quién?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿con qué música?, ¿con qué objetos?, ¿qué papel desempeña cada participante y qué significa para la comunidad?

Cuando empezamos a responderlas, dejamos de ver simplemente a un grupo de personas bailando y empezamos a comprender la danza como un hecho ritual, musical y social.





jueves, 8 de octubre de 2026

💧 Gota de Tradición #16 - El tambor (3/3): ¿Para qué se toca el tambor?



La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.

El «Por orden del señor alcalde se hace saber…» que tenemos en el imaginario popular ligado a una cornetilla, en muchas de nuestras localidades sonaba después de un fuerte redoble del tambor.

Algo hemos contado ya de que, además de para acompañar instrumentos melódicos, el tambor se usaba para alguna cosa más. Una de ellas era dar los bandos.

En otras localidades se tocaba para acompañar la voz, tanto aquí como en otras provincias como Lugo o Zamora. Incluso en algunas localidades de nuestra provincia había tambor y pandereta de los mozos para hacer el baile y tocaban juntos, como podemos escuchar en las magníficas grabaciones que tenemos, por ejemplo, de Prioro.


En el caso de acompañar otros instrumentos, en nuestro entorno es la gaita, pero en otros lugares la dulzaina.

Por último, quizás no está mal señalar el uso militar que tiene desde hace siglos este instrumento, tanto para acompañar el paso como para transmitir órdenes o acompañar momentos solemnes. Y quizás sea también por eso por lo que se utiliza en otras agrupaciones populares, como las de Semana Santa.

En todos los casos su función es muy clara. Al tratarse de un instrumento rítmico con un rango dinámico alto, podemos tocar con bastante intensidad, pero sin posibilidad de interpretar sonidos combinados en alturas determinadas. Por eso se utiliza para sostener el ritmo. Algo muy importante tanto para tocar andando como para llevar el peso del baile o incluso de las danzas.

Su sonido es muy corto. Por ello, la forma de interpretar sonidos más largos es mediante la técnica del redoble, que se combina constantemente con el resto de tipos de golpes.

Por eso el dúo con los instrumentos melódicos tradicionales, que carecen de esa capacidad para modificar tan claramente la intensidad y marcar el ritmo, es tan eficiente. Se complementan totalmente. Una gaita hace melodía, pero tiene mucha más dificultad para hacer explícito el ritmo. De hecho, el tamboritero que toca la flauta y el tambor es la expresión mínima de esta combinación.


Y el bombo redondea siempre los conjuntos: aporta el grave frente a instrumentos especialmente agudos y emite normalmente sonidos más largos. Por separado, cada uno aporta características diferentes que se complementan con el resto de instrumentos, dando como resultado un conjunto muy equilibrado.

Todo esto hasta la llegada de la batería, que hace poco más de un siglo produjo un gran cambio. Una única persona pasaba a tocar un conjunto de instrumentos. Pero, aun con esta novedad, el tambor y el bombo se han mantenido en uso no solo por tradición, sino porque, si de forma estática la batería tiene esa gran ventaja, tocar el tambor y el bombo por separado sigue siendo imprescindible para tocar en movimiento.

Aún nos quedaban cosas que contar sobre el tambor y la percusión. Aún nos hemos dejado alguna fuera, pero hoy solo hablamos de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.



Así que, si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.



Del Cuaderno de Campo


Como comentábamos y aunque lo hayamos ilustrado con una fotografía que no es del Bierzo, los bando no sólo se daban con turuta o corneta. También era habitual que en muchas localidades se dieran con tambor y así por ejemplo está publicado y recogido este bando dado a golpe de tambor en la población de Bembibre bastante  curioso:


Por orden del Señor alcalde se hace saber:

Que esta tarde por haberse estropeado

Un camión de verdura, vino y pescado,

Se comunica a todos los de Bembibre, esta ciudad,

Que a las cuatro la tarde podrán comprar estos productos

A unos precios muy asequibles,

Dado que por avería de este vehículo

No podrá seguir su ruta a Madrid.

Se ha dicho.





jueves, 1 de octubre de 2026

Ya tenemos horarios, tenemos el curso 2026/27 en marcha

Comenzamos un nuevo curso en Tocar Bajo Teito y ya tenemos organizado el horario semanal de clases para 2026/27. 🎶

Un año más seguimos recorriendo distintas localidades con propuestas de música y baile tradicional para diferentes edades y niveles: gaita, pandereta y canto, baile tradicional, percusión, flauta y tambor, música y movimiento… y, sobre todo, muchas ganas de seguir aprendiendo y compartiendo.

Este curso estaremos trabajando en Carracedelo, Ponferrada, Bembibre, Camponaraya, Vega de Espinareda, Lillo del Bierzo, Toreno, Tremor de Arriba, Columbrianos y Toral de los Vados, además de otros proyectos y actividades que iremos anunciando a lo largo del año.

Las clases se desarrollarán de lunes a sábado a través de escuelas municipales, asociaciones, colegios, bandas y agrupaciones con las que seguimos colaborando.

En la imagen podéis consultar la distribución semanal de grupos y disciplinas.

Como siempre, hay espacio tanto para quienes empiezan desde cero como para quienes quieren continuar aprendiendo y profundizando en el repertorio, los instrumentos, el canto o el baile.

🍂 Arranca el curso 2026/27.

Toca. Canta. Baila.

La tradición se aprende, se comparte y también se trabaja.



miércoles, 30 de septiembre de 2026

💧 Gota de Tradición #15 - El tambor (2/3): ¿Cómo se toca el tambor?

 


La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.

Todos estos instrumentos tradicionales se aprendían de forma autodidacta o, como mucho, por imitación. Por eso, por lo general no encontramos conocimientos de lenguaje musical entre sus intérpretes. Sin embargo, sí encontramos expresiones, fórmulas e incluso pequeños cuentos que nos hablan de cómo se tocaban.

A veces, igual que ocurría con las campanas, se utilizaba una palabra o una pequeña frase para describir o recordar un toque o un ritmo. Así es la muletilla de la Danza de "Palillos de madeira" que acompaña los gigantes y cabezudos de Villafranca del Bierzo.


Se aprendía escuchando, mirando a otros tocar y repitiendo. Y para practicar tampoco hacía falta tener siempre el instrumento delante: cualquier superficie podía servir para empezar a imitar los movimientos y los ritmos.

Muchas veces vemos los instrumentos de percusión como algo sencillo, como algo que «sale solo». Aunque uno pueda tener mucha facilidad, hay cosas que se aprenden en cinco minutos y otras que necesitan semanas o meses para conseguirse.

Tanto para los músicos mayores como para nosotros, el esfuerzo, la constancia y la repetición son tan importantes como asumir que es normal que las cosas no salgan a la primera.

Hoy en día enseñamos de una forma más moderna y pedagógica, haciendo accesible para cualquiera aprender a tocar un instrumento. Nos apoyamos en todos los recursos disponibles: el lenguaje musical, los ejercicios técnicos y también los conocimientos que nos aportan otros tipos de percusión.

El aprendizaje del tambor empieza por aprender a coger las baquetas, el golpeo y el movimiento de las manos. Después trabajamos la coordinación entre ambas manos y toda la parte técnica. No solo los ritmos y los géneros: aprendemos también los movimientos que nos permiten tocarlos.

Con todo esto aceleramos mucho los tiempos y la eficiencia a la hora de llegar a tocar los repertorios tradicionales.


En nuestro caso también analizamos los estilos y las formas de tocar de los intérpretes que hemos podido documentar. Y vemos cómo cambia desde los casos en los que se repite simplemente un ostinato —un patrón rítmico que se mantiene durante la pieza— hasta otros en los que se establece un verdadero diálogo entre los instrumentos, jugando entre la imitación y el contraste con la melodía y acercándose a una forma más contemporánea de tocar.

Los rudimentos que se utilizan en la percusión tradicional de este entorno son prácticamente los mismos que en el resto de lugares del noroeste. Podemos encontrar poco uso de las dinámicas —los cambios de intensidad—, el redoble cerrado, los mordentes de una nota, los acentos y, en algunos casos, efectos como golpes sobre los aros, golpes apagados o sobre la propia baqueta.

Creo que con esto podemos entender un poco mejor cómo se tocaba, cómo se toca y cómo se aprendían y se pueden aprender hoy estos instrumentos.

Porque la tradición no consistía en nacer sabiendo tocar un tambor. Consistía en mirar, escuchar, repetir… y acabar encontrando una manera propia de hacerlo.

Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.

Hoy solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.


Del Cuaderno de Campo

Para ejemplificar este trabajo de divulgación utilizamos principalmente nuestros propios materiales gráficos (partituras, fotografías, vídeos) pero también otros de dominio público como grabados, cuadros y en este caso unos segundos de la película documental "La memoria de los pueblos del Bierzo" de 2008 y producida por la Asociación de Cine Medular. En esta producción uno de los protagonistas entrevistado es el gaiteiro residente en Camponaraya Eduardo González, natural de Castrelo de Frades (Lugo) y al que ya hemos dedicado varias entradas en el blog. Además en la interpretación de piezas lo acompañan dos percusionistas siendo el que toca el tambor Edelmiro Iglesias "Miro" (c1929-2023) natural de Dragonte y de familia de músicos. 

Edelmiro fue uno de los exponentes de este instrumento con el que convivimos y que nos habló en distintas ocasiones de como tocaba en un conjunto en su localidad con su padre, tío y hermano. Posteriormente cuando se trasladó a Cuatrovientos siguió tocando y cambió su jazz por el tambor de cuerdas que adornó con tres pompones que podemos ver en el vídeo. En 2016 para la exposición de instrumentos promovida por el IEB en la que colaboramos nos prestó un flautín y una caja china antiguas que conservaba. 

Figuras como él han sido clave en el mantenimiento de este instrumento y aunque el se mantuviera dentro de los grupos de folclore y de gaitas, la mayoría de interpretes se vio desplazado a otros grupos de música popular como charangas.







miércoles, 23 de septiembre de 2026

💧 Gota de Tradición #14 - El tambor (2/3): ¿Qué es un tambor?



Posiblemente uno de los tambores más antiguos que tenemos en la comarca del Bierzo y que se conserva en Villafranca sea el que, a mediados del pasado siglo, tocaba Pelicán, un vecino de la villa que lo hacía sonar junto a un clarín en Semana Santa a golpe de:

«Pelicán, can, can, can».

Dentro de lo que definimos como percusión tradicional, y que aquí se utiliza para acompañar instrumentos melódicos como la gaita, tenemos principalmente el tambor y el bombo. Pero, además, estos tambores se utilizaban para otras tareas, como avisar de los bandos municipales y, en algunas localidades, también para cantar o tocar junto a la pandereta.

Cuando hoy pensamos en un tambor tradicional quizá imaginemos un tambor de madera y tensión de cuerda. Sin embargo, eso no es lo que encontramos en la tradición oral de esta zona.

La forma de tocar que utilizamos está muy bien documentada ya en época napoleónica y, en lo fundamental, es la misma que ha llegado hasta nosotros. Lo que se cambió en realidad fue el instrumento. Desde finales del siglo XIX se fueron incorporando cajas estrechas de latón, integradas también en las bandas de música, que en nuestra tradición oral aparecen denominadas jazz, caja, caixa, tambor y, en alguna ocasión, redoblante.


Esas cajas sustituyeron al antiguo tambor de madera y tensión de cuerda, aunque no cambiamos tanto la forma de tocar como el tambor sobre el que tocábamos. Y Y, hace unas décadas, se volvieron a incorporar esos tambores de madera y tensión de cuerda, aunque cada vez de menores dimensiones, que hoy relacionamos fácilmente con la percusión tradicional.

En ambos casos el instrumento es esencialmente el mismo: dos parches, uno más grueso para tocar y otro más fino; un cuerpo central; un sistema de tensión para los parches; y otro para tensar las cuerdas o bordonera, que normalmente se coloca en la parte inferior.

Las baquetas con las que se tocaba, algunas veces ni siquiera formaban una pareja igual, sino que podían tener diferente tamaño y grosor.

Sin embargo, ya hemos hablado de otro tambor: el de la flauta. Normalmente se interpreta con una única baqueta, denominada habitualmente palillo o palote, y tiene como singularidad que sus aros, apretados con cuerda o con sistemas de tornillería, son metálicos.

Hoy pocas veces se puede ver este tipo de cajas y tambores de la flauta tocando con las gaitas, aunque así lo hemos documentado en la tradición. Somos muy pocos los grupos, como los Pamplinas, que hemos optado por utilizar estos tipos de percusión.


No obstante, esto también forma parte de la variedad de formas de tocar y de entender nuestro mundo hoy en día.










Del Cuaderno de Campo


La percusión tradicional se reconoce, entre otros aspectos, por el tipo de agarre de las baquetas. En la terminología general de percusión se habla de agarre tradicional, frente al agarre igual o matched grip, más habitual hoy en la batería moderna.


Dentro de ese llamado agarre tradicional existen, además, distintas escuelas europeas, tal y como muestran los tratados de percusión militar de siglos pasados. Conviene tener en cuenta que buena parte de estas técnicas están especialmente bien definidas y documentadas en el ámbito militar, aunque después hayan tenido también una presencia importante dentro de la música popular y tradicional.

Una de las características principales de estas percusiones es precisamente la forma de portar el instrumento. El tambor suele ir colgado de una bandolera o, en otros casos, sujeto a un cinto. Esto hace que el instrumento no quede completamente horizontal, sino ligeramente inclinado. En otros casos, como sucede con el tambor de la flauta y con algunos tambores de pequeñas dimensiones, puede ir suspendido de la muñeca.

De forma genérica, este tipo de instrumento puede encuadrarse dentro de los llamados side drums o “tambores de lado”. La posición del instrumento condiciona especialmente la manera de sujetar la baqueta de la mano izquierda.

En los intérpretes tradicionales que hemos podido observar, la mano izquierda suele sujetar la baqueta apoyándola en el pliegue de la mano entre el pulgar y el índice, dentro de lo que conocemos como agarre tradicional. La forma más escolástica consiste en pasar dos dedos por encima de la baqueta, apoyando sobre ella la primera falange.

Sin embargo, entre algunos intérpretes mayores hemos podido ver también otra variante: colocar únicamente el dedo índice sobre la baqueta. Es una posición igualmente efectiva para el golpeo, aunque se aleje de lo que actualmente se considera una técnica más académica o estandarizada.

También queremos ampliar algunos detalles sobre las cajas.

Comentábamos que, de manera general, muchas de ellas presentan cuerpos de latón, aunque existen modelos construidos en otros metales y también con cuerpo de madera. La variedad es amplia.

Lo habitual es encontrar las palomillas de la tornillería orientadas hacia arriba, pero existen también ejemplares con los sistemas de apriete colocados en sentido contrario. Incluso encontramos modelos con un único parche superior y la bordonera colocada inmediatamente debajo de este o, en algunos casos, por encima.

Estas cajas suelen sujetarse a la cintura o llevarse colgadas. La pieza metálica soldada que sirve como punto de apoyo sobre la pierna puede aparecer también acompañada de correas que ayudan a fijar el instrumento.

Otro aspecto que merece una explicación más amplia es quizá el más característico de nuestros tambores utilizados junto a la flauta.

En la provincia de León, estos tambores, tamborines o tamboriles presentan una serie de rasgos que los diferencian claramente de otros modelos. Uno de los más visibles es el empleo de aros metálicos, normalmente de hierro o latón, combinados con un cuerpo de madera realizado a partir de una tabla curvada o, en algunos casos, vaciado.

Como siempre ocurre en la tradición, existen excepciones. Hemos llegado a documentar ejemplares con cuerpos metálicos e incluso de plástico.

También son especialmente característicos los bordones o sedillas que atraviesan los parches. Habitualmente encontramos uno a cada lado del tambor, que puede ser metálico, de cuerda de guitarra o de tripa. Suelen disponer además de algún sistema de tensión, más o menos rudimentario, en uno de los extremos de cada sedilla.

Las dimensiones son igualmente definitorias. Se trata normalmente de tambores de tamaño considerable y, aunque no exista una medida única, sí se mantiene cierta proporción y una estética reconocible.

Existe, por ejemplo, una publicación que define estos tambores como instrumentos de cincuenta centímetros de diámetro. Sin embargo, esa medida no se corresponde con la realidad de los ejemplares que hemos podido observar y documentar.

Durante el siglo pasado estos tambores sufrieron además algunos cambios ligados a determinadas modas y procesos de modernización.

Por un lado, comenzaron a pintarse, normalmente de un único color.

Por otro, se incorporaron sistemas de tensión mecánica. Estos mecanismos añaden bastante peso al instrumento, pero ofrecen una ventaja importante: permiten tensar las pieles naturales con mucha más facilidad en situaciones de humedad o frío, sin necesidad de desmontar o reajustar todo el sistema de cuerda tradicional.

Ese sistema anterior, más ligero y sencillo, obliga a actuar directamente sobre la cuerda para recuperar la tensión de los parches cuando las condiciones ambientales afectan a la piel.

Al final, como ocurre tantas veces, no encontramos un único tambor ni una única forma de tocarlo. Encontramos técnicas, materiales, soluciones y adaptaciones distintas que fueron cambiando según el lugar, la función, el intérprete y el momento.

Y precisamente ahí está una parte importante de su interés.



lunes, 21 de septiembre de 2026

Curso 2026/27 - Grupos, Asociaciones y Cursos

Seguimos dando forma al curso 2026/27 y, después de presentar el inicio del curso y las disciplinas que trabajamos, queremos reunir aquí todos los lugares en los que estaremos este año.

A lo largo del curso trabajaremos en distintos municipios, asociaciones, grupos y escuelas, con propuestas adaptadas a cada espacio. No en todos los lugares se imparte lo mismo, porque cada proyecto tiene sus propias necesidades, su alumnado y su forma de funcionar.

Estaremos en Bembibre, con la Asociación dos Barrios; en Ponferrada, con Centro Galicia; en León, con Zarzagán, Banda de Gaitas y Percusión; en Tremor de Arriba, con el Grupo Recuencano; en Vega de Espinareda, con el Grupo de Pandereta de Vega de Espinareda; en Toreno, con el Aula de Folklore de Toreno; en Lillo del Bierzo, con el Aula de Folklore de Lillo del Bierzo; en Camponaraya, en la Escuela Municipal de Música; en Toral de los Vados, con la Banda de Gaitas Mencía; en Columbrianos, con el Grupo de Gaitas y Danzas El Castro; en O Barco de Valdeorras, en la Escola Municipal de Música; y en Carracedelo, en la Escuela Municipal de Gaitas del Ayuntamiento de Carracedelo.

En estos espacios trabajaremos diferentes disciplinas vinculadas a la música y al baile tradicional: gaita, pandereta y canto, baile tradicional, percusión, flauta y tambor y trabajo en agrupaciones, entre otras propuestas.

La idea sigue siendo la misma en todos los casos: aprender desde la práctica, conocer repertorios, estilos y formas de tocar y cantar, entender de dónde vienen y, sobre todo, mantenerlos vivos desde el presente.

En las imágenes que acompañan esta entrada podéis consultar las localidades, los grupos, asociaciones y escuelas durante este curso.

Toca. Canta. Baila.