lunes, 7 de septiembre de 2026

¿Qué enseñamos? Curso 2026/27

Comenzamos un nuevo curso y, poco a poco, iremos contando todo lo que hemos preparado para estos próximos meses.

En Tocar Bajo Teito trabajamos alrededor de la música y el baile tradicional desde diferentes ámbitos y con distintas formas de acercarse a ellos. Este curso 2026/27 seguimos con la gaita, la pandereta y el canto, el baile tradicional, la flauta y el tambor y la percusión tradicional, además del trabajo en agrupaciones, porque aprender a tocar también es aprender a hacerlo con otros.

Hay propuestas para quien se acerca por primera vez y para quien lleva tiempo tocando, cantando o bailando y quiere seguir aprendiendo.

No se trata únicamente de aprender canciones, pasos o técnica. Nos interesa también saber qué estamos tocando, de dónde viene, cómo se hacía y entender un poco mejor todo lo que hay alrededor de ello.

Durante los próximos días iremos contando dónde estaremos, para quién son las clases y cómo participar. Por ahora empezamos por el principio:

Esto es lo que hacemos.

Toca. Canta. Baila.




Croniqueta #15 (2026) – Fiestas de la Encina de Ponferrada

Ha sido la Encina más rara que recuerdo. Y eso que aún no ha acabado.

Teníamos que empezar el sábado con la Banda de Gaitas del Centro Galicia en Ponferrada y un pasacalles por Flores del Sil, pero una alerta por tormentas suspendió todos los actos de las fiestas durante la tarde. Al final cada uno tendrá su opinión, pero igual podemos convenir que siempre es mejor eso que lamentar. Nos quedamos a punto de salir, con todo preparado, pero no pudo ser. Menos mal que Soto abrió la bodega y allí no entró la tempestad.

 

El domingo, antes de salir de casa para el Encuentro de Tamboriteros, en Bembibre sí que caía una buena tormenta. Después abrió y tuvimos todo el día un sol intratable.

Era la décima edición de un encuentro que sigue siendo, sobre todo, una reunión de afición alrededor de estos instrumentos. Y la verdad es que no salió mal. Tuvo sus momentos.

Siempre es agradable estar con Fernando Fernández, el último tamboritero de los mayores que nos queda en la zona. Y encontrarse con amigos: David Andrés, Edi, Longi, Josema, Dani, Diego Segura… Pasar un rato, conversar, intercambiar impresiones. Hasta tocar.

Y me tocó algo bonito: cerrar el encuentro y despedir con la flauta y el tambor a los gigantes mientras bailaban antes de retirarse al zaguán del Ayuntamiento. Y de paso cumplir una de mis taritas: seguir respetando y tocando piezas como esa jota que tocaba Adolfo, de Río de Montes de Valdueza —uno de los varios músicos y tamboriteros de aquella localidad—, intentando mantener la esencia de cómo lo hacía él, solo que equivocándome un poco más.

Unos gigantes que tantas y tantas veces han sido maltratados, olvidados y abandonados. Ahora están remozados y parece que el futuro puede sonreírles. Nos encantaría. Pero veremos, que no sería la primera vez que la ilusión se queda precisamente en eso: ilusión.

 

Antes de empezar tuvimos la salida en medio de un macroencuentro entre carrera deportiva, entierro y foto de tamboriteros en la plaza de Julio Lazúrtegui. De allí me fui tocando por el barrio que me correspondía.

Y hasta me encontré con otro músico y acabamos hablando precisamente de la ilusión. De la de los que vienen detrás. De esos que queremos que algún día nos hagan mayores.

 

Y eso fue lo que vi cuando subí por el Rañadero.

Me encontré con Álvaro. Es de Chano, o Chan, depende de lo modierno que sea uno. Y en él veo un relevo que ilusiona. Porque se acerca, pregunta, quiere saber. Tiene respeto y formas, algo que no siempre es tan habitual.

Y, lo más importante, le gusta.

Un tamboriteiro fornelo es diferente. No por ser de Furniella, que tamién. Sino porque desde hace tiempo allí solo necesitan tocar la Danza. Bueno, alguna cosa más hay, la alborada… Aun así el referente principal para todos sigue siendo lo que tocaba Francisco, que era de L.larón. Y Francisco tocaba muy distinto a como tocamos en el Bierzo y en la provincia.

Seguramente eso no le quitará a Álvaro aprender también otras cosas, porque no es el único tamboriteiro que acabó aprendiendo los toques de este lado.

 

Llevo dándole tantas vueltas a todo esto de las fiestas, del Bierzo, de la flauta y el tambor, de la gaita, de los grupos… que esas pequeñas cosas de un día de fiesta, como encontrarse con Álvaro, son ya de las pocas que de verdad me ilusionan y me conmueven.

Porque la retranca está bien. Es necesaria. Y muchas veces merecida, en todos los casos y en los muchísimos más que nos callamos. Los egos, las chiquilladas de quienes hace mucho que dejaron de ser chiquillos… Esas cosas también hay que decirlas.

Pero quizá hoy sea todavía más necesario generar algo que hemos perdido: criterio.

Llevarse bien es importante. Ser cordiales, también. Y que todo esto sea divertido, por supuesto.

Pero si hay criterio, entonces sí hay un futuro mejor.

Porque los que vengan detrás sabrán qué es todo eso que hoy hacemos, qué había antes y qué cosas que hoy dejamos pasar en otro momento no se habrían consentido bajo pena de excomunión severa y retirada de todos los puntos. Igual ellos sí lo miman. Lo cuidan. Le dan el valor que nosotros no hemos sabido conservar.

Después del Encuentro todavía quedaba el pasacalles por el centro de Ponferrada con la Banda de Gaitas del Centro Galicia y, finalmente, el Festival.

Pormenores y pormayores aparte —que los hubo— nosotros, como pequeño homenaje a todos los grupos bercianos que tocaron repertorio gallego de Galicia —cuatro de seis este año, sin incluirnos a nosotros—, subimos al escenario y, además de lo esperable en un Centro Gallego, tocamos también una de aquí.

Para desestabilizar un poco la media.

Y no sé, quizá, solo quizá, acercarnos a eso del criterio.

Si las reflexiones, darle vueltas y los sinsabores nos llevan a algún sitio y algo mejora —ya que cambiar hemos aprendido que es imposible—, igual merece la pena.

Por ahora parece lógico pensar que si, por ejemplo, hacemos ver qué es un tema de procesión, cómo suena y cómo se tocaba, quizá la próxima vez alguien no acepte que se toque cualquier cosa en un momento solemne. O, si se hace, entenderá la transgresión, la performance o lo que quiera que sea en su grupo folclórico. Que para romper algo tampoco viene mal saber primero qué se está rompiendo.

Igual hay que probar, a ver qué pasa. El resto creo que lo hemos intentado todo.

Porque cuando no hay criterio todo se aplana y se acaba pensando que todo aquel que lleva una gaita al hombro es gaiteiro, pero igual solo se la dejaron para la foto. Pero ya me lío, y esa historia es larga y merece contarla otro día.

Así que mientras nuestros estudios sesudos y científicos no arrojen resultados concluyentes, toca pasarlo bien con las fiestas. Por ahora no salió mal: no llegamos a pegarnos. El listón está bajo, pero es lo que hay. Ojo, que aún queda el día 8 y la Encinina, que no es poco.

Así que, ponferradinos e incluso bercianos, andarse al loro, que ya se dijo siempre:

Ya viene la Encina,
ya vienen los fuegos,
ya vienen los tontos
de todos los pueblos.
















miércoles, 2 de septiembre de 2026

💧 Gota de Tradición #10 - La Gaita (1/3): ¿Qué es una gaita?


Para la mayoría de los que estáis viendo este reel está bastante claro qué es una gaita. O, por lo menos, qué llamamos aquí gaita.

El resto igual no sabe que estamos en el Bierzo, ni dónde está esto, ni qué es una gaita.

Porque parece fácil saber qué es una gaita hasta que preguntamos dónde estamos y cómo la llaman.

Aquí una gaita es un instrumento de viento con una característica principal: varios tubos pueden sonar a la vez y se alimentan del aire acumulado en un fuelle, un fol. Es decir, se soplan indirectamente.

Pero en otros lugares una gaita puede ser una dulzaina o un clarinete, una flauta de tres agujeros, o este mismo instrumento puede ni siquiera llamarse gaita.

Sin salir de la provincia de León, en el Bierzo y Cabrera se conoce mayoritariamente como gaita o gaita gallega, mientras que en algunas zonas de la montaña leonesa es el fole, nombre que encontramos también en Zamora.


En esta zona del oeste, el modelo más habitual tiene únicamente dos elementos sonoros: el punteiro, que hace la melodía, y el roncón, ronco o rumbón, que mantiene una nota continua.

También hemos encontrado instrumentos antiguos con otras configuraciones, construidos en Galicia, aunque no hemos llegado a localizar instrumentos construidos aquí, como podían ser, por ejemplo, los que hacían los Guichos en los Mazos de Melezna.

Hoy podemos ver además gaitas con otras configuraciones, algunas relativamente recientes, que no siempre se corresponden con los modelos tradicionales documentados en estos territorios.

Porque aunque asociemos normalmente la gaita con Galicia o Asturias, este instrumento es propio de muchos más lugares de la península y de fuera de lla. Y probablemente su referente más reconocible internacionalmente sea la Great Highland Bagpipe, la conocida como gaita escocesa.


Así que saber qué es una gaita igual no era tan sencillo.

Una cosa es saber qué instrumento tenemos delante. Otra saber quién lo tocaba, cómo lo tocaba, dónde y para qué. Pero de eso hablaremos en las próximas gotas.

Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.

Hoy solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río

 

 

 

 

 

 

Del Cuaderno de Campo

Los instrumentos antiguos se escapan en muchas ocasiones de los estereotipos y categorías que hemos definido en la actualidad. Hoy hablamos con bastante naturalidad de gaita gallega, gaita asturiana o gaita sanabresa, como si cada una de estas denominaciones correspondiese a un modelo perfectamente definido y estable.

Sin embargo, cuando acudimos a los instrumentos antiguos encontramos una realidad bastante más diversa.

Dentro de lo que hoy denominamos gaita gallega, por ejemplo, encontramos tradicionalmente una gran variedad de tipologías y configuraciones: gaitas de dos, tres o cuatro voces, diferentes disposiciones de los bordones e incluso gaitas de barquín.

Algo parecido ocurre con las digitaciones. La diferenciación actual entre digitación abierta y pechada no siempre permite describir lo que encontramos entre los músicos tradicionales. Existen diferentes formas de digitación pechada y, además, los propios gaiteiros no necesariamente emplean estos sistemas de una manera absolutamente rígida.

En Asturias, por ejemplo, el proceso de estandarización del instrumento ha supuesto también la generalización de determinadas formas de digitación, fundamentalmente vinculadas al modelo desarrollado en la zona central, y la adaptación de algunas posiciones en los instrumentos modernos.

Con las afinaciones sucede algo semejante. Hoy en día se han estandarizado afinaciones contemporáneas, tanto temperadas como de entonación justa. Los instrumentos antiguos presentan, sin embargo, una afinación mucho más variable, siempre en consonancia con la nota o notas pedal.

También encontramos entre los propios gaiteiros maneras tradicionales de diferenciar los instrumentos según su altura. Algunos de los músicos que hemos entrevistado hablan de gaitas grileiras, las más agudas; redondas, de afinación intermedia; y tumbales, las más graves. De una manera aproximada, podríamos establecer una equivalencia con gaitas en torno a Re para las grileiras, Do para las redondas y Si bemol para las tumbales.

Pero tampoco esta clasificación es uniforme. Otros gaiteiros que hemos entrevistado no conocían estas denominaciones o establecían únicamente una distinción entre gaitas grileiras y tumbales. Una vez más, las categorías no parecen funcionar como un sistema cerrado ni compartido necesariamente por todos los músicos.

Los instrumentos antiguos que hemos encontrado en la comarca muestran también procedencias muy diversas. Encontramos gaitas construidas en talleres gallegos muy conocidos, como el de O Marreco, en Ponteareas; Basilio Carril y su padre; o el taller Riobó, uno de los más antiguos de Galicia, junto a instrumentos procedentes de otros talleres menos conocidos de lugares como Láncara o Ferrol. Esto nos habla también de circulación de instrumentos, constructores y modelos más allá de los límites que hoy utilizamos para definir determinadas tradiciones.

Y si miramos los instrumentos utilizados actualmente en la comarca y en otros puntos de la provincia, encontramos también modelos contemporáneos. Por un lado están las denominadas gaitas marciales. Por otro, uno de los modelos más extendidos actualmente es el formado por punteiro, roncón y ronqueta, con esta última situada en el lado interior del fol. Es una configuración muy reconocible hoy, pero que no se corresponde con ningún modelo antiguo o tradicional documentado hasta el momento.

Todo esto hace difícil hablar de «la gaita» como si hubiese existido siempre un único modelo perfectamente definido.

Y ni siquiera el nombre del instrumento es uniforme. Una misma gran familia de instrumentos recibe distintas denominaciones según el territorio y la tradición: gaita, gaita de fol, gaita de foles, gaita de boto en Aragón, sac de gemecs en Catalunya o xeremies en Mallorca, entre otras.

Del mismo modo, la palabra gaita tampoco designa siempre este instrumento. En distintos lugares de la Península se ha utilizado —y se utiliza— para denominar otros aerófonos. Por eso, cuando encontramos históricamente una referencia a una «gaita» o a un «gaitero», el nombre por sí solo no siempre nos permite saber qué instrumento estaba sonando.



lunes, 31 de agosto de 2026

Curso 2026-27 Empezamos

Quizá nos conoces por las Gotas de Tradición, por Días de Rodillas Peladas, por alguna actuación, algún taller, alguna croniqueta… o quizá acabas de llegar por aquí.

Pero hay una parte importante de nuestro trabajo que a veces enseñamos menos: enseñar.

Tocar Bajo Teito somos Denise Silva y Diego Bello. Estamos en el Bierzo y otros puntos cercanos y nos dedicamos, entre otras cosas, a enseñar música y baile tradicional.

Y decimos enseñar, aunque seguramente la palabra se quede un poco corta.

Porque aprender a tocar, cantar o bailar no consiste solamente en acumular canciones, pasos o recursos técnicos. Detrás de cada repertorio hay personas, lugares, maneras de hacer y formas de entender la música. Y creemos que conocer todo eso también forma parte del aprendizaje.


Amasar

Este curso hemos elegido una imagen para acompañarnos: unas manos amasando.

No es casual.

La tradición también se trabaja. Se toca, se canta, se baila, se escucha y se comparte. Se aprende de quienes estuvieron antes y cambia en las manos de quienes la practican ahora.

Como una masa, necesita tiempo. Hay que trabajarla, dejarla crecer y, sobre todo, mimarla.

Y eso es, en buena medida, lo que intentamos hacer en nuestras clases.

No buscamos únicamente que alguien aprenda una melodía, un acompañamiento o unos pasos. Queremos proporcionar herramientas para que pueda entender lo que está haciendo, hacerlo suyo y, con el tiempo, encontrar su propia manera de tocar, cantar o bailar.


Un nuevo curso

Durante septiembre y octubre iremos comenzando las actividades del curso 2026/27 en distintos lugares.

Hay espacio para quien se acerca por primera vez a un instrumento o al baile y para quien lleva años practicando y quiere seguir aprendiendo. Para niños y para adultos. Para quien quiere tocar individualmente, para quien quiere cantar o bailar y también para quien quiere compartir música formando parte de una agrupación.

No hace falta llegar sabiendo.

Tampoco hace falta tener claro hasta dónde quieres llegar.

A veces basta con tener curiosidad y empezar.

Durante las próximas semanas iremos contando aquí y en nuestras redes dónde estamos, qué enseñamos, para qué edades y niveles y de qué maneras puedes participar.

Y si no quieres esperar a que publiquemos toda esa información, puedes preguntarnos directamente. Sin compromiso.

Empieza septiembre y empezamos a amasar un nuevo curso.


Tocar Bajo Teito · Curso 2026/27

Toca. Canta. Baila.




Croniqueta #15 (2026) – Denise y Bea en concierto en el Festival Villar de los Mundos

 Ayer domingo actuamos en un espacio recién inaugurado por la Asociación Bierzo Vivo para clausurar los conciertos de tres días de festival cargados de actividades para todos los gustos y públicos. El tiempo acompañaba y lo tuvimos todo de cara.


La verdad es que el patio es impresionante y el espacio elegido para tocar es único. Bajo un árbol de esos en los que nos fijamos cuando vamos por los pueblos, porque cada vez quedan menos, porque da buenas castañuelas y porque nos encanta teñirnos las manos comiendo sus frutos. Aquí decimos morera y los amigos de A Morteira le dedicaron hace unos años un libro precioso a estos árboles tan singulares.
Ojo, que no quita que, aunque ya en estas fechas se estén acabando, te caiga una mora en la silla, te sientes sobre ella y dentro de unos días andes buscando si aquello se da quitado con una mora verde, leche, limón o yo qué sé qué. La tradición oral, como los buenos vendedores, tiene respuestas para todo. Otra cosa es que siempre sirvan para algo.

Lo bonito de estos espacios tan acogedores no es solo que tengan una acústica estupenda, sino que se generan sinergias con el público que escucha atento. Aunque haya barra, se viene a escuchar —a veces también a bailar— y eso fue lo que pasó ayer. Estuvimos cómodas, sonó bonito y, aunque siempre haya algún percance y los efectos del aire acondicionado den la cara en el peor momento, no faltó de nada.

Y no nos alargamos más porque tenía que comenzar la Romería. Una Romería diferente porque los romeros ya no van a Roma, pero sí hay un desplazamiento devocional a un lugar sagrado. Esta vez, como excepción, no una ermita o una iglesia —que será por Templos en los Barrios—, sino el Soto, el bosque. Un lugar al que hay que mantener y cuidar.

Nosotras empezamos el concierto detrás de las bonitas palabras de Fernando Íñiguez, un speech en el que nos sentimos identificadas y halagadas. Ya no solo por tocar en este festival, por hacerlo en un cartel tan femenino y tan distinguido, sino porque nos encanta llevar a estos espacios lo de aquí, lo que mejor conocemos, y contarlo. Explicarlo para los que no conocen y para los que, cuando nos escuchan, recuerdan.
Y hubo una bonita coincidencia. Hace unos años Fernando hizo sonar y presentó en Tarataña el tema que grabamos en el disco Tocando Bajo Teito. Ayer nos presentó en directo.

No era para ponerse camisas floreadas de festival, pero sí para llevar nuestra mejor versión a algunas caras amigas y también a los que nos conocieron ayer. La verdad es que quedamos contentas.

Porque al final Denise y Bea son dos, pero entre la parte técnica y alguna pequeña colaboración acabamos siendo tres. Aunque, como aquellos gaiteiros de Trives, valemos por trinta ou ainda máis. Que no iban a saber solo de multiplicaciones los de la tierra de la bica o los de Quilous, que valen por dous.
Y digo valer porque también hubo músicos con fama de multiplicar: de comer por dos, beber por tres, presupuestar por encima de la Panorama, pedir que en camerinos haya M&M's de todos los colores pero ni uno marrón —no vamos a señalar a Van Halen— o hacer caer 10.000 plátanos sobre el público, que tampoco vamos a señalar a Elton John. Ya dicen que ante el vicio de pedir está la virtud de no dar. A nosotras nos gustan las delicatessen, pero no nos vamos a poner más excéntricas a estas alturas.

Pero esto iba del concierto y de Villar de los Mundos, que ya creció, que esta ha sido la decimocuarta edición y ha pasado de ser de los Barrios a ser de los Mundos.
Y quizá crecer tenga algo que ver con todo esto. El cartel ya anunciaba algo: una silueta que crece a partir de sus raíces. No está nada mal traído.

Pero volviendo a ayer, hubo otra bonita coincidencia, o igual esta ya no lo era tanto. Todas las mujeres que subimos al escenario durante este fin de semana haciendo músicas que parten de nuestras raíces, con ese peso femenino difícil de negar, acabamos cantando una nana.
Nosotras la trajimos de cerca, de Campo. No preguntamos si hay linde con el pueblo vecino, que tampoco era cuestión de abrir otro frente, pero allí la dejamos, haciendo el silencio en el patio para esa voz tierna con la que se canta a los más pequeños.
Y para cantar nanas tampoco hace falta ser madre. En realidad llega con tener un pequeño en brazos. Y a veces ni eso. Si te cantaron cuando eras bebé, si viste cantar a tus hermanos, a tus primos o incluso a los niños de los vecinos, es mucho más fácil que hayas aprendido, sin que nadie tuviera que enseñártelo, que a los pequeños se les canta. Aunque no dejen de llorar, tengan cólicos o lleves días sin dormir, una teta fuera sin darte cuenta y media hora pensando que igual aquello de la planificación familiar tampoco era tan mala idea.
Nosotras, después de sesudos estudios científicos, prestigiosos y empíricos, abogamos por cantar. Incluso antes de que nazcan. Y además hacer algo así es tan sencillo que no necesitamos inventarnos un gran proyecto de recuperación, tres asociaciones y un congreso.
En nuestro caso, el experimento no ha ido tan mal. Y si algo hemos sembrado, los nuestros también cantarán a los suyos cuando llegue el momento.

Porque quizá mantener algunas costumbres tenga bastante de eso. Verlas hacer, hacerlas y dejar que otros las vean. No todo tiempo pasado fue mejor, pero eso no significa que haya que olvidarlo o hacer como que no existió. Hay que saber de dónde venimos, de dónde salen las cosas y dar a cada una de las partes que nos han hecho llegar hasta aquí su mérito.
Da gusto poner nombre y contexto a lo que tocamos y, especialmente, a las mujeres de las que lo aprendimos. No necesitamos hacer nuestro lo que ya tiene nombre, lugar y memoria para poder seguir tocándolo y cantándolo.
La apropiación la dejamos para las viejas glorias folclóricas, los Sanfermines o incluso las Ferias de Abril. Que últimamente no necesitamos irnos demasiado lejos para encontrar unos y otras. Quién sabe, lo mismo acabamos recuperando en el Bierzo el Carnaval de Río. Aunque luego digamos Río Sil y ya lo tenemos redondo.
Nosotras seguiremos a lo nuestro, o intentándolo. Que no es poco.

Y quizá por eso ahora le damos otra vuelta a la imagen del cartel. A esa mujer que hunde los pies en sus raíces y, desde ellas, crece. Porque saber de dónde venimos y dónde estamos no tiene por qué fijarnos ni encorsetarnos. Al contrario, puede darnos más libertad para movernos desde la conciencia y decidir hacia dónde queremos ir. Tener raíces no significa quedarse plantadas.

Porque una pelleja, unas chapas y un arillo de madera dan para mucho. Para templar las voces y sacarles muchos más sones de los que la mayoría imagina. Carolina Geijo, de la que hablamos durante el concierto, cantaba:

Este pandero que toco
tiene veinticinco sones,
cada sonaja un suspiro,
en el medio un ramo de flores.

Y una pandereta tiene más de veinticinco sones. Están los de quienes la tocaron, los de quienes nos enseñaron, los que ponemos nosotras y los que, si algo hemos sembrado, pondrán los que vengan detrás.

Y tú, que has llegado leyendo hasta aquí, ya habrás entendido que en realidad todo este texto era para decir que ayer tocamos y salió bien.
Pero a veces escribir es como el ramo de flores de la copla. No dice mucho, pero hace bonito y con él queda la rima redonda.










domingo, 30 de agosto de 2026

Entrecroniqueta #17 (2026) - Villaveza de Valverde / Los Pamplinas trío Gaiteiros de Oficio

 Los Pamplinas tocamos dentro de nuestra zona de confort cuando vamos a un pueblo que conocemos, cuando sabemos cómo funciona, cuando tocamos cerca. Pero no nos gusta decir que no.

A veces nos llaman de lejos y respondemos que sí, aunque no sepamos si allí funcionará igual lo que hacemos. Porque sabemos lo que hacemos y sabemos hacerlo, pero también sabemos que se entiende mejor allí donde es costumbre.

Ricardo Portela distinguía dos tipos de gaiteiros: los que tocan lo que saben y los que saben lo que tocan. Es una frase conocida y, aunque suele llevar otro sentido, a nosotros, con este enfoque, también nos sirve bien.
Y aunque Portela fuera de Pontevedra, enténdeselle ben. No todo va a ser tocar en el Bierzo repertorio de aquella zona de Pontevedra. Alguna cosa buena más habrá que importar.

Porque, como sigamos sustituyendo los repertorios tradicionales por esos otros más conocidos de la gaita gallega, no sabemos si habrá que declararlos especie invasora o si acabarán convirtiéndose en endémicos. Tocados en un estilo bien globalizado, eso sí.
Al final va a ser tan de aquí y tan de gaita la Jota de San Roque como O Pasodobre de San Roque que tocaban Os Morenos de Lavadores al entrar en la romería de As Neves y que grabaron los propios Irmáns Portela o Milladoiro.
Ya verás el día que los gaiteros descubran el repertorio de gaitilla segoviana —dulzaina para los modernos—. Va a ser más revolución entre gaitistas la Entradilla Segoviana de Agapito Marazuela que el Dai Dai de Shakira.
Ya lo fue el día que los chifleros bercianos descubrieron que se pueden tocar las canciones gallegas de gaita con la chifla y el tamboril —flauta y tambor para los que saben cómo se llama—.

Que me enredo.
Total, que en Villaveza de Valverde nos llamaron al trío y fuimos pensando que íbamos a resultar un poco exóticos. Creo que no lo fuimos tanto. Pero claro, tocamos lo que nos pidieron. Hasta La Morocha.
Porque, aunque todo el mundo nos preguntaba de dónde éramos, el aire de la gaita tampoco debía de resultarles completamente extraño. Un paisano nos contó que en este pueblo también hubo fole.
Fole le dicen en Zamora. Y, aunque hoy pueda resultar menos conocido, también se le llamó así en algunas zonas de la montaña leonesa. Porque, aunque la gaita no fuese habitual en todos los pueblos, algún gaitero también había.
Así que tan lejos de casa tampoco estábamos. En Zamora se nota que también adoban con pimentón.

A veces sabemos lo que es una cosa, pero ya no sabemos llamarla bien.
Y quizá nos cuesta tener esa humildad de preguntar, de no sentir vergüenza ni complejo por decir las cosas como las decían quienes estuvieron antes que nosotros.
Que algo se dijera de una determinada manera no lo hace mejor. El pasado no es mejor por norma; eso es nostalgia y, a veces, nostalgia mal entendida.
Pero, aunque no sea mejor, sí es nuestra.
Y eso sí es importante.

Nos gusta ese equilibrio entre tocar donde lo que hacemos todavía es costumbre, llevar lo nuestro a sitios donde ya no es tan habitual y, por el camino, seguir aprendiendo.
Porque necesitamos seguir haciendo experimentos con gaseosa para nuestros estudios científicos.

Por eso fue bonito estar el otro día en Zamora.
Fuimos delante del Santísimo en procesión hasta hacerle pasillo a la entrada, tocamos en la comunión lo que se debía y, a la salida, el baile vermú fue potente. La gente se animaba, bailaba, lo disfrutaba y hasta se corrió la voz: vinieron desde Santa Cristina de la Polvorosa a vernos.

No sabemos qué les contaron, pero vinieron.
A veces, cuando vas a un sitio nuevo, no sabes cómo saldrá.
Pero cuando vamos los tres, la zona de confort viene con nosotros. Sabemos cómo y qué hay que hacer.
El resto es dejarse llevar.

Seguro que no es la última vez que venimos por estas tierras.






viernes, 28 de agosto de 2026

🩹 Días de rodillas peladas – Jugar en la Calle

Corro, comba, merienda y escondite


1 El Corro


Esta es la última escena de Días de rodillas peladas y la hemos partido en varios momentos. El primero el corro, luego la merienda, jugar en la calle y para terminar el escondite. A este pequeño resumen también le acompañaba este texto como locución y algunas imagenes. Esperamos que os guste y estamos ya pensando en el siguiente espectaculo, porque este lo disfrutamos un montón.


Las tardes de los niños tenían su propio ritmo, marcado por el sol, las campanas y la imaginación. Al salir de la escuela, las calles, la plaza o cualquier rincón se convertían en el mejor parque de juegos: la comba girando sin parar, los corros cantando al compás, las canicas chocando en el suelo y las chapas rodando entre risas y competición.

Después de tanto correr y jugar, llegaba la esperada merienda, sencilla pero deliciosa, compartida entre amigos como si fuera un gran banquete. Y para decidirlo todo —quién empezaba, quién se la quedaba o quién ganaba— no faltaba nunca “echar a suertes”, ese pequeño ritual que podía cambiar el destino de una partida en un segundo.

Eran tardes de calle, de amistad y de ingenio, donde la diversión no se compraba… se inventaba cada día.






2 La merienda






3 Jugar en la calle




4 Despedida y escondite