lunes, 29 de junio de 2026

Croniquetas de un músico #5 (2026) – Montes de Valdueza / Los Pamplinas, Gaiteiros de Oficio

Después de salir de Fontedoliva cruzamos media comarca por esa herida abierta que nos atraviesa, que es la A-6 y que deja aislados a todos los pueblos que no están cerca, para coger a nuestro saxofonista más mudo, Dani Parrone, y a nuestra bombera favorita, la única que, aunque su nombre no empiece por B, le dejamos tocar en el grupo, Beatriz Boto. Le salva que nombre y apellido empiezan por la misma letra, como los nombres de los personajes del cómic de Spider-Man (Peter Parker, J. Jonah Jameson, Otto Octavius...).

Salimos de Ponferrada y empezamos a subir desde San Lorenzo hasta llegar a lo más alto de la Tebaida, esa zona de ermitaños donde, sobre el año 635, San Fructuoso de Braga fundó el Monasterio de San Pedro de Montes con la colaboración del albañil Baldario, según contaba Valerio del Bierzo, que no lo decimos ni lo negamos nosotros, que esto se cuenta. Luego sería San Genadio, a finales del siglo IX, el que comenzaría con la reconstrucción, cuya iglesia se consagró con la presencia de cuatro obispos el 24 de octubre de 919. Todo esto para decir que la presencia de aquellos cuatro obispos fue casi tan importante como la de los cuatro músicos que subimos para el San Pedro a este pueblo, que se creó alrededor de este monasterio y por eso se llamó primero San Pedro de Montes y hoy Montes de Valdueza. Que luego se nos lía la gente con los nombres y estos de Ponferrada o de Madrid, que nunca han subido tan cerca del cielo a disfrutar de la delicatessen que supone pasar un rato en un sitio tan bonito, rápido buscan excusas para no venir: que si la carretera estrecha, que si las curvas, que si la abuela fuma...

Fue Pilar la que nos llamó a tocar y se ocupó de que no nos faltara de nada. Nos enseñó la exposición de fotos que elaboraron en el local que les han rematado y nos puso a hablar de nuevo con el hijo del tamboritero Adolfo del Río, que tanto tocó para las bodas de la zona. Con los mayores volvimos a hablar de los Relámpagos de Montes, que también tocaban la gaita. Pepe era el gaitero, al que acompañaba Gregorio al clarinete, siendo Emilio, su hijo (conocido por el mote del Drogas), el que tocaba la caja. Curiosidades de la vida, Emilio tocó hace unas décadas en más de una ocasión con nuestro Parra. Algunos de los muchos músicos que hubo en este pueblo, donde dicen flauta, tambor (por mucho que alguno se empeñe en decir tamborín como los maragatos) y tamboritero (porque aficionados que tocaron la flauta hubo muchos más). Porque algo nos queda dentro a los que escuchamos más que hablamos, y mira que nos gusta hablar, ayer teníamos la lengua suelta.

Pilar también nos explicó los barrios de este pueblo, que está bien contarlo porque la mayoría de los que vienen de turistas no pasan del barrio del Hondo, donde está la iglesia y, con un poco de suerte, se acercan hasta la Cantina de Sara, donde se come bien y te atienden mejor. Lo sentimos, pero ayer no nos dio tiempo a pasar a saludar. Pero es que está el barrio de las Nogales, según subes, a la izquierda, al fondo; un poco antes, el de la Fuente; la Nogalona, donde hacen la fiesta; la Era, donde está el mirador; y un poco más abajo, la Pedrera.

A veces no se puede tener todo y, aunque la merienda bien y el ambiente mejor todavía, nos faltó Manolo y andar por las bodegas y cantar eso que le dicen las Rondas, aunque la mayoría sean más canciones de taberna que otra cosa. Aun así merece la pena el viaje por el paisaje, por el aire limpio y por los años que se rejuvenecen volviendo a ver los cubatas a cinco euros y las cervezas a menos de dos, con tan buenas vistas. Que uno está tan cerca de la urbe, de las aceras, y en un momento está rodeado de castaños, nogales, algún tilo, cerezas, guindas y hasta amapolas todavía a finales de junio.

 

Pusimos en práctica la hipótesis científica que dice que para disfrutar de esta localidad hay que dejar el coche a la entrada, subir las escaleras y pasar por delante del monasterio para entrar por la senda hasta las primeras casas. No preocuparse, que hay farolas si se hace de noche, pero es la única manera de poder ver luciérnagas en un veirón. Que aunque vayas cargado con los cheles, con los instrumentos, puedes subir la cuesta despacio y no perder del todo el aliento. Cuando atravieses el portalón encontrarás un paraíso lleno de buenas gentes que, si sabes llegar con humildad y disposición, te harán sacar más de una sonrisa y compartir un buen rato. Porque si sabes ir por los sitios con la sonrisa en la boca y el corazón abierto, los sitios te devuelven la sonrisa y te dejan el corazón más lleno.

 

No podemos contarlo todo... porque se nos alarga la croniqueta y porque no todo se puede contar. Si no, se sabría que a nuestras chicas las piropeó hasta uno que pasaba en moto o que, aunque no tengamos la certeza, pero tampoco dudas, casi nos contrata para ir a Valdefrancos; uno que, si pilla al que llevaba la camiseta del grupo de música satánica Corpus Christi, lo desmonta bailando agarrado. Y hasta aquí podemos leer, que el resto se queda para los que nos vienen a ver en directo o nos llaman para su fiesta, incluso para la siguiente croniqueta, que aún nos quedan actuaciones de sobra en el verano. Que si no es verdad todo lo que acabo de contar y que aún nos queda solo alguna fecha libre, no vuelva a hablar el saxofonista en un concierto y que se quede cojo el que escribe, o mejor aún, que lo desmienta quien sepa más y sepa hacerlo mejor.

 

Los que habéis llegado hasta aquí ya sabéis un poco mejor cómo entendemos este oficio. Detrás de un simple «gracias por habernos llamado» hay una forma de hacer, de escuchar y de intentar devolver siempre un poco más de lo que recibimos.













domingo, 28 de junio de 2026

Croniquetas de un músico #4 (2026) – Fontedoliva / Los Pamplinas dúo

Estes días non quitabámos da cabeza o lume e o fume que vemos ao noso redor. Na sorte que tivemos coma gaiteiros de non perder aínda unha festa por mor desta praga que asoláganos. E o tivemos dende que saímos de casa vendo a un lado do camín como ía o que comezou en Cobrana, ata chegar a Fontedoliva (aínda que se escriba Fuente de Oliva leése así). Segundo baixamos do coche, pasa xusto por riba de nós os helicóteros que intentaban apagar o que comezou cun raio en Ransinde cargando na balsa que fixeran enriba do pobo. E o tivemos presente, non porque o son das aspas acompañáronnos pola mañá e pola tarde, nin porque cando rematábamos unha canción e a xente aplaudía non sabiamos se era por nós ou polos pilotos… Hai que ser de pedra para non chorar cada vez que arde a natureza. E este non é o único patrimonio que perdemos, non importa que a perda do inmaterial non faga fume. Pero nos vimos por outra cousa.

 

Se temos que comezar contando esta festa de San Pedro, teremos que facelo falando do camiño, que non estrada. Porque Fernando, que foi quen chamounos, recomendounos ir por Pedrafita, entrar en Lugo para voltar ao Bierzo cara Castiñeiras. Ao chegar a Pedrafita hai que coller por onde pon Os Ancares (que non son Os Ancares realmente, pero esa é outra guerra). Xa sabes que se entras en Lugo non fai falta chegar á néboa das Nogais para perder o sol, pero non pasa nada, logo volves ao Bierzo. Ata o Portelo o firme é bo, máis ou menos desbrozado ao redor. Nótase que entramos por arriba: nin cartel de cambio de provincia, nin de Castiñeiras a este lado, nin sinal de Fontedoliva ata chegar a un cartel a pouco máis de dous quilómetros que indica a poboación. Por se acaso, non poñen canto falta. Méteste polo carreiro que, coma outras estradas, parece dun carril, xa que non hai liña do medio, pero si, a modo de longo bigote, un pouco de herba polo medio das rodadas dos coches.

 

Chegar alí é un espectáculo de paisaxe. Estamos no Ayuntamiento de Balboa, que ten dezasete poblacións. É grande por iso entre os dalí distinguen esta zona que é o Real. O Real está formado por Fontedoliva, O Portelo, Castañeiras, Villanova, Villarmarín, Valverde e Paraxís. Isto non o atoparedes noutro sitio en interné, só navegando con nós.

E ademais, Fontedoliva non ten igrexa nin ermida. Van á misa cos de Castañeiras a Villanova, que si ten ermita e os tres celebran o San Pedro. Xa que só había dúas parroquias: a de Villafeile e a de Balboa. De feito, houbo misa en Villanova, pero a nós chamáronnos para dar ambiente na comida e facer a sobremesa da paellada que prepararon para os veciños. E así o fixemos. Aínda que despois de comer, ademais de tocar e tocar todas as que nos pediron, cantamos. Sentimos cantar a Pepe, que é d'eiquí, con outro veciño de Xestoso que tamén tocou a gaita no seu tempo. Porque o Real ten moita relación cos pobos do lado de Lugo. E nesta zona de Lugo, como fóra do Real, no resto do Ayuntamiento de Balboa había moitos gaiteiros. Só había que falar un pouco e, de repente, tiñas en fronte familia dalgún deles como o Marelo de Xestoso, ou un primo de Marcial de Riamonte, que tocaba a pandeireta.

 

E entre risas e algo de beber escoitamos historias de gaiteiros, de pandareta (como non ía a saír o nome da Troba), de lobos e cans cos dentes regañados, de como era o entroido ou do que se facía no ano vello. Tocamos para que cantaran ao pé da gaita e fixémolo ao noso modo, o modo de respectar o de cada lugar.

Igual a bobada mais mentireira que contou Pepe (e dixo moitas) foi esa de que a fonte que está na aira onde comemos chámaselle a Fonte de Oliva, xa que a que está xusto enriba é a del. Dicía que Oliva era a dona da fonte, que resulta que non era moi agraciada e que cobraba por deixar beber dela un pequeno prezo: pasar a noite con ela. Aínda que o que si se dicía era que esta auga era moi boa, pero para arrefriar o viño. E digo que é verdade. Despois de meter os pés, nunca se viu un gaiteiro tan fresco tocando.

E resulta que esa fonte está ao lado de onde subían o palco da orquestra e, entre unha e outra copla, lembraron aquela vez que querían pelexar por coller o micrófono para cantar, pero que non pasou porque o problema chegou cando intentaron subir as escaleiras. Hoxe non quedan máis de seis casas, aínda que houbo máis. Cambiaron os tempos. Agora non fai falta ir en besta a Balboa por suministros e pasar tres días de farra antes de voltar. Parecerá pouco, pero só co que escoitamos hoxe sabemos que hai máis que para escribir un libro. Seguimos confiando nesa máxima que os nosos estudos científicos demostran: nós pasamos polos sitios, pero tamén os sitios pasan por nós.

 

Despois de despedirnos con aplausos deixáronnos de recado de poñer unha boa reseña a Fontedoliva para que non veña ninguén a molestar. E nós somos mandados, tanto que, se nos dan oportunidade para o ano, volvemos. Nós hoxe subimos pensando conquistar este pobo, que hai uns anos quería separarse porque non tiña estrada. Anos despois, non se separaron, tampouco mellorou o camiño e foron eles os que nos conquistaron a nós.

 

Que lle imos facer, por ratos así, por este oficio tan bonito, paga a pena seguir facendo kilómetros, soprar, bater nos coiros e encher os miolos de saberes e o corazón de ledicia.

 

PD: o de que esta croniqueta teña todo o senso en galego, só se pode explicar escoitando e deixando falar nesta parte do Bierzo. O porqué chamarlle galego e que esta lingua é algo noso, explícao moito millor ca min, Paco Macías.













lunes, 22 de junio de 2026

Croniquetas de un músico #3 (2026) – San Antolín de Ibias / Los Pamplinas en Concierto

Los Pamplinas pusimos rumbo a San Antolín de Ibias no sin antes tener que hacer a nuestro saxofonista una demostración de por qué le salía en el Google Maps que desde Ponferrada a esta localidad hay poco más de cien kilómetros y que se tarda en llegar dos horas. Nosotros (Denise y yo habíamos estado ya en octubre la última vez) y Dani, nuestro compañero de tres cuartos de ambiente (medio ambiente para él le es poco), había estado desbrozando este invierno también varios sotos. El único que no conocía era Parra y eso que, para más señas, es el único asturiano de los cuatro de nacimiento. Aunque se rumorea que nuestro técnico Alex también desciende una parte de este pueblo.

 

Y es que para salir del Bierzo primero hay que pasar por Toreno, donde verás Alinos. Eso si has comido, porque quieres unos chipironezzz, siempre puedes parar cruzando las vías en el Salomé. que hay pocos que, no siendo de la zona, lo conocen, Alinos es todo un barrio y la cinta que pasa por encima de la carretera cualquier día se romperá y dará un disgusto, pero esta ruta es todo un desafío para un apasionado del mantenimiento. De ahí, pasas a Matarrosa, que tienen pique siempre con Toreno. De ahí a Santa Cruz del Sil dejando a la izquierda ese gigante abandonado que es la Recuelga. De ahí verás el Escobio, que aunque parezca que no, entodavía está vivo y hasta hace poco había negocios y todo. Luego ya antes de llegar a Paramo del Sil (que el Bierzo creció mucho con el consejo comarcal y llega hasta ahí), te desvías a la izquierda para coger dirección Anllares. Porque si sigues irás por Villavelino y la vuelta es considerable. Tú, dirección Anllares, que si aun tienes hambre te acercas hasta el pueblo, que aunque ya no está la térmica, puedes comer un cabrito riquísimo en el Mesón el Conde. Sino, vas más hacia el Santuario de las Nieves, que es importante y coges la pista, llamémosle carretera que lleva a Valdeprado. Que no es estrecha, que no, como esas en que la raya del medio hay que andar por cima della como en el excalextrix. Esta, tá sin pintar y con unos socavones que la última vez que habíamos pasado la broma fue que dejamos una rueda allí.  Dejas Valdeprado a un lado, no hace falta que te metas y sigues. Cuando entres a Asturias, se nota. Pone que están en proceso de adecuación de la pista, no sé cuántos años tardan en adecuarse, pero ahí van. Ahora hasta llegar al cruce de Cerredo que se dice Zarreu, está pintada y la cosa cambia para mejor. Casualidad o no, la Junta de Castilla y León no arregla la carretera porque entonces tendría que poner también cobertura o al menos como los hay yendo hasta Teixeira y Vilar de Aceiro, cartelitos que pongan aquí hay cobertura.

A partir de ahí ya puedes conocer los pueblos por los que pasas por las pandereteras sobre todo. Pasarás por el Rebol.lar onde vivía Arcides, que era de Trabau, onde taban Cándida ia María, pasarás también al lado de Vilarmeirín onde vivía Adelaida, o Fondovila onde si non recuerdo mal también había gaiteru y lo vimos una vez en la romería de Trascastro. La lista, como los cantares aun es mas larga, pero aun no llegamos al final del trayecto. También pasas por tres altos, el de Zarreu, el de Campillo y la Campa del Alto de Tormaleo a 1037 metros de altitud con toda la escombrera alredor. Es más, según subes a esa Campa, a mano derecha verás junto al camín una tubería de riego como las que han puesto en el Bierzo Bajo, aunque intuyo que esta no trae tantos líos. Verás carteles que anuncian si hay nieve, pero en este tiempo con treinta grados que marcaba en la farmacia, va a ser que no había.

De Tormaleo para alante se acabó lo bueno, pero ya estás llegando. A cualquier pisapraos se le haría fácil llegar hasta aquí, para seguir hasta el final hay que ser algo más atrevidos. Cuando entras por este lado, sólo te queda parar a tomar algo en el primer bar, pero ojo estás en una capital de conceyu, hay más de uno y no está de más andarlos todos.

 

En San Antolín nos recibió como otras veces Juan Ramón, amable y generoso, como son aquí. Paramos al lado del Untamiento que tocamos a la puerta. En la entrada tenían libros sobre la zona y fue bonito porque conocíamos alguno como el de la Danza de Naciu ‘i Riguilón. Uno entre tanto verde y montaña se siente como en casa. No digo que no sea una barbaridad, pero hay un triángulo aquí entre Ancares, Cervantes e Ibias que tienen algo que hace que se parezcan. Es el paisaje, que dicen polavila al fiandón, que dicen ia Pandeira… Los científicos aún lo están estudiando, pero nosotros no tenemos dudas.

 

La última vez que estuvimos aquí, la iglesia no estaba apuntalada pero también se veía en todas las direcciones quemado. Como siempre contamos con un público entregado viéndonos, que nos hizo estar tan cómodos como en un ensayo. Hasta a un vecino que nos escuchaba desde la huerta sacando hierbas se movía a nuestro son y le dedicamos un tema. No van a crecer en toda la contorna unos pimientos con tanto salero.

 

La verdad es que, frente a la plaza, entre negocios cerrados y casas habitadas, había una farola que era una auténtica metáfora. Los faroles sin bombillas ya, no funcionan, solo vale el poste para sujetar en él un nuevo foco led. La farola sirve, como sirven para divertirse las músicas de antes y mantener algo de lo que fue. Aquello que divirtió a nuestros abuelos fue válido y sigue siendo válido porque aun sigue sirviendo para entretenernos, sigue siendo útil, aunque con el tiempo algo vaya cambiando.

 

Que yo sólo quería explicarle a Parra como se meten dos horas en cien kilómetros, pero se me escapa a contar algunas cosas que pueden pasar en una mañana por la cabeza de unos músecos de fortuna. Aún tengo que dicir eso de que si usted tiene algún problema y nos llama quizás pueda contratarnos. Y lo de que si todo lo que he contado no es verdad, que lo desmienta otro que haiga mejor o se quede cojo el que escribe.

 














martes, 16 de junio de 2026

Últma oportunidad para ver “Días de rodillas peladas” este domingo en Tremor de Arriba

El Salón de Actos de la Casa de la Cultura de Tremor de Arriba acogerá este domingo 21 de junio, a las 19:30 horas, la tercera y última representación de “Días de rodillas peladas”, un espectáculo de música y baile tradicional inspirado en la infancia de nuestros padres y abuelos. La entrada será libre y gratuita hasta completar aforo.

Tras su paso por Bembibre y Vega de Espinareda, la propuesta llega a Tremor de Arriba para cerrar un recorrido que ha reunido sobre el escenario a la Asociación dos Barrios de Bembibre, el Grupo de Pandereta de Vega de Espinareda, el Grupo Recuencano de Tremor de Arriba y el aula de música y baile tradicional de Lillo del Bierzo, bajo la dirección de Denise Silva.

Con más de veinticinco participantes, el espectáculo recupera recuerdos, canciones y formas de jugar que acompañaron la niñez de varias generaciones. Juegos de corro, retahílas, nanas, canciones infantiles y otros elementos de la tradición oral se entrelazan con la música, el baile y pequeños momentos teatrales para construir una mirada cercana y emotiva a una época que forma parte de nuestra memoria colectiva.

“Días de rodillas peladas” es también una muestra del trabajo desarrollado durante el curso por los distintos grupos participantes y una apuesta por mantener vivo el patrimonio cultural inmaterial, acercándolo al público desde una propuesta dinámica, participativa y apta para todas las edades.

La representación de este domingo pondrá el broche final a un proyecto que ha permitido compartir escenario a músicos, bailadores y pandereteras de diferentes localidades bercianas, demostrando una vez más la capacidad de la cultura tradicional para reunir generaciones y seguir emocionando al público de hoy.








lunes, 15 de junio de 2026

Croniquetas de un músico #2 (2026) – Compludo, Octava del Corpus / Tamboritero

Compludo es un pueblo de los que nos encanta ir, ya no solo por los Acebo, sino porque es de esos sitios bonitos que hay que conocer en el Bierzo, y no solo la Herrería. Hay que pasar a comer una tortilla en el Mesón de Candy igual que ir al Bodegón a por unas bravas. Parece que bercianos sólo son los que beben godello o Mencía, van al Toralín y comen patatas tas, aceitunas lupy y botillo. Pero resulta que desconocen estas sutilezas y nuestros mejores rincones.

Hoy volvía a tocar aquí con responsabilidad. Que equivocarse antes de empezar la primera canción tiene bastante mérito.  Pero digo responsabilidad también, porque el tamboritero que últimamente subía a tocar, además de amigo sincero y mejor persona, es Edilberto, que es el que más vale para la fiesta (y para muchas más cosas, pero no queremos que se le suba a la cabeza a Philip Morris). Aun así, venía con mucha ilusión, con ganas de repetir alguna de las fotos que conocemos de las fiestas y de algunas de las que Diego Acebo  nos pasó, el tocayo que no toca porque no quiere (se gusta demasiado haciéndose de rogar). Lo de que y porque tiene una mano medio bizca, eso ya es otra historia. Entre algunas de las que nos enseñó y que están consiguiendo recopilar, están las de 1964, cuando se inauguró el Monumento con dos tamboriteros. Y es que llegué con tanta ilusión, que no podía esperar a misa y, al bajar del coche, arranqué a tocar la alborada (digo alborada, ya que a media mañana alborada ya sólo es el nombre de la canción, aunque alguno la mete en la procesión, tampoco eso le cambia el nombre). Y la toqué aunque no fuera eso para lo que me habían contratado. Tocar no es firmar una hipoteca, aunque también hay que saber redactar bien los contratos. No llegué hasta la Peñal, que ya me pararon antes, porque Compludo no tiene barrios pero si que dicen subir a la Peñal cuando van a las casas más altas donde estaba la escuela.

Y para ello tocaba estrenar camisa. Este año he dejado las calaveras, los patitos… Habrá que hacer caso a los amigos (total no estaba tocando en un festival indie, esta vez) y salir a tocar sintiéndose guapo, vestido (que no disfrazado) de músico, de bonito; que se note que es un día especial y que la ocasión lo merece. Pero afinando más entre la fiesta, la broma y lo serio. Y el Corpus Christi y la Octava lo merecen. Lo llevan siendo desde que el papa Urbano IV la instauró el 11 de agosto de 1264, y aquí lo es desde finales del siglo XIII e inicios del siguiente. No en vano es uno de los tres días en el año que relumbran más que el sol. Casualidad o no, ahí lo dejo. Si dicen, que digan. La Forma tiene que salir una vez al año de la Iglesia, bajo palio (eso que ahora llaman toldo o pérgola), pero el que va a la sombra es el cura, que para eso la lleva cogida entre las manos dentro de la Custodia pero sin tocarla con las manos, cogida con el velo humeral. Y para los que no saben de qué va este detalle, lo podemos explicar con calma (para eso, venirse a una clase). Esta vez volvía a tocar hacerlo como corresponde, el alzar, la comunión y la procesión: con cada son para cada momento, en su sitio, bien colocado, sin aditamentos ni artificios, más que el oficio bien hecho. Quizá un grupo necesite un tamboritero, no digo que no, pero un tamboriTero de verdad no necesita un grupo para hacer lo que debe hacer. Parafraseando a Don Guti, que hablaba en boca de Don Julio Prada, aquí, hasta no hace demasiado (si es que alguna vez ha dejado de serlo): las bandas son de asaltadores y cuatreros.

En Compludo hemos probado los dulces, comido bien, tomado algo en la Chapacuña con el Ermitaño y tocado en muchas ocasiones, acompañado al pendón con Tomás en Ponferrada… Hemos escuchado a Manolín el Herrero tocar las campanas, visto el Ramo que aún conservan en la Iglesia. Hemos pasado ratos muy buenos, la verdad. Tanto, que no dejo de pensar en el estudio científico -del que todavía no tengo pruebas, pero tampoco dudas- que avala que las fiestas de un pueblo se miden por lo que te convidan a tomar en las puertas. Los de la ciudad, en vez de poner un vaso de vino o una copa de aguardiente en la parva, que sigan poniendo carteles por las paredes. Cada uno presume de lo que tiene.

Sigue siendo bonito venir a un pueblo con la piedra de los bolos sin estar cubierta ni rodeada de hormigón o asfalto, en el que se puede beber en las fuentes y siempre hay momento para una conversación agradable después de los salmos. Escuchar cómo aquí se sigue diciendo tamboritero, tambor…, sin tener que dulcificar ni edulcorar innecesariamente las palabras que nos definen, que hacen que seamos quienes somos. Porque lo bonito de un pueblo es que todo el mundo sabe quién eres aunque lo incómodo de un pueblo sea precisamente que todo el mundo sabe quién eres.

Que cada uno saque sus conclusiones sobre cómo hay gente que pasa por los sitios sin que los sitios pasen por ellos, sin quedar impregnados de la gente, del paisaje, de los olores y de las emociones (qué le vamos a hacer; hay quien parece muerto por dentro).

Al final yo solo soy uno (a veces no muy bueno), un músico que nació en 1984, fue embaucado durante un tiempo por los coros y danzas más folclóricos, sin haber cometido ningún delito. No tardé en fugarme de esa prisión en la que me encontraba recluido. Hoy, todavía no bien visto por ese compendio de naftalina y malas artes, sobrevivo como músico de oficio y docente de fortuna.

Si usted tiene algún problema y nos escribe o llama, quizá pueda contratarnos…

Que si no es verdad que todo esto y mucho más (no se puede contar todo) pasó en una sola mañana, que lo desmienta otro que haiga mejor o que se quede cojo el que está escribiendo.











domingo, 14 de junio de 2026

Croniquetas de un músico #1 (2026) – Albares de la Ribera, San Antonio / Tamboriteros del Boeza

Hoy volvíamos a tocar de nuevo (después de la jugada del año pasado) en Albares para el San Antonio. Al llegar ya estaba Longi en la Cruz, donde ponen el Mayo, esperando, con una boina para mí (ayer no fui capaz de encontrar dónde vendieran ya una boina ni en El Barco de Valdeorras, Villafranca del Bierzo ni Ponferrada, incrible, Federico cerrando y ya no trae, pero me niego a comprarla por Amazon, sólo faltaba, ya coincidirá en Astorga o habrá que aprovechar en León que aún quedan dos sombrererías). Al poco llegaron Chema y Ana, así que de nuevo éramos cuatro, casi tantos como la orquesta sinfónica de Quilós.

Desde allí arrancamos el pasacalles (no podemos decir alborada después de las diez de la mañana). Cogimos por la calle de los Balines hacia la Huerta Grande, intentando andar todos los barrios que pudimos antes de la misa, que en Albares son unos cuantos: de la Iglesia, el Sardón, Nuestra Señora, el Botillo, la Corredera, el Bosque, la Ermita… Pasamos por la plaza en la que estaba el negrillo, por la puerta del salón de baile… No nos dio tiempo a andarlo todo, pero le dimos una vuelta, parando a hacer una foto a la pintada de la puerta de la huerta de Chao. Es una barbaridad ver el vergel que es este pueblo: las cerezas en su punto, las brevas a reventar, las moras blancas bien maduras al lado de la casa de Manolo, las parras cargadas de uvas… no pienso explicar eso de que la fruta que más sabe es la robada.

Tocaba la hora de ir a la Iglesia. Las bodegas ayer, bien (se notaba en el estudio que hice de las estrellas azules 0,0 y las aguas; en alguna cara, también), pero hoy faltaron los arcos a la puerta, entre las columnas de hormigón (qué le vamos a hacer). Últimamente ya no los ponían todos, sino uno solo y alguno más por las calles. Tampoco tocaron las campanas, y eso que hay buenos campaneros. Pero, entre los muchos encuentros de hoy, saludamos a una novia a la que le tocaremos en la boda dentro de 28 días.

Hablamos con el cura y bien. Nos dijo que en la procesión tocáramos donde quisiéramos. No podemos decir nada malo, aunque sabemos que últimamente están contentos con él. Cambió el día de la procesión larga por la corta; el año pasado les quitó las flores de las violeteras a los pies del altar que se pone en la calle; les cambió las letras de la canción de San Antonio que se canta hoy… Nosotros no decimos nada, pero se dice, se comenta… Nosotros entramos a ver las pinturas del lateral del altar, que es lo más importante que tiene este templo, y la curiosidad de ver una piedra arenisca tan roja y labrada pegada en el lateral de la fachada, que era el pie del púlpito que había dentro.

Tocamos la procesión como procede y a la salida de la iglesia. Luego, el vermú. Yo coleccioné estrellas rojas (quintos de Estrella Galicia) como las que tenía Adelino, el tamboritero de Peñalba, en el tambor. Menudo ambiente más bueno. En el Hogar del Pensionista coreaban como si fuera un partido (será que es año de Mundial): «Los de las Eras, para la carretera» y «Aquí están, estos son, los que tocan el tambor». Y, como si fuera una boda, un: «¡Que se besen, que se besen!», aunque alguien lo que decía es que me bese, que me besen.

No faltó un brindis, el que hacía Elvira, la Gallarda, que estos tamboriteros valen para todo: «Que no haiga ningún de aquel, que todo medre, salud y pan pa la cocha».

Nos llevamos la sorpresa de encontrarnos con un viejo conocido, un “compañero”. De esos músicos a los que el vecindario siempre les acaba poniendo un mote antes que un apellido. Hay quien dice que nunca llegó a tamboritero y se quedó en chiflero. Pero no somos de entrar en esas cuestiones, igual si de comentarla, que nosotros bastante tenemos con lo nuestro. Lo curioso fue que primero nos evitó, al hablarle de frente no le quedó más remedio que responder y, al despedirse, dijo que iba para el coche. Cinco minutos después volvió a pasar por delante. Resultó que el coche estaba aparcado para el otro lado. Qué le vamos a hacer. Hay quien se pierde por los caminos y hay quien se pierde antes de empezar a andar.

Se me vino entonces a la cabeza aquella canción de Pablo Carbonell y Los Toreros Muertos titulada “José Madero”. Solo que aquel policía y músico, si mal no recuerdo, parecía bastante más simpático.

Luego fuimos a la Huerta Grande y allí fue una delicia conocer en persona a Laura, una artista que estrena hoy, por la tarde, un mural de grafiti en el pueblo y que, además de ser nieta de Aníbal, el tamboritero, también le interesa la música tradicional. De allí volvimos al Hogar otra vez, nos podía la sed, pasando por encima del pasadizo que decían tenía el Obispo para pasar desde la bodega a la bodega de en frente.

Fue bonito tocar la de Viva Albares y algunas más que la gente conoce y se anima a cantar. Aunque este año hemos aumentado el radio de nuestro repertorio y, además de las de aquí cerca, tocamos algunas maragatas.

Ya he contado mucho, para haber tocado solo una mañana. Dejamos para otro día lo de hablar del cura que había en Albares, que también se llamaba Isaías y que también tenía una mancha en la cara. Queda pendiente. Que cada uno saque sus propias conclusiones, siempre hay quien pasa por los sitios sin que los sitios pasen por ellos. Si gustan, gracias por leer hasta aquí, nos queda mucho verano y mucho por contar. Creo que las próximas croniquetas van a darnos mucho juego. Esta para ser la primera de la temporada, no ha estado mal.   

Ya he contado bastante para haber tocado solo una mañana. Dejamos para otro día lo del cura que hubo en Albares, que también se llamaba Isaías y también tenía una mancha en la cara. Todo llegará.

Porque hay pueblos por los que uno pasa y otros que se quedan pegados para siempre en la piel. Quizás una sensación, una canción, una conversación, un vaso compartido o por una boina que aparece a tiempo. Qué le vamos a hacer.

Y mientras todavía quede quien entienda que en un pueblo de tamboritero las fiestas siguen necesitando un tamboritero, nosotros seguiremos empeñados en llevar el oficio de puerta en puerta. Como los burros, dicen que estamos en peligro de extinción; quizá sea verdad. Pero algunos todavía somos de los que creemos que ciertas cosas no se hacen sólo por negocio, que la convicción es necesaria y que ser obstinados (cabezones, mejor dicho) siempre ayuda.

Y si no es verdad que todo esto y más pasó en una sola mañana, que lo desmienta otro que haiga mejor o que se quede cojo el que está escribiendo.