La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.
O
gaiteiro non lle cai o palleiro.
Este
refrán nos habla de la fama que podían alcanzar algunos gaiteiros. Pero
gaiteiro no es solo el que toca la gaita. Ni siquiera el que tenía el oficio de
tocarla.
Por
extensión, aquí se llamaba gaiteiro a cualquiera de los músicos que formaban
parte de un grupo de gaiteiros, ya tocara la gaita, la caja, el bombo, el jazz
o el clarinete.
Y
eso dice mucho de la forma de entender los instrumentos tradicionales en este
entorno.
Los gaiteiros podían tocar solos, aunque no era lo más habitual. Algunos lo hacían así y otros solamente en determinadas ocasiones, como las matanzas.
Lo
normal era que la gaita se acompañara al menos de una percusión: en el Bierzo,
habitualmente una caja de latón. A esta pareja podía sumarse un bombo y, desde
finales del siglo XIX, algunos de los grupos de más renombre incorporaron
también el clarinete.
Así
encontramos formaciones de gaita y caja; gaita, caja y bombo; o gaita y
clarinete acompañados de percusión.
En
cambio, eran casi excepcionales los dúos de gaita. Solo algunas formaciones más
modernas, como Brisas del Sil, fueron incrementando el número de gaitas, antes
de la llegada de agrupaciones recientes como las bandas de gaitas, que
eclosionaron sobre todo en la década de 1990.
La
mayoría de aquellos conjuntos ni siquiera tenían nombre. Se les conocía por
algún componente destacado o, simplemente, por la localidad de la que
procedían.
Pero
algunos nombres sí han llegado hasta nosotros: O Rei do Caleyo, de Borrenes; Os
Dragontinos; los hermanos Santiago e Isidro, asentados en Soutelo; el Pego de
Oencia; o Los Relámpagos de Montes, entre muchísimos otros.
Porque
el número de intérpretes y conjuntos fue muy elevado hace apenas unas décadas,
en un mundo rural que también estaba mucho más densamente poblado.
Y
muchos de los últimos gaiteiros que hemos llegado a conocer eran además
multinstrumentistas. Tocaron clarinetes, saxos, trompetas, baterías… y algunos
terminaron incorporándose a orquestas y charangas.
No
desaparecieron de repente. También fueron transformándose con la música y con
la sociedad de su tiempo.
Creo
que con esto hemos dado alguna pincelada sobre quiénes eran —y quiénes son— los
gaiteiros.
Así
que, si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo,
escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.
Hoy
solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este
río.
Del Cuaderno de Campo
Hemos hablado de las agrupaciones más significativas en torno a la gaita en el Bierzo y zonas cercanas, pero claro que hay algunas más.
Empezamos por un gaiteiro solo. Por ejemplo, ese es el caso de Avelino de Villar de las Traviesas, que solía tocar sin más acompañamiento, aunque alguna vez en Noceda lo acompañaron con el tambor.
Los dúos son tanto con una percusión como con la voz, ya que cantar al pie de la gaita fue una costumbre y moda muy habitual. Tanto, que el denominado cantar por Asturias tuvo mucho furor y, en los tiempos en que la minería tenía gran repercusión, el “Presi” (una de las figuras conocidas de la tonada asturiana) realizó una sonada actuación en Fabero.
En cuanto a la gaita con un tambor, caja redoblante o jazz, fue muy habitual. Tenemos ejemplos en localidades que hemos documentado, como Trabazos o Corporales, en Cabrera, donde este acompañamiento se hacía con el mismo tambor de la flauta, pero con una baqueta o dos.
Hay un tercer dúo, muy exótico y poco habitual, que hemos podido registrar tanto en Maragatería como en Cabrera: el formado por un gaitero y un tamboritero. Un dúo de encaje complejo por la afinación de ambos instrumentos, pero que fue parte de la realidad musical, aunque fuera excepcional. Tenemos alguna fotografía también de este dúo en Losada y referencias en siglos anteriores a través de la iconografía.
Otra combinación, más excepcional todavía y solo en momentos de fiestas en casa, es mezclar una pandereta con la gaita, ya que eran instrumentos que no era usual que tocaran juntos por su distinto carácter: profesionalizado y no remunerado, respectivamente. Solo encontramos alguna excepción al respecto, como la de María, que tocaba la pandareta en un conjunto con sus hermanos antes de la guerra en Cateixeira/Cantejeira.
Algún dúo más tuvimos, como el de gaita y batería, que podemos ejemplificar con el formado por Manuel do Amante y José do Xastre, de Pradela, que tocaban intercambiándose los instrumentos en este formato.
En cuanto a los tríos, muy habituales eran aquellos en los que a la gaita y al jazz se les añadía un bombo. Tenemos varios ejemplos y fotos muy ilustrativas, como las que nos dejaron de Isidro de Soutelo tocando en Villafranca.
Respecto a los cuartetos, el dúo de gaita y clarinete con percusión fue, como decíamos, el más renombrado, siendo menos habitual el dúo de gaitas. Conjuntos mayores también los hubo, aunque la gaita dio rápidamente el relevo a otros instrumentos de viento que formaron las músicas, orquestas o charangas. Podemos ejemplificarlo con una época de los Jilgueros o Gutiérrez de Vilar de Aceiro/Villar de Acero, que emplearon este formato de mezclar instrumentos modernos con gaitas.
Existieron otro tipo de conjuntos diferentes por los que también pasaron algunos gaiteiros de la zona. Por un lado, por ejemplo, los grupos de gaitas, cornetas y tambores que, además de establecerse en los tres ejércitos (mar, tierra y aire) tras la Guerra Civil y pasar algunos por ellos, también tuvieron presencia en Villafranca del Bierzo, donde en el año 1974 se estableció un conjunto de estas características para tocar en Semana Santa. Con gaitas tenemos también tanto el Cuartel Militar de Astorga como la Hermandad Jesús Obrero de León, con trayectoria de décadas.
Como grupos modernos bajo una estética gallega, siempre destacamos entre los ponferradinos a los Brisas del Sil, que dieron un relevo hasta la llegada de los que se formaron desde una perspectiva más folclórica, como fue la Escola de Gaitas de Villafranca del Bierzo o las primeras Bandas de Gaitas de la comarca, hace cerca de cuatro décadas.
Desde entonces, la variedad instrumental es totalmente libre y no siempre responde a esta herencia, pero nos da también una orientación de cómo la gaita pasa a ser un instrumento más, a veces sin esa carga de tradición.

























.jpg)