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miércoles, 29 de julio de 2026

Gota de Tradición #5 (2/3) - ¿Cómo se toca la pandereta?


La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.

Quen toca a pandeireta
tamén a sabe cantar;
se non soubera cantala,
non a debía tocar.

Si el otro día vimos que no existe una única pandereta...

...hoy vamos a descubrir que tampoco existe una única manera de tocarla.

Porque aquí la pandereta casi nunca se entendió separada del canto. Tocar la pandereta era, sobre todo, cantar con ella. Mayoritariamente para hacer el baile, suelto y también agarrado y en algunos lugares para acompañar los cantos de las bodas.

Pero empecemos por el principio.

¿Cómo se sujeta?

Todas las panderetas antiguas tienen, al menos, un agujero para agarrarlas. Y según cómo la sujetemos, podremos tocar con las dos manos o con una sola.

Según nos contaban muchas de las mujeres de quienes aprendimos, tocarla con las dos manos era la forma más antigua. Pero también se toca con una sola, utilizando la mano dominante para golpear el parche.

Y a partir de ahí vuelve a aparecer la variedad.

Hay quien golpea con la mano abierta, casi palmeando. Otras personas prefieren el puño cerrado, aunque lo más habitual es colocar la mano en una posición intermedia para poder golpear alternativamente con la punta de los dedos y el pulgar. Casi exclusivamente en estas zonas moviendo la mano dominante y con la pandereta sujeta de forma estática en la otra mano.

Entre las técnicas también encontramos el redoble con el dedo corazón por el parche. Hoy solemos llamarlo rascar o riscar, pero esas no eran las denominaciones tradicionales. Algunas personas, por ejemplo, lo conocían como el resbalete.

Y una de las técnicas más espectaculares aparece casi siempre en la vuelta o estribillo de las jotas: tocar con el envés de la mano, lo que hoy conocemos popularmente como mano vuelta.

Incluso hemos llegado a documentar algún caso excepcional en el que la pandereta se toca agitándola.

Igual que no existían dos panderetas exactamente iguales... tampoco había una única forma de tocarlas.

Esa riqueza de los pequeños detalles, de conocerlos, conservarlos y transmitirlos...

...también es patrimonio.

Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.

Hoy solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.



Del Cuaderno de Campo

Seguimos ampliando, como en cada entrega, todo aquello que contamos en el vídeo. En esta ocasión hemos hablado de las técnicas principales y más extendidas en el noroeste de la provincia de León, especialmente en el territorio que hoy conocemos como el Bierzo.

Pero no son las únicas. A tocadoras como A Maña, de Villariños (Vileriños), le hemos documentado de forma excepcional algunos toques agitados, en los que la pandereta se mueve para acompañar determinados agarrados modernos.

Otro ejemplo es la forma de tocar el pasodoble en parte del antiguo Ayuntamiento de Candín, hoy Valle de Ancares, donde las tocadoras percuten alternando por el parche golpes a ritmo de corcheas.

Incluso hay tocadoras que, en este mismo entorno, además de utilizar las dos manos, mientras sujetan la pandereta por el agujero y golpean con los dedos de la izquierda, emplean con la derecha tanto los dedos como el pulgar, utilizando tres zonas distintas de percusión.

Pero si ampliamos el foco hacia otras partes de esta provincia o hacia las limítrofes, el abanico es mucho mayor. En muchos lugares la pandereta deja paso a otros instrumentos que cumplen la misma función dentro de las percusiones de mano, como el pandero. E incluso encontramos objetos cotidianos convertidos en instrumentos: las tapaderas de las ollas también aparecen en grabaciones de Ancares y de muchos otros lugares.

A todo ello habría que añadir las formas de interpretación masculinas, de las que hablaremos brevemente en la siguiente Gota de Tradición.

Un trabajo de aproximación y divulgación como este nos obliga a centrarnos en los rasgos más generales y compartidos de la tradición. Pero también nos recuerda que detrás de cada pueblo, de cada tocadora y de cada pequeña diferencia hay un patrimonio que merece la pena conocer con mayor profundidad.



miércoles, 22 de julio de 2026

Gota de Tradición #4 (1/3) – ¿Cómo es una pandereta?

La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.

Siempre se ha dicho aquello de "este es un país de pandereta"Normalmente se utiliza para despreciar algo, como si la pandereta representara el atraso o el desorden.

Pero, si lo pensamos bien, sí que somos un país de pandereta. Y deberíamos sentirnos orgullosos de ello, aunque con un significado completamente distinto.

Porque durante siglos este pequeño instrumento acompañó fiestas, bailes, bodas, filandones y reuniones por todos nuestros pueblos.

Hoy vamos a fijarnos en la pandereta.

O mejor dicho...

...en las panderetas.

Porque no existe una única pandereta. Ni siquiera una única forma de llamarla. Aunque todas sean redondas y compartan muchos elementos, no responden a una única tipología tradicional.

En esta zona encontramos distintos nombres. El más extendido sigue siendo pandereta. En parte del Bierzo Oeste aparece pandareta y en algunos pueblos también pandeireta. Y en el valle de Ancares, tanto en Cervantes como en Ibias, lo habitual es hablar de la pandeira, nombre que recibe allí la pandereta tradicional de grandes dimensiones. Eso no significa que esas panderetas solo existan allí; aparecen también en otros lugares, aunque con otros nombres.


Pero todas tienen tres elementos que nunca faltan.

Un aro de madera, que en ocasiones incluso se hacía reaprovechando el aro de un cribo.

Una piel tensada, normalmente de oveja, aunque también encontramos ejemplos de cabra o incluso de corzo.

Y unas chapas metálicas que, según el pueblo, pueden llamarse sonajas, sonajeras, ferreñas, ferriñas o chucarelos.


A partir de ahí cambia casi todo: los tamaños, el número y la forma de las sonajas y su disposición, la decoración o incluso la manera de construirlas. La mayoría ni siquiera salían de un taller especializado; las hacía alguien curioso, del propio pueblo, con mano para trabajar estos materiales.

Quizá por eso sí somos un país de pandereta. Porque detrás de una palabra tan sencilla se esconde una enorme variedad de nombres, formas, materiales y maneras de entender un mismo instrumento. Mucho más de lo que podemos contar en una sola gota.

Y eso también es patrimonio.

Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.

Hoy solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río. 



Del cuaderno de campo


Hemos fotografiado y documentado alrededor de una veintena de panderetas en el Bierzo. La diversidad de modelos se aprecia en todos los aspectos que hemos señalado.

Por un lado está el tamaño, desde las más grandes, como la que Benigno, el tamboritero de Paradasolana, conservaba con cerca de medio metro de diámetro, hasta las más pequeñas, como la pintada que se conserva en el Museo Alto Bierzo de Bembibre o la que guardan en Balboa y que perteneció a Encarnación "A Troba".


Normalmente suponemos que el aro de madera incluye siempre otro aro interior para tensar la piel, pero hemos documentado ejemplares en los que esta aparece clavada o pegada directamente. Otras presentan uno o varios nervios de madera que parecen cumplir una función decorativa y, posiblemente, también estructural.

Ese aro de madera, al menos hasta la aparición de las panderetas más contemporáneas, presenta siempre un orificio para sujetarla con la mano. Nos han descrito incluso algún ejemplar con dos. En Galicia, durante las últimas décadas, ese orificio se fue sustituyendo por un rebaje. Aunque resulta eficaz para tocar con una sola mano, utilizar ambas manos sobre el instrumento se vuelve prácticamente imposible.

Las sonajas, que habitualmente aparecen dispuestas por pares, también muestran una gran variedad. En un mismo hueco puede haber más de dos, incluso de distintos tamaños. Van sujetas mediante algún tipo de alambre colocado de diferentes formas sobre huecos rectangulares abiertos manualmente. Hoy en día esos huecos suelen presentar los bordes redondeados, ya que se realizan con fresadora. Cuando la pandereta tiene una sola fila de sonajas, estas pueden disponerse alineadas o de forma alterna. En otros casos encontramos dos o tres filas o distintas combinaciones.

Ya hemos comentado algunos aspectos relacionados con la piel, que tradicionalmente se pela, no se afeita, como sucede en otros instrumentos. Es habitual que nos describan el curtido utilizando el abono o la ceniza. También hemos documentado en Oencia el uso de una pandereta sin parche, similar a las descritas en Galicia por Pablo Carpintero.

La decoración constituye otro elemento diferenciador. Algunas conservan restos de papeles pegados, pinturas o motivos decorativos. Incluso conocemos algún ejemplar al que se le añadieron cascabeles colgantes.


Aunque algunas familias han conservado la pandereta como un legado, hoy también podemos encontrar ejemplares en museos. Sin embargo, una gran parte se ha perdido con el paso del tiempo. La madera y la piel son materiales especialmente sensibles al deterioro, por lo que muchas no han llegado hasta nuestros días. Otras conservan una pátina muy característica, fruto del humo de las cocinas de rastro.






miércoles, 15 de julio de 2026

💧 Gotas de Tradición #3 - Tamboriterx (3/3) ¿Dónde hay tamboriterxs?

 

La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.

«En las alboradas no se cantaba. Tan sólo iba el tamborilero tocando, acompañado de los mozos. Se tocaban al amanecer; después se iba a tomar la parva, luego misa, autoridades, baile vermú, baile de tarde y ronda hasta las tantas.»

Así lo contaba Adelino Rodríguez Arias (1914-2008), tamboritero de Peñalba de Santiago.

Y eso nos da una buena pista para responder a una pregunta: ¿dónde había tamboriteros? La respuesta es sencilla: donde había fiesta.

Mucha gente piensa que el tamboritero es una figura propia del Bierzo. Y tienen parte de razón, pero no toda.

La flauta y el tambor forman parte del paisaje sonoro de buena parte de nuestra comarca y estuvieron presentes en las fiestas del siglo XX, tanto en Ponferrada como en las tres principales villas bercianas: Bembibre, Cacabelos y Villafranca del Bierzo.

Sin embargo, hay una curiosidad que suele sorprender. No todo el Bierzo comparte esta tradición. En valles del oeste, como los del Selmo o el Valcarce, no constituye un instrumento patrimonial. En cambio, tanto en otras zonas de la comarca como en la vecina Cabrera convivió de forma natural con los gaiteros. Hacia el este, en el Bierzo Alto, encontramos un mayor número de intérpretes y localidades donde llegó a ser prácticamente el único instrumento profesionalizado.

Pero la historia es todavía más amplia. Durante el siglo XX encontramos referencias de esta misma figura —con distintas denominaciones y variantes, tanto en la morfología como en la afinación de la flauta— recorriendo dos grandes ejes de la Península: desde el suroccidente asturiano hasta Huelva, incluyendo parte de Portugal; y desde el Bierzo, con testimonios también en Galicia, hasta las Islas Baleares.


Hoy todavía podemos encontrar tamboriteros en el Bierzo y en la Maragatería, donde en algunas celebraciones su presencia sigue siendo necesaria. Sin embargo, aunque existen intérpretes y cada vez hay más personas aprendiendo, el número de quienes ejercen este oficio y la demanda para hacerlo siguen siendo reducidos.


El verdadero riesgo no es que desaparezcan la flauta o el tambor, sino que desaparezca el oficio del tamboritero.

Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.

Hoy solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.


Del cuaderno de campo

Adelino Rodríguez Arias fue uno de los tamboriteros más referenciados del Bierzo. Nació en Peñalba de Santiago, aunque pasó buena parte de su vida en Ponferrada, en el barrio de La Borreca, donde además trabajó para el Ayuntamiento.

Destacó no solo como intérprete, con una extraordinaria capacidad para improvisar y variar melodías, sino también como artesano. Construyó numerosas flautas —utilizando un torno de ballesta—, además de castañuelas y algún otro instrumento. Durante unos años recorrió con su torno distintas ferias y muestras de artesanía.

En su juventud también tocó la gaita y reunió un amplio repertorio fruto de escuchar a otros tamboriteros de la zona. Actuó tanto en el Bierzo como en Cabrera y, durante el último tercio del siglo XX, fue una figura habitual en las fiestas de Ponferrada. Muchos aún recuerdan la destreza con la que hacía sonar su característico tambor negro decorado con estrellas rojas.

Pasó sus últimos años en Zaragoza junto a su familia. Gracias a fondos como los de la Fundación Joaquín Díaz, a la Colección de Música Tradicional en Castilla y León y a diversos documentales grabados en las décadas de 1980 y 1990, hoy todavía podemos escuchar su música y verlo interpretar.



miércoles, 8 de julio de 2026

💧 Gotas de Tradición #2 - Tamboriterx (2/3) ¿Para qué toca un tamboriterx?

La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.

«Cuando bandas, orquestinas y grupos de gaiteros habían dado por finalizada su actuación, todavía quedaban los rítmicos sones del tamboril de Sapín aleteando en las noches de Ponferrada, hasta el punto que podía decirse que la noche de los “fuerganos” de la víspera de la Encina no acababa hasta que Sapín dejaba de tocar».

Esto lo decía Esteban de la Puente García, pregonero de las fiestas de la Encina en 1972 e hijo del músico Esteban de la Puente, al recordar a Sapín, Victoriano Prieto Becerra, tamboritero nacido en Villanueva de Valdueza.


Los tamboriteros tocamos para lo mismo que la mayoría de los músicos tradicionales: principalmente para andar, para el baile y para las danzas. Esos desplazamientos tienen que ver con buscar al mayordomo, con las alboradas, los pasacalles, las procesiones o las rondas. Tenemos la virtud de poder llevar la fiesta puerta por puerta.

También tocamos para bailar, tanto lo antiguo, el baile suelto —jotas, donzainas, muñeiras o corridos— como bailes más modernos o agarraos, como valses, pasodobles o rumbas. Pero, por supuesto, los géneros y sus denominaciones locales hacen que esta lista sea mucho mayor.

Y hay danzas, que son algo diferente del baile, pero que igualmente se acompañan con tambor y flauta. Aunque existen ejemplos documentados de estas danzas en siglos anteriores en el Bierzo, hoy nuestro principal referente vivo sigue siendo el Valle de Fornela o Furniella, junto con otros ejemplos cercanos de la Maragatería y del Suroccidente asturiano.

Excepcionalmente existen repertorios que no responden a ninguna de estas funciones, como sucede en algunos lugares durante el momento de la consagración. En general, la pieza elegida para este momento y también para ser ejecutada en la salida de las imágenes en procesión de un templo es la conocida como Marcha Real. Sin ninguna connotación política, es una tradición que se remonta al menos a principios del siglo pasado usar, con versiones más o menos libres, esta melodía para estos momentos solemnes.

Hoy todavía podemos encontrar tamboriteros en el entorno festivo y en la calle, manteniendo ese oficio tradicional. Pero también hemos conquistado nuevos espacios: escuelas de música, asociaciones y otros lugares donde enseñamos a tocar a todo el que desea aprender, de una forma más académica o más informal. También tenemos que decir que esta figura, en el último tercio del siglo pasado, empezó a relacionarse más intensamente con las agrupaciones folclóricas de la zona. A la vez que estos tamboriteros actuales se acercaron a los grupos, el oficio tradicional fue perdiendo presencia.

Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.

Hoy solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.


Del cuaderno de campo

Victoriano Prieto Becerra nació en Villanueva de Valdueza el 23 de marzo de 1893. Tras ejercer de pastor y tener varios trabajos en Ponferrada, se casó e instaló en Molinaseca, donde pasó gran parte de su vida. Allí fue entrevistado por Juan Tomás el 27 de agosto de 1946, quien transcribió varias piezas de su repertorio (canciones de baile, piezas de la danza y una alborada que tocaba en las fiestas de la Encina de Ponferrada), poniendo también en duda su pericia con la flauta.

De él nos han llegado, además de esas partituras, un puñado de fotografías, repertorio transmitido a través de tamboriteros como Adelino Rodríguez, que lo escucharon tocar, y decenas y decenas de testimonios que hablan de su personalidad y humor cáustico, elevando su figura a la categoría de leyenda.

El 8 de abril de 1957 falleció en Molinaseca con 63 años. Si recorréis las calles de esta localidad podréis ver y beber en la Fuente del Sapo.

Varios, como Toño Criado, Esteban de la Puente García o nosotros mismos, hemos escrito sobre su figura y su recuerdo. También José Laínez Ros, en el libro Hojas de mi otoño (1959), le dedica estos versos:

Mientras perduren las piedras del castillo de Templarios,
el Sil discurra por vegas,
y miremos al Santuario.
Mientras cante San Lorenzo,
las bellas oigan los cantos,
Sapín toque su dulzaina,
y beba vino Los Barrios.




jueves, 2 de julio de 2026

💧 Gotas de Tradición #1 - Tamboriterx (1/3) ¿Qué es un tamboriterx?



Hace unos días estuvimos junto al río Boeza, en la Ruta de los Molinos de Folgoso de la Ribera, grabando la primera Gota de Tradición. Un proyecto al que llevábamos tiempo dándole vueltas y que nace con la intención de compartir pequeñas historias sobre nuestro patrimonio inmaterial.

Hemos querido empezar por una palabra que, aunque todavía sigue muy presente en muchos pueblos, no siempre significa lo mismo para todo el mundo: tamboritero.

Si acudimos al diccionario de la RAE, encontraremos que un tamboritero es quien toca el tamboril. La definición no es incorrecta, pero aquí siempre se ha quedado un poco corta.

En buena parte del Bierzo, un tamboritero era mucho más que la persona que interpretaba una flauta y un tambor al mismo tiempo. Era el músico de la comunidad. El encargado de acompañar las fiestas patronales, las procesiones, las bodas y otros muchos momentos importantes de la vida de un pueblo.

Así pasaba con el tamboritero que aparece en la fotografía, Antonio García, conocido en Noceda del Bierzo como «Caruso», de quien se contaba que tenía tanta demanda para tocar en las bodas que, si no podía acudir un determinado día, en alguna ocasión los novios cambiaban la fecha de la celebración para poder contar con él. Durante generaciones, preguntar en gran número de poblaciones bercianas quién era el músico era, casi siempre, preguntar por el tamboritero.

Boda de Angelines y Ángel en Noceda del Bierzo - Década de los 50

Todavía hoy podemos encontrar lugares donde esta tradición continúa formando parte de las celebraciones. Las Danzas de Fornela, el Voto de Villa de Ponferrada o las bodegas de Toral de Merayo son solo algunos ejemplos de cómo esta figura sigue teniendo un espacio propio dentro de nuestras costumbres. Y, afortunadamente, todavía seguimos teniendo la suerte de que en muchas otras fiestas locales se siga contando con tamboriteros.

También resulta curioso observar cómo cambia el lenguaje según el lugar. En el Bierzo la palabra tradicional ha sido tamboritero. En Fornela o Furniella es habitual escuchar tamboriteiro. Algunos mayores llamaban chifla a la flauta de tres agujeros y, en Fornela, todavía pueden oírse formas como xipla o xipra. Sin embargo, el tambor siempre fue simplemente eso: el tambor. En la Maragatería es frecuente encontrar la denominación tamborín, mientras que tamboril es habitual en muchas de las provincias situadas al sur de nuestra comarca.

Con el paso del tiempo se ha extendido el término tamborilero, probablemente influido por otras zonas, por determinados textos escritos que buscaban una denominación considerada más culta y por la enseñanza reglada de estos instrumentos. Sin embargo, esa no ha sido la denominación tradicional en buena parte de nuestra comarca.

Aunque encontramos músicos de flauta y tambor en numerosos lugares de la península e incluso de Europa, cada territorio ha desarrollado una manera propia de interpretar este repertorio. En nuestro entorno, el toque del tambor posee una personalidad muy marcada, con ritmos especialmente ricos y característicos que forman parte de nuestra identidad musical. Quizá algún día dediquemos una Gota de Tradición únicamente a esas diferencias.

Esta es solo la primera de tres pequeñas gotas dedicadas a esta figura. En las próximas entregas seguiremos profundizando en ella y descubriendo por qué el tamboritero ocupa un lugar tan importante dentro del patrimonio cultural berciano.

Porque la tradición es como un río. Y nosotros solo acabamos de asomarnos a la primera gota.

Del cuaderno de campo

Antonio García es uno de los grandes ejemplos en esta comarca de un tamboritero tradicional. Su figura trascendió lo puramente musical hasta convertirse casi en una leyenda y era descrito como un artista completo.

Aunque no llegamos a conocerlo, sí hemos podido recoger los testimonios de vecinos de la zona y de tamboriteros como José Marqués, de Noceda, o Pedro «Budiel», de San Justo de Cabanillas, herederos directos de este mítico músico. También conservamos fotografías suyas ejerciendo el oficio y parte de su repertorio gracias a las transcripciones realizadas por el musicólogo Manuel García Matos.

Hablamos de una generación de tamboriteros que aprendía de oído, por transmisión directa, escuchando a los mayores y trabajando durante años, compatibilizando el ensayo autodidacta con el oficio de pastor. Niños que empezaban jugando con flautas vegetales hasta que conseguían una de verdad y, más tarde, tenían la oportunidad de que les dejaran un tambor para acompañar alguna fiesta.

Aunque muchos aprendían a tocar y había numerosos aficionados, solo unos pocos, como se decía entonces, «salían tamboriteros».

Fiesta con vecinos en Noceda del Bierzo - Década de los 30


¿Qué son las Gotas de Tradición?

Llevamos muchos años recorriendo pueblos, hablando con la gente mayor, grabando músicas y aprendiendo formas de tocar, de cantar y de hacer las cosas que, muchas veces, solo siguen vivas en la memoria de quienes las conocieron.

Con el tiempo nos hemos dado cuenta de que no siempre hace falta un gran documental o una conferencia para despertar la curiosidad. A veces basta con una pequeña idea. Un minuto. Una pregunta. Una imagen.

Así nacen las Gotas de Tradición.


Pequeñas piezas audiovisuales que pretenden abrir una ventana a nuestro patrimonio inmaterial. A esas cosas que no suelen aparecer en los libros de historia, pero que forman parte de lo que somos: una melodía, una palabra, un oficio, una costumbre, un recuerdo o una forma de entender la vida.

No buscan dar lecciones ni ofrecer respuestas definitivas. Solo invitar a mirar un poco más despacio aquello que hemos tenido siempre delante y que, precisamente por ser cotidiano, muchas veces pasa desapercibido.

Porque el patrimonio no son solo los edificios, los paisajes o los monumentos. También es todo aquello que se transmite de unas personas a otras y que sigue teniendo sentido mientras alguien lo recuerde, lo practique y lo comparta.

Esperamos que estas pequeñas gotas sirvan para despertar conversaciones, recuerdos y, quién sabe, también nuevas ganas de seguir conociendo y cuidando el patrimonio que todavía permanece vivo entre nosotros.

Gotas de Tradición comienza a caminar por la red. Podéis encontrarla en nuestro canal de YouTube, en los reels de nuestros perfiles de Facebook e Instagram y también en TikTok.

Y como hay cosas que solo calan... gota a gota, si os gusta, os invitamos a guardar cada entrega y a ayudarnos a compartirla.

Bienvenidos a Gotas de Tradición. 💧