La tradición es como un río.
Hoy vamos a hablar solo de una gota.
Todos estos instrumentos
tradicionales se aprendían de forma autodidacta o, como mucho, por imitación.
Por eso, por lo general no encontramos conocimientos de lenguaje musical entre
sus intérpretes. Sin embargo, sí encontramos expresiones, fórmulas e incluso
pequeños cuentos que nos hablan de cómo se tocaban.
A veces, igual que ocurría con las campanas, se utilizaba una palabra o una pequeña frase para describir o recordar un toque o un ritmo. Así es la muletilla de la Danza de "Palillos de madeira" que acompaña los gigantes y cabezudos de Villafranca del Bierzo.
Se aprendía escuchando,
mirando a otros tocar y repitiendo. Y para practicar tampoco hacía falta tener
siempre el instrumento delante: cualquier superficie podía servir para empezar
a imitar los movimientos y los ritmos.
Muchas veces vemos los
instrumentos de percusión como algo sencillo, como algo que «sale solo». Aunque
uno pueda tener mucha facilidad, hay cosas que se aprenden en cinco minutos y
otras que necesitan semanas o meses para conseguirse.
Tanto para los músicos mayores
como para nosotros, el esfuerzo, la constancia y la repetición son tan
importantes como asumir que es normal que las cosas no salgan a la primera.
Hoy en día enseñamos de una
forma más moderna y pedagógica, haciendo accesible para cualquiera aprender a
tocar un instrumento. Nos apoyamos en todos los recursos disponibles: el
lenguaje musical, los ejercicios técnicos y también los conocimientos que nos
aportan otros tipos de percusión.
El aprendizaje del tambor
empieza por aprender a coger las baquetas, el golpeo y el movimiento de las
manos. Después trabajamos la coordinación entre ambas manos y toda la parte
técnica. No solo los ritmos y los géneros: aprendemos también los movimientos
que nos permiten tocarlos.
Con todo esto aceleramos mucho los tiempos y la eficiencia a la hora de llegar a tocar los repertorios tradicionales.
En nuestro caso también
analizamos los estilos y las formas de tocar de los intérpretes que hemos
podido documentar. Y vemos cómo cambia desde los casos en los que se repite
simplemente un ostinato —un patrón rítmico que se mantiene durante la pieza—
hasta otros en los que se establece un verdadero diálogo entre los
instrumentos, jugando entre la imitación y el contraste con la melodía y
acercándose a una forma más contemporánea de tocar.
Los rudimentos que se utilizan
en la percusión tradicional de este entorno son prácticamente los mismos que en
el resto de lugares del noroeste. Podemos encontrar poco uso de las dinámicas
—los cambios de intensidad—, el redoble cerrado, los mordentes de una nota, los
acentos y, en algunos casos, efectos como golpes sobre los aros, golpes
apagados o sobre la propia baqueta.
Creo que con esto podemos
entender un poco mejor cómo se tocaba, cómo se toca y cómo se aprendían y se
pueden aprender hoy estos instrumentos.
Porque la tradición no
consistía en nacer sabiendo tocar un tambor. Consistía en mirar, escuchar,
repetir… y acabar encontrando una manera propia de hacerlo.
Y si quieres seguir
profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente
curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.
Hoy solo hemos hablado de una
gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.
Del Cuaderno de Campo
Para ejemplificar este trabajo de divulgación utilizamos principalmente nuestros propios materiales gráficos (partituras, fotografías, vídeos) pero también otros de dominio público como grabados, cuadros y en este caso unos segundos de la película documental "La memoria de los pueblos del Bierzo" de 2008 y producida por la Asociación de Cine Medular. En esta producción uno de los protagonistas entrevistado es el gaiteiro residente en Camponaraya Eduardo González, natural de Castrelo de Frades (Lugo) y al que ya hemos dedicado varias entradas en el blog. Además en la interpretación de piezas lo acompañan dos percusionistas siendo el que toca el tambor Edelmiro Iglesias "Miro" (c1929-2023) natural de Dragonte y de familia de músicos.
Edelmiro fue uno de los exponentes de este instrumento con el que convivimos y que nos habló en distintas ocasiones de como tocaba en un conjunto en su localidad con su padre, tío y hermano. Posteriormente cuando se trasladó a Cuatrovientos siguió tocando y cambió su jazz por el tambor de cuerdas que adornó con tres pompones que podemos ver en el vídeo. En 2016 para la exposición de instrumentos promovida por el IEB en la que colaboramos nos prestó un flautín y una caja china antiguas que conservaba.
Figuras como él han sido clave en el mantenimiento de este instrumento y aunque el se mantuviera dentro de los grupos de folclore y de gaitas, la mayoría de interpretes se vio desplazado a otros grupos de música popular como charangas.



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