La Escuela de Gaitas bien merece una croniqueta para hablar del Santiago y la Madalena en Villadepalos. Aunque solo sea para felicitarles por lo bien que lo hacen, por todo lo que trabajan y porque siempre están al pie del cañón.
Este año tocaron ellos solos en esta fiesta. Porque son
capaces de eso y de mucho más. Porque, cuando pueden, están. Y casi siempre
pueden.
Un año más también con Jose al bombo, un insigne músico del
pueblo que vuelve desde Suiza para las fiestas. Un gran percusionista que vive
al lado de la iglesia. Quizá por eso viene siempre a tocar la procesión. Aunque
vivir tan cerca también le sirvió para que un cura (no vamos a decir nosotros
que fue don Germán) le subiera un día al desván donde ensayaba con la batería
para poner fin a aquel estruendo tan poco compatible con la práctica religiosa.
Total, que a Villadepalos siempre volvemos de una manera u
otra con la Escuela. Para San Sebastián, para el Viernes Santo, cuando coincide
algún otro evento y, por supuesto, para las fiestas de verano.
Este pueblo, como todos, tiene algo especial. Y no porque
sean parrulos, que lo son. Ni porque algunos mayores todavía recuerden cuando
se decía Villadepaos. Ni siquiera porque este año la Comisión de Fiestas
escribiera correctamente que la Escuela acompañaba la procesión hasta el
Maravilloso Camarín, que no camerín, y que además este año se instalaba en el
Barrio de Arriba.
Y digo Barrio de Arriba porque los que aún nos creemos
jóvenes, y los que vienen detrás, apenas distinguíamos el Barrio de Arriba, por
encima de las vías del tren; el Barrio de Abajo, por debajo; y, como mucho, la
Mata, donde Gelo pone las anguilas y al lado de donde vivía el Peseto. Más de
un furtivo todavía sabrá de quién hablamos.
Pero Villadepalos tiene mucho más. Solo hace falta escuchar
y preguntar a quienes saben.
Y digo barrios, no calles ni lugares, porque de esos hay
muchos más. A la Mata también se le conoce como Alain Champó, en recuerdo del
"Chino", que allí vivió. Junto al paso a nivel comienza el barrio de
la Granxa, porque allí hubo una granja de gallinas que montó un gallego llamado
Flaminio.
Luego están as Manrulas, la Calella, donde nació nuestro
insigne contador Adolfo (y donde está esa calle tan redundante llamada Calle la
Calella), el Barrio de la Cruz o Barrio do Campo, Barrio da Rua Nova, Barrio da
Leira, Barrio del Molino, Barrio do Barreiro, Barrio do Caño, donde está a
Fonte, Barrio da Costa, donde está el apeadero, rebautizado hace ya unos años
con cartel y todo como Barrio do Brasil, Barrio da Iglesia, Barrio da
Carranca... y alguno más que seguro ya se nos escapa.
Si queréis saber dónde están, daos un paseo e id
preguntando. Al principio os mirarán un poco sorprendidos, pero enseguida os lo
querrán contar con todo detalle.
Diría que en todos ellos hemos acabado tocando alguna vez
con la Escuela de Gaitas.
Porque hemos recorrido el pueblo entero y seguiremos
haciéndolo. Aprendiendo cómo se llama cada camín, porque no todo iba a ser
tocar. Viendo también cómo cambian las cosas. Antes de haber vías, la puerta de
la iglesia era la que dividía el pueblo en dos: la parte de arriba y la de
abajo. Igual que las Barrancas de Santalla que hoy vemos desde aquí antes eran
simplemente las Barreiras. Y no está mal que las cosas cambien, pero tampoco
viene mal saber de dónde venimos y cómo se llamaban.
Y todo esto venía solo para decir que la Escuela volvió a
tocar un año más por el Patrón Santiago. Que lo hicieron muy bien. Que siguen
estando siempre. Y que, además, hasta posaron para una foto.
¡Enhorabuena, chicxs!
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