La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.
Si el otro día vimos que no existe una única pandereta...
...hoy vamos a descubrir que tampoco existe una única manera de tocarla.
Porque aquí la pandereta casi nunca se entendió separada del canto. Tocar la pandereta era, sobre todo, cantar con ella. Mayoritariamente para hacer el baile, suelto y también agarrado y en algunos lugares para acompañar los cantos de las bodas.
Pero empecemos por el principio.
¿Cómo se sujeta?
Todas las panderetas antiguas tienen, al menos, un agujero para agarrarlas. Y según cómo la sujetemos, podremos tocar con las dos manos o con una sola.
Según nos contaban muchas de las mujeres de quienes aprendimos, tocarla con las dos manos era la forma más antigua. Pero también se toca con una sola, utilizando la mano dominante para golpear el parche.
Y a partir de ahí vuelve a aparecer la variedad.
Hay quien golpea con la mano abierta, casi palmeando. Otras personas prefieren el puño cerrado, aunque lo más habitual es colocar la mano en una posición intermedia para poder golpear alternativamente con la punta de los dedos y el pulgar. Casi exclusivamente en estas zonas moviendo la mano dominante y con la pandereta sujeta de forma estática en la otra mano.
Entre las técnicas también encontramos el redoble con el dedo corazón por el parche. Hoy solemos llamarlo rascar o riscar, pero esas no eran las denominaciones tradicionales. Algunas personas, por ejemplo, lo conocían como el resbalete.
Y una de las técnicas más espectaculares aparece casi siempre en la vuelta o estribillo de las jotas: tocar con el envés de la mano, lo que hoy conocemos popularmente como mano vuelta.
Incluso hemos llegado a documentar algún caso excepcional en el que la pandereta se toca agitándola.
Igual que no existían dos panderetas exactamente iguales... tampoco había una única forma de tocarlas.
Esa riqueza de los pequeños detalles, de conocerlos, conservarlos y transmitirlos...
...también es patrimonio.
Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.
Hoy solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.
Del Cuaderno de Campo
Seguimos ampliando, como en cada entrega, todo aquello que contamos en el vídeo. En esta ocasión hemos hablado de las técnicas principales y más extendidas en el noroeste de la provincia de León, especialmente en el territorio que hoy conocemos como el Bierzo.
Pero no son las únicas. A tocadoras como A Maña, de Villariños (Vileriños), le hemos documentado de forma excepcional algunos toques agitados, en los que la pandereta se mueve para acompañar determinados agarrados modernos.
Otro ejemplo es la forma de tocar el pasodoble en parte del antiguo Ayuntamiento de Candín, hoy Valle de Ancares, donde las tocadoras percuten alternando por el parche golpes a ritmo de corcheas.
Incluso hay tocadoras que, en este mismo entorno, además de utilizar las dos manos, mientras sujetan la pandereta por el agujero y golpean con los dedos de la izquierda, emplean con la derecha tanto los dedos como el pulgar, utilizando tres zonas distintas de percusión.
Pero si ampliamos el foco hacia otras partes de esta provincia o hacia las limítrofes, el abanico es mucho mayor. En muchos lugares la pandereta deja paso a otros instrumentos que cumplen la misma función dentro de las percusiones de mano, como el pandero. E incluso encontramos objetos cotidianos convertidos en instrumentos: las tapaderas de las ollas también aparecen en grabaciones de Ancares y de muchos otros lugares.
A todo ello habría que añadir las formas de interpretación masculinas, de las que hablaremos brevemente en la siguiente Gota de Tradición.
Un trabajo de aproximación y divulgación como este nos obliga a centrarnos en los rasgos más generales y compartidos de la tradición. Pero también nos recuerda que detrás de cada pueblo, de cada tocadora y de cada pequeña diferencia hay un patrimonio que merece la pena conocer con mayor profundidad.


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