martes, 21 de julio de 2026

Entrecroniqueta #4 (2026) – La Placa / Diego Bello TamboriTero


El lunes tocamos de pasacalles como tamboriteros en el barrio de la Placa. Era el segundo año que nos llamaban para las fiestas del Carmen. Y la cosa ya venía con guasa, porque el día anterior, al buscar el cartel de las fiestas, apareció uno en el que solo salían las orquestas y, sin pereza, le dimos un poco de Canva para poner el pasacalles con un TamboriTero de nombre. Que si hay otro que lo hace mejor, adelante. Y si un Terrible TamboriTero no merece estar en un cartel de fiestas, que se quede cojo el concejal de Deportes del Ayuntamiento de Ponferrada. Pero en realidad, por supuesto, en el programa completo sí venía anunciada esta marcha por la localidad a las once. Se tomaron la broma a bien y a seguir con la juerga porque la noche anterior había sido gorda.
Entre el partido y el postpartido, porque era mediodía, no se veía mucha gente por la calle, incluso alguno ya iba con poca voz. Y es que la Placa es casi como un pueblo, quizás un barrio dormitorio de Ponferrada, bien comunicado y con bastantes servicios. No le falta de nada: supermercado, droguería, bares, piscina... hasta un museo de la bicicleta. La verdad es que conserva esa sensación de cercanía que hay en los sitios pequeños, donde todos se conocen y todos se saludan al cruzarse, aunque uno sea foristero.
Y es que ni es muy antiguo ni tiene casas de piedra o adobe. Las más antiguas son casas bajas de una planta, como los poblados que tenemos por la comarca: el poblado de la Minero, Compostilla, Bárcena o Posada del Bierzo. Antes del accidente de Torre del Bierzo de 1944 aquí no había más que tierras. Aquel trágico suceso, ocurrido en el túnel número 20 de la línea Palencia-A Coruña, fue el motivo por el que existe la Placa. Aún hoy no se sabe cuántos muertos hubo en aquella tragedia. El caso es que, a raíz de ella, RENFE comenzó a modernizar la línea Madrid-Galicia construyendo en Ponferrada un gran complejo ferroviario con talleres, reserva de locomotoras, clasificación de vagones, cargaderos de carbón... Estas obras tuvieron lugar entre 1948 y 1954 (RENFE siempre fue lenta) y en ellas trabajaron más de quinientas personas. Fue alrededor de esas instalaciones donde comenzaron a levantarse las viviendas para los ferroviarios y sus familias, naciendo así el barrio. De hecho, el nombre de la Placa procede de la placa giratoria —el puente giratorio— donde se daban la vuelta las locomotoras de vapor. Antes ese lugar se conocía como San Dionisio y, desde 2020, forma parte de la Lista Roja del Patrimonio por su deterioro, abandono y expolio. Pero sigue siendo un lugar digno de visitar.
Total, que naciendo así y con gente que fue llegando de muchos lugares, entre ellos Ferradillo o Toral de Merayo... incluso del Caurel, porque, aunque todavía no diéramos con su familia, tenemos la pista de que el Follacas de Mostad, que hacía gaitas, pasó sus últimos días aquí; pues eso, que el ambiente es acogedor y siempre nos tratan bien. Porque eso se nota enseguida. Parando en el bar de Gloria a tomar un café (hoy estábamos flojos, no es cuestión de estar presumiendo de juventud todos los días). Cogiendo la calle Extremadura. Llegando a la Panadería Casasola y encontrándonos a Mati saludando desde el balcón. Y, por si fuera poco, sacándonos unos bollos preñados recién hechos. Matilde es toda una institución y por eso tiene esa placa que le concedieron en la puerta, con la firma del futbolista Yuri debajo de cuando vino a pregonar las fiestas.
Esas cosas nos llenan por dentro a los que vivimos en un sitio pequeño, pero también llenan a quienes no han tenido esa experiencia y consiguen sentirse en casa. Parando a tocar en las puertas de quien te está esperando, viendo cómo salen a recibir a los músicos y a la comisión que los acompaña, con Koseki tocando las castañuelas incluido. Empezando una conversación y dando con la hija del clarinetista de Forna sin saberlo. Por cosas así nos gusta este oficio. Porque enseguida preguntan qué hay que dar o simplemente te lo dan para que luego te tomes algo, aunque también te quieran convidar en el bar. Porque no solo intentamos hacerlo bien; también consiguen hacernos sentir bien.
Sin caer en nostalgias, ¡que vivan los barrios, que viva la gente que hace barrio y que mira por los suyos!
Que luego dicen que el tamboritero solo va a tocar. Pues no. Los hay que sabemos escuchar, equivocarnos y hasta contarlo después. Que las entrecroniquetas no se escriben solas. Si solo quieren música, para eso siempre habrá otros músecos o musequines.











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