lunes, 20 de julio de 2026

Croniquetas de un músico #8 (2026) – Igüeña / Grupo Recuencano

Fuimos a Igüeña a la fiesta de Santa Marina para hacer el vermú con el Grupo Recuencano. Y es que Recuencano es de Tremor de Arriba y pertenece al Ayuntamiento de Igüeña. Por eso decíamos que el grupo es profeta en su tierra, porque siguen contando con ellos para animar las fiestas del municipio.

 

Y empezamos yendo a buscar a la iglesia a la gente con la flauta y el tambor para llevarlos a la plaza del Ayuntamiento nuevo. Esperamos hasta las dos porque el cura decidió empezar media hora más tarde, pero esa guerra ya era para las chicas de la comisión. Y resulta curioso verlo con perspectiva, porque en agosto hace noventa años que ardieron tanto la iglesia como el Ayuntamiento viejo en el que nos cambiamos. Este pueblo está muy cambiado y no por aquello, sino porque después de las minas ha sabido repensarse y conviven espectaculares murales con una playa fluvial estupenda y donde comer bien o tomar algo a gusto. El espectacular mural junto al río que representa el pasado minero no hace de menos al dedicado junto a la iglesia al tío Perruca. Un personaje e historia que tiene su propio libro que os recomendamos.

 

Bailamos, cantamos, tocamos y lo pasamos bien, mientras la gente disfrutaba con nosotros buscando la sombra bajo la carpa. Hasta sonó la copla que dice:

Minero lo quiero madre
y que sepa trabajar
en la mina que tengo
debajo del delantal.

 

Pero no se puede contar todo, no vamos a decir cómo llamaban a los de aquí, porque todos tenemos mote, más que llamarnos, nos llaman. Y así los de Tremor para los de Fasgar eran Choetes, los de Tremor a los de Fasgar Abisinios, los de Tremor también son Cachelos, los de Espina Llanudos o Tuérganos, los de Pobladura son Franceses, o los de Colinas para los de Tremor los de la Manga Rachada. Eso sí, sin decir que lo decía hasta uno del pueblo, Igüeña tenía muy buenos corrales pero muy mal ganao.

 

Decíamos Colinas porque es donde fuimos a celebrar y a comer. Colinas, no solo Colinas del Campo de Martín Moro, incluso Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, aunque lo de Toledano lo decían los niños de allí en el colegio para rimar «limpia el culo con la mano».

Dice el INE que en 1950 había 233 habitantes y en 2024 ya eran 72. Incluso el Nomenclátor describe que en el siglo XVIII había 61 casas y 32 pajares o corrales, siendo más de las tres cuartas partes con cubierta vegetal, lo que decimos teito.

Sin embargo, aun no siendo el pueblo más grande, tiene barrios como para ser villa: según entras el Rollo, el Santo Cristo, la Cortina, la Fuente; hacia arriba, desde ahí, la Cuesta y la Pumariega; para el otro lao, Trallera; junto al río, el Reguero, Barrio y el Barreiro; junto a la iglesia, la piedra de los Bolos... y aún me faltaría alguno por aprender o escribir bien. Tenemos para visitar la iglesia de Santa Teodora, a la que se puede subir hasta el campanario, recién arreglado, para disfrutar de las vistas. Y la postal del paso por el portal de la ermita que hay a la entrada (aunque esté vacía) es obligada.

 

Si aprovechas a subir a comer bien al Aguzo, el restaurante está en el barrio de Santo Tirso. Y es que las calles casi llevan el nombre de los barrios, aunque no es lo mismo una cosa que la otra. Llama primero para reservar, en verano abren más y la visita al pueblo del nombre más largo merece la pena. Eso sí, no seáis madrilanos (como dice el Pruvianu nen Ser Aturianu) y dejad el coche a la entrada del pueblo, como pone la señal. Y de la cobertura, olvidaos, aunque tienen wifi.

Una actuación y no hemos hablado de todo lo que sabemos de pandereta. Incluso se acercó a hablarnos una señora después de actuar. Era la hija de Gregorio el Tamboritero y su madre también tocaba la pandereta. Incluso en 2016 de aquí nos dejaron para bajar a Ponferrada una pandereta para la exposición de instrumentos tradicionales en la que participamos.

 

Ya nos falta espacio para hablar del Campo Santiago, esa pradera a 1.500 metros en un antiguo glaciar en la que el 25 hay romería con los de Fasgar… para contar que los de Colinas estaban exentos de hacer el servicio militar por derecho real, un privilegio concedido por Alfonso IX de León… de los Omañones, que no les gusta que llamen así… de los álamos… lo del cumpleaños igual lo contamos en otro año. Y tantas y tantas cosas…

Será por eso que decía de ser profeta en su tierra. Uno va a tocar un vermú y acaba volviendo con media croniqueta escrita por la gente del pueblo. Porque cuando nos reciben así, las actuaciones dejan de ser solo actuaciones. Se convierten en historias que alguien te cuenta, en recuerdos que alguien comparte y en lugares a los que siempre apetece volver. Al fin y al cabo, a los músicos nos gusta tocar donde nos quieren.

Ya no es que los sitios pasen por nosotros y nos dejen huella, es que el Bierzo, o lo que hoy es el Bierzo, es tan grande, tan bonito, tan diverso, tan variado, tan rico, que no hay croniqueta que aguante las palabras que podemos decir sobre nuestra tierra.













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