Seguimos amasando el curso 2026/27. Después de contaros qué enseñamos, hoy toca responder a otra de las preguntas importantes: ¿dónde estaremos?
Este curso Tocar Bajo Teito estará presente en distintos puntos del Bierzo, León y Valdeorras, acercando la música y el baile tradicional a diferentes localidades y trabajando con escuelas, asociaciones, ayuntamientos y grupos.
📍 Bembibre
📍 Ponferrada
📍 León
📍 Tremor de Arriba
📍 Vega de Espinareda
📍 Toreno
📍 Lillo del Bierzo
📍 Camponaraya
📍 Toral de los Vados
📍 Columbrianos
📍 O Barco de Valdeorras
📍 Carracedelo
En unos lugares estaremos con pandereta y canto; en otros con baile tradicional, percusión, flauta y tambor, gaita o agrupaciones. Cada sitio tiene su propia propuesta, sus horarios y sus grupos, pero todos forman parte de una misma idea: aprender, tocar, cantar y bailar juntos.
Hay sitio para quien empieza desde cero y también para quien lleva años tocando y quiere seguir aprendiendo, compartir repertorio o formar parte de un grupo.
Durante estos días iremos contando con más detalle qué hacemos en cada localidad. Y si quieres saber dónde puedes aprender aquello que buscas, horarios, edades o cómo incorporarte a algún grupo, puedes preguntarnos directamente.
Porque la tradición también se aprende, se comparte… y se amasa.
Llevamos ya unos cuantos años tocando en Bembibre, en el
mercado medieval, que para eso nos contrata Benevivere Temáticos. Tenemos la
suerte de participar en las fiestas del Cristo y formar parte de ellas con Los
Pamplinas en diferentes formatos.
Las fiestas del Cristo ya se van acercando a las últimas del
verano, antes de que lleguen los magostos o incluso el Halloween. Y no solo es
fiesta en Bembibre, sino en lugares tan señalados como la Vila de Villafranca
del Bierzo, O Barco de Valdeorras o Dehesas, Desas, Devesas ou Divesas, que
cada uno lo dice como quiere.
Si en Desas tienen la cachelada, en Bembibre tenemos las
garrapiñadas.
No es una tradición antiquísima, pero las colas para
probarlas y comprar un paquete son constantes. Incluso nosotros echamos de
menos tener uno en los fuegos para ir picando. Era una de las imágenes de las
fiestas: se apagaban todas las luces para la pirotecnia y solo quedaba
encendida la bombilla del puesto de las garrapiñadas.
Ahora hay que venir al mercado medieval para comprarlas. Y
ya no hay solo almendras: sésamo, pipas, nueces, avellanas… Más variedad y
todas bien buenas. Pero hay un sabor que queda guardado hasta que vuelve el 14
de septiembre.
Bueno, tampoco hay que esperar tanto, que para el Botillo
también las tenemos. Y a este paso lo siguiente en ver garrapiñado será justo
eso, el botillo.
A nosotros los mercados nos gustan, sobre todo cuando
salimos con Sergio, ya sea con los malabares, los cuchillos o el fuego. Es
cuestión de dar una vuelta, parar un rato y volver a salir para dar ambiente.
Otro ritmo que no tiene nada que ver con el resto de actuaciones que
acostumbramos a hacer.
También es duro. Aunque en casa siempre es más fácil y no
dejas de encontrarte gente conocida.
En realidad, por estas fechas estamos en las fiestas,
intentamos disfrutarlas un poco, pero tenemos también la cabeza en el inicio de
curso. Una época de no parar que este año viene con novedades. Y, por si fuera
poco, pensando en el concierto que daremos el próximo sábado en el Museo del
Bierzo.
Pensábamos hacer algo sencillo.
Mala idea.
Al empezar a investigar nos salieron tantos hilos de los que
tirar que creo que lo vamos a pasar muy bien. Y uno de ellos vuelve
precisamente a Bembibre y al Cristo Ecce Homo.
El santuario fue quemado por los franceses en 1809 durante
la Guerra de la Independencia. La imagen del Ecce Homo se libró por los pelos:
unos dicen que estaba en Santibáñez por una novena y otros que la habían
llevado allí precisamente para salvarla.
El caso es que, cuando llegó el momento de recuperar la
imaginería perdida, el escultor bembibrense Pedro Corral Ramos dejó una cosa
bastante curiosa. En sus representaciones de la Pasión, los que ocupan el lugar
de los soldados romanos son soldados franceses. No seremos nosotros los que
digamos que igual era un poco rencoroso.
Los franceses se habían marchado hacía décadas, pero allí
seguían.
Hoy podemos ver también su retablo mayor, de 1845. Cosas que
quedan después de una guerra y que, doscientos años más tarde, aparecen
mientras preparas un concierto que pensabas hacer sencillo.
Cosas curiosas que podemos encontrar. Casi tanto como que en
unas fiestas como estas tengamos actos para todos: desde el Combo Dominicano
hasta Obús —aunque alguno los confunda con U2—, pasando por misas con la puerta
abierta en la plaza de San Pedro, donde de repente se cuela un poco de magia o
alguna nota bien tocada.
Y hoy apareció otra de esas cosas que se te quedan dando
vueltas.
Nos hablaron de la opinión de un reciente centenario de esta
villa:
—¿Dónde están los tamboriteros? Ya no hay tamboriteros.
Y qué razón tiene. Con cien años viendo estas fiestas, algo
de criterio tendrá el hombre.
Las fiestas del Cristo tuvieron ocho días de tamboriteros
tocando. Y ahora…
Pues ahora vamos perdiendo, cambiando…
Y no porque el sésamo, las pipas, las nueces o las avellanas
garrapiñadas no estén buenas. Que lo están. Pero igual todavía no nos hemos
dado cuenta de que lo más típico siguen siendo las almendras.
Y siguen estando ricas.
Qué pena que con los tamboriteros no hayamos hecho lo mismo.
Que tengamos charangas, banda militar, gaitas, food trucks y
toda la parafernalia. Claro que sí. Pero también lo más típico, ¿no?
Tamboriteros. De los que saben tocar solos, claro…
Yo qué sé. Nosotros aún no somos centenarios y nos gustan
las tonterías, pero entre risa y risa creo que todavía se nos escapa más de una
verdad.
Esta croniqueta es diferente porque el mercado aún continúa
hoy, lunes, día del Cristo, y a las fiestas todavía les queda mañana con el
Cristín. Este año aún nos queda alguna más y a nosotros un poco por disfrutar
de estas
Una cosa nos queda por decir todavía, que si no lo contamos
todo no puede ser:
La
tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.
O
gaiteiro non lle cai o palleiro.
Este
refrán nos habla de la fama que podían alcanzar algunos gaiteiros. Pero
gaiteiro no es solo el que toca la gaita. Ni siquiera el que tenía el oficio de
tocarla.
Por
extensión, aquí se llamaba gaiteiro a cualquiera de los músicos que formaban
parte de un grupo de gaiteiros, ya tocara la gaita, la caja, el bombo, el jazz
o el clarinete.
Y
eso dice mucho de la forma de entender los instrumentos tradicionales en este
entorno.
Los
gaiteiros podían tocar solos, aunque no era lo más habitual. Algunos lo hacían
así y otros solamente en determinadas ocasiones, como las matanzas.
Lo
normal era que la gaita se acompañara al menos de una percusión: en el Bierzo,
habitualmente una caja de latón. A esta pareja podía sumarse un bombo y, desde
finales del siglo XIX, algunos de los grupos de más renombre incorporaron
también el clarinete.
Así
encontramos formaciones de gaita y caja; gaita, caja y bombo; o gaita y
clarinete acompañados de percusión.
En
cambio, eran casi excepcionales los dúos de gaita. Solo algunas formaciones más
modernas, como Brisas del Sil, fueron incrementando el número de gaitas, antes
de la llegada de agrupaciones recientes como las bandas de gaitas, que
eclosionaron sobre todo en la década de 1990.
La
mayoría de aquellos conjuntos ni siquiera tenían nombre. Se les conocía por
algún componente destacado o, simplemente, por la localidad de la que
procedían.
Pero
algunos nombres sí han llegado hasta nosotros: O Rei do Caleyo, de Borrenes; Os
Dragontinos; los hermanos Santiago e Isidro, asentados en Soutelo; el Pego de
Oencia; o Los Relámpagos de Montes, entre muchísimos otros.
Porque
el número de intérpretes y conjuntos fue muy elevado hace apenas unas décadas,
en un mundo rural que también estaba mucho más densamente poblado.
Y
muchos de los últimos gaiteiros que hemos llegado a conocer eran además
multinstrumentistas. Tocaron clarinetes, saxos, trompetas, baterías… y algunos
terminaron incorporándose a orquestas y charangas.
No
desaparecieron de repente. También fueron transformándose con la música y con
la sociedad de su tiempo.
Creo
que con esto hemos dado alguna pincelada sobre quiénes eran —y quiénes son— los
gaiteiros.
Así
que, si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo,
escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.
Hoy
solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este
río.
Del Cuaderno de Campo
Hemos hablado de las agrupaciones más significativas en torno a la gaita en el Bierzo y zonas cercanas, pero claro que hay algunas más.
Empezamos por un gaiteiro solo. Por ejemplo, ese es el caso de Avelino de Villar de las Traviesas, que solía tocar sin más acompañamiento, aunque alguna vez en Noceda lo acompañaron con el tambor.
Los dúos son tanto con una percusión como con la voz, ya que cantar al pie de la gaita fue una costumbre y moda muy habitual. Tanto, que el denominado cantar por Asturias tuvo mucho furor y, en los tiempos en que la minería tenía gran repercusión, el “Presi” (una de las figuras conocidas de la tonada asturiana) realizó una sonada actuación en Fabero.
En cuanto a la gaita con un tambor, caja redoblante o jazz, fue muy habitual. Tenemos ejemplos en localidades que hemos documentado, como Trabazos o Corporales, en Cabrera, donde este acompañamiento se hacía con el mismo tambor de la flauta, pero con una baqueta o dos.
Hay un tercer dúo, muy exótico y poco habitual, que hemos podido registrar tanto en Maragatería como en Cabrera: el formado por un gaitero y un tamboritero. Un dúo de encaje complejo por la afinación de ambos instrumentos, pero que fue parte de la realidad musical, aunque fuera excepcional. Tenemos alguna fotografía también de este dúo en Losada y referencias en siglos anteriores a través de la iconografía.
Otra combinación, más excepcional todavía y solo en momentos de fiestas en casa, es mezclar una pandereta con la gaita, ya que eran instrumentos que no era usual que tocaran juntos por su distinto carácter: profesionalizado y no remunerado, respectivamente. Solo encontramos alguna excepción al respecto, como la de María, que tocaba la pandareta en un conjunto con sus hermanos antes de la guerra en Cateixeira/Cantejeira.
Algún dúo más tuvimos, como el de gaita y batería, que podemos ejemplificar con el formado por Manuel do Amante y José do Xastre, de Pradela, que tocaban intercambiándose los instrumentos en este formato.
En cuanto a los tríos, muy habituales eran aquellos en los que a la gaita y al jazz se les añadía un bombo. Tenemos varios ejemplos y fotos muy ilustrativas, como las que nos dejaron de Isidro de Soutelo tocando en Villafranca.
Respecto a los cuartetos, el dúo de gaita y clarinete con percusión fue, como decíamos, el más renombrado, siendo menos habitual el dúo de gaitas. Conjuntos mayores también los hubo, aunque la gaita dio rápidamente el relevo a otros instrumentos de viento que formaron las músicas, orquestas o charangas. Podemos ejemplificarlo con una época de los Jilgueros o Gutiérrez de Vilar de Aceiro/Villar de Acero, que emplearon este formato de mezclar instrumentos modernos con gaitas.
Existieron otro tipo de conjuntos diferentes por los que también pasaron algunos gaiteiros de la zona. Por un lado, por ejemplo, los grupos de gaitas, cornetas y tambores que, además de establecerse en los tres ejércitos (mar, tierra y aire) tras la Guerra Civil y pasar algunos por ellos, también tuvieron presencia en Villafranca del Bierzo, donde en el año 1974 se estableció un conjunto de estas características para tocar en Semana Santa. Con gaitas tenemos también tanto el Cuartel Militar de Astorga como la Hermandad Jesús Obrero de León, con trayectoria de décadas.
Como grupos modernos bajo una estética gallega, siempre destacamos entre los ponferradinos a los Brisas del Sil, que dieron un relevo hasta la llegada de los que se formaron desde una perspectiva más folclórica, como fue la Escola de Gaitas de Villafranca del Bierzo o las primeras Bandas de Gaitas de la comarca, hace cerca de cuatro décadas.
Desde entonces, la variedad instrumental es totalmente libre y no siempre responde a esta herencia, pero nos da también una orientación de cómo la gaita pasa a ser un instrumento más, a veces sin esa carga de tradición.
Comenzamos un nuevo curso y, poco a poco, iremos contando todo lo que hemos preparado para estos próximos meses.
En Tocar Bajo Teito trabajamos alrededor de la música y el baile tradicional desde diferentes ámbitos y con distintas formas de acercarse a ellos. Este curso 2026/27 seguimos con la gaita, la pandereta y el canto, el baile tradicional, la flauta y el tambor y la percusión tradicional, además del trabajo en agrupaciones, porque aprender a tocar también es aprender a hacerlo con otros.
Hay propuestas para quien se acerca por primera vez y para quien lleva tiempo tocando, cantando o bailando y quiere seguir aprendiendo.
No se trata únicamente de aprender canciones, pasos o técnica. Nos interesa también saber qué estamos tocando, de dónde viene, cómo se hacía y entender un poco mejor todo lo que hay alrededor de ello.
Durante los próximos días iremos contando dónde estaremos, para quién son las clases y cómo participar. Por ahora empezamos por el principio:
Ha sido la Encina más rara que recuerdo. Y eso que aún no ha
acabado.
Teníamos que empezar el sábado con la Banda de Gaitas del
Centro Galicia en Ponferrada y un pasacalles por Flores del Sil, pero una
alerta por tormentas suspendió todos los actos de las fiestas durante la tarde.
Al final cada uno tendrá su opinión, pero igual podemos convenir que siempre es
mejor eso que lamentar. Nos quedamos a punto de salir, con todo preparado, pero
no pudo ser. Menos mal que Soto abrió la bodega y allí no entró la tempestad.
El domingo, antes de salir de casa para el Encuentro de
Tamboriteros, en Bembibre sí que caía una buena tormenta. Después abrió y
tuvimos todo el día un sol intratable.
Era la décima edición de un encuentro que sigue siendo,
sobre todo, una reunión de afición alrededor de estos instrumentos. Y la verdad
es que no salió mal. Tuvo sus momentos.
Siempre es agradable estar con Fernando Fernández, el último
tamboritero de los mayores que nos queda en la zona. Y encontrarse con amigos:
David Andrés, Edi, Longi, Josema, Dani, Diego Segura… Pasar un rato, conversar,
intercambiar impresiones. Hasta tocar.
Y me tocó algo bonito: cerrar el encuentro y despedir con la
flauta y el tambor a los gigantes mientras bailaban antes de retirarse al
zaguán del Ayuntamiento. Y de paso cumplir una de mis taritas: seguir
respetando y tocando piezas como esa jota que tocaba Adolfo, de Río de Montes
de Valdueza —uno de los varios músicos y tamboriteros de aquella localidad—,
intentando mantener la esencia de cómo lo hacía él, solo que equivocándome un
poco más.
Unos gigantes que tantas y tantas veces han sido
maltratados, olvidados y abandonados. Ahora están remozados y parece que el
futuro puede sonreírles. Nos encantaría. Pero veremos, que no sería la primera
vez que la ilusión se queda precisamente en eso: ilusión.
Antes de empezar tuvimos la salida en medio de un
macroencuentro entre carrera deportiva, entierro y foto de tamboriteros en la
plaza de Julio Lazúrtegui. De allí me fui tocando por el barrio que me
correspondía.
Y hasta me encontré con otro músico y acabamos hablando
precisamente de la ilusión. De la de los que vienen detrás. De esos que
queremos que algún día nos hagan mayores.
Y eso fue lo que vi cuando subí por el Rañadero.
Me encontré con Álvaro. Es de Chano, o Chan, depende de lo
modierno que sea uno. Y en él veo un relevo que ilusiona. Porque se acerca,
pregunta, quiere saber. Tiene respeto y formas, algo que no siempre es tan
habitual.
Y, lo más importante, le gusta.
Un tamboriteiro fornelo es diferente. No por ser de
Furniella, que tamién. Sino porque desde hace tiempo allí solo necesitan tocar
la Danza. Bueno, alguna cosa más hay, la alborada… Aun así el referente
principal para todos sigue siendo lo que tocaba Francisco, que era de L.larón.
Y Francisco tocaba muy distinto a como tocamos en el Bierzo y en la provincia.
Seguramente eso no le quitará a Álvaro aprender también
otras cosas, porque no es el único tamboriteiro que acabó aprendiendo los
toques de este lado.
Llevo dándole tantas vueltas a todo esto de las fiestas, del
Bierzo, de la flauta y el tambor, de la gaita, de los grupos… que esas pequeñas
cosas de un día de fiesta, como encontrarse con Álvaro, son ya de las pocas que
de verdad me ilusionan y me conmueven.
Porque la retranca está bien. Es necesaria. Y muchas veces
merecida, en todos los casos y en los muchísimos más que nos callamos. Los
egos, las chiquilladas de quienes hace mucho que dejaron de ser chiquillos…
Esas cosas también hay que decirlas.
Pero quizá hoy sea todavía más necesario generar algo que
hemos perdido: criterio.
Llevarse bien es importante. Ser cordiales, también. Y que
todo esto sea divertido, por supuesto.
Pero si hay criterio, entonces sí hay un futuro mejor.
Porque los que vengan detrás sabrán qué es todo eso que hoy
hacemos, qué había antes y qué cosas que hoy dejamos pasar en otro momento no
se habrían consentido bajo pena de excomunión severa y retirada de todos los
puntos. Igual ellos sí lo miman. Lo cuidan. Le dan el valor que nosotros no
hemos sabido conservar.
Después del Encuentro todavía quedaba el pasacalles por el
centro de Ponferrada con la Banda de Gaitas del Centro Galicia y, finalmente,
el Festival.
Pormenores y pormayores aparte —que los hubo— nosotros, como
pequeño homenaje a todos los grupos bercianos que tocaron repertorio gallego de
Galicia —cuatro de seis este año, sin incluirnos a nosotros—, subimos al
escenario y, además de lo esperable en un Centro Gallego, tocamos también una
de aquí.
Para desestabilizar un poco la media.
Y no sé, quizá, solo quizá, acercarnos a eso del criterio.
Si las reflexiones, darle vueltas y los sinsabores nos
llevan a algún sitio y algo mejora —ya que cambiar hemos aprendido que es
imposible—, igual merece la pena.
Por ahora parece lógico pensar que si, por ejemplo, hacemos
ver qué es un tema de procesión, cómo suena y cómo se tocaba, quizá la próxima
vez alguien no acepte que se toque cualquier cosa en un momento solemne. O, si
se hace, entenderá la transgresión, la performance o lo que quiera que sea en
su grupo folclórico. Que para romper algo tampoco viene mal saber primero qué
se está rompiendo.
Igual hay que probar, a ver qué pasa. El resto creo que lo
hemos intentado todo.
Porque cuando no hay criterio todo se aplana y se acaba
pensando que todo aquel que lleva una gaita al hombro es gaiteiro, pero igual
solo se la dejaron para la foto. Pero ya me lío, y esa historia es larga y
merece contarla otro día.
Así que mientras nuestros estudios sesudos y científicos no
arrojen resultados concluyentes, toca pasarlo bien con las fiestas. Por ahora
no salió mal: no llegamos a pegarnos. El listón está bajo, pero es lo que hay.
Ojo, que aún queda el día 8 y la Encinina, que no es poco.
Así que, ponferradinos e incluso bercianos, andarse al loro,
que ya se dijo siempre:
Para
la mayoría de los que estáis viendo este reel está bastante claro qué es una
gaita. O, por lo menos, qué llamamos aquí gaita.
El
resto igual no sabe que estamos en el Bierzo, ni dónde está esto, ni qué es una
gaita.
Porque
parece fácil saber qué es una gaita hasta que preguntamos dónde estamos y cómo
la llaman.
Aquí
una gaita es un instrumento de viento con una característica principal: varios
tubos pueden sonar a la vez y se alimentan del aire acumulado en un fuelle, un
fol. Es decir, se soplan indirectamente.
Pero
en otros lugares una gaita puede ser una dulzaina o un clarinete, una flauta de
tres agujeros, o este mismo instrumento puede ni siquiera llamarse gaita.
Sin
salir de la provincia de León, en el Bierzo y Cabrera se conoce
mayoritariamente como gaita o gaita gallega, mientras que en algunas zonas de
la montaña leonesa es el fole, nombre que encontramos también en Zamora.
En
esta zona del oeste, el modelo más habitual tiene únicamente dos elementos
sonoros: el punteiro, que hace la melodía, y el roncón, ronco o rumbón, que
mantiene una nota continua.
También
hemos encontrado instrumentos antiguos con otras configuraciones, construidos
en Galicia, aunque no hemos llegado a localizar instrumentos construidos aquí,
como podían ser, por ejemplo, los que hacían los Guichos en los Mazos de
Melezna.
Hoy
podemos ver además gaitas con otras configuraciones, algunas relativamente
recientes, que no siempre se corresponden con los modelos tradicionales
documentados en estos territorios.
Porque
aunque asociemos normalmente la gaita con Galicia o Asturias, este instrumento
es propio de muchos más lugares de la península y de fuera de lla. Y
probablemente su referente más reconocible internacionalmente sea la Great
Highland Bagpipe, la conocida como gaita escocesa.
Así
que saber qué es una gaita igual no era tan sencillo.
Una
cosa es saber qué instrumento tenemos delante. Otra saber quién lo tocaba, cómo
lo tocaba, dónde y para qué. Pero de eso hablaremos en las próximas gotas.
Y
si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo,
escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.
Hoy
solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este
río
Del Cuaderno de Campo
Los instrumentos antiguos se escapan en muchas ocasiones de los estereotipos y categorías que hemos definido en la actualidad. Hoy hablamos con bastante naturalidad de gaita gallega, gaita asturiana o gaita sanabresa, como si cada una de estas denominaciones correspondiese a un modelo perfectamente definido y estable.
Sin embargo, cuando acudimos a los instrumentos antiguos encontramos una realidad bastante más diversa.
Dentro de lo que hoy denominamos gaita gallega, por ejemplo, encontramos tradicionalmente una gran variedad de tipologías y configuraciones: gaitas de dos, tres o cuatro voces, diferentes disposiciones de los bordones e incluso gaitas de barquín.
Algo parecido ocurre con las digitaciones. La diferenciación actual entre digitación abierta y pechada no siempre permite describir lo que encontramos entre los músicos tradicionales. Existen diferentes formas de digitación pechada y, además, los propios gaiteiros no necesariamente emplean estos sistemas de una manera absolutamente rígida.
En Asturias, por ejemplo, el proceso de estandarización del instrumento ha supuesto también la generalización de determinadas formas de digitación, fundamentalmente vinculadas al modelo desarrollado en la zona central, y la adaptación de algunas posiciones en los instrumentos modernos.
Con las afinaciones sucede algo semejante. Hoy en día se han estandarizado afinaciones contemporáneas, tanto temperadas como de entonación justa. Los instrumentos antiguos presentan, sin embargo, una afinación mucho más variable, siempre en consonancia con la nota o notas pedal.
También encontramos entre los propios gaiteiros maneras tradicionales de diferenciar los instrumentos según su altura. Algunos de los músicos que hemos entrevistado hablan de gaitas grileiras, las más agudas; redondas, de afinación intermedia; y tumbales, las más graves. De una manera aproximada, podríamos establecer una equivalencia con gaitas en torno a Re para las grileiras, Do para las redondas y Si bemol para las tumbales.
Pero tampoco esta clasificación es uniforme. Otros gaiteiros que hemos entrevistado no conocían estas denominaciones o establecían únicamente una distinción entre gaitas grileiras y tumbales. Una vez más, las categorías no parecen funcionar como un sistema cerrado ni compartido necesariamente por todos los músicos.
Los instrumentos antiguos que hemos encontrado en la comarca muestran también procedencias muy diversas. Encontramos gaitas construidas en talleres gallegos muy conocidos, como el de O Marreco, en Ponteareas; Basilio Carril y su padre; o el taller Riobó, uno de los más antiguos de Galicia, junto a instrumentos procedentes de otros talleres menos conocidos de lugares como Láncara o Ferrol. Esto nos habla también de circulación de instrumentos, constructores y modelos más allá de los límites que hoy utilizamos para definir determinadas tradiciones.
Y si miramos los instrumentos utilizados actualmente en la comarca y en otros puntos de la provincia, encontramos también modelos contemporáneos. Por un lado están las denominadas gaitas marciales. Por otro, uno de los modelos más extendidos actualmente es el formado por punteiro, roncón y ronqueta, con esta última situada en el lado interior del fol. Es una configuración muy reconocible hoy, pero que no se corresponde con ningún modelo antiguo o tradicional documentado hasta el momento.
Todo esto hace difícil hablar de «la gaita» como si hubiese existido siempre un único modelo perfectamente definido.
Y ni siquiera el nombre del instrumento es uniforme. Una misma gran familia de instrumentos recibe distintas denominaciones según el territorio y la tradición: gaita, gaita de fol, gaita de foles, gaita de boto en Aragón, sac de gemecs en Catalunya o xeremies en Mallorca, entre otras.
Del mismo modo, la palabra gaita tampoco designa siempre este instrumento. En distintos lugares de la Península se ha utilizado —y se utiliza— para denominar otros aerófonos. Por eso, cuando encontramos históricamente una referencia a una «gaita» o a un «gaitero», el nombre por sí solo no siempre nos permite saber qué instrumento estaba sonando.
Pero hay una parte importante de nuestro trabajo que a veces enseñamos menos: enseñar.
Tocar Bajo Teito somos Denise Silva y Diego Bello. Estamos en el Bierzo y otros puntos cercanos y nos dedicamos, entre otras cosas, a enseñar música y baile tradicional.
Y decimos enseñar, aunque seguramente la palabra se quede un poco corta.
Porque aprender a tocar, cantar o bailar no consiste solamente en acumular canciones, pasos o recursos técnicos. Detrás de cada repertorio hay personas, lugares, maneras de hacer y formas de entender la música. Y creemos que conocer todo eso también forma parte del aprendizaje.
Amasar
Este curso hemos elegido una imagen para acompañarnos: unas manos amasando.
No es casual.
La tradición también se trabaja. Se toca, se canta, se baila, se escucha y se comparte. Se aprende de quienes estuvieron antes y cambia en las manos de quienes la practican ahora.
Como una masa, necesita tiempo. Hay que trabajarla, dejarla crecer y, sobre todo, mimarla.
Y eso es, en buena medida, lo que intentamos hacer en nuestras clases.
No buscamos únicamente que alguien aprenda una melodía, un acompañamiento o unos pasos. Queremos proporcionar herramientas para que pueda entender lo que está haciendo, hacerlo suyo y, con el tiempo, encontrar su propia manera de tocar, cantar o bailar.
Un nuevo curso
Durante septiembre y octubre iremos comenzando las actividades del curso 2026/27 en distintos lugares.
Hay espacio para quien se acerca por primera vez a un instrumento o al baile y para quien lleva años practicando y quiere seguir aprendiendo. Para niños y para adultos. Para quien quiere tocar individualmente, para quien quiere cantar o bailar y también para quien quiere compartir música formando parte de una agrupación.
No hace falta llegar sabiendo.
Tampoco hace falta tener claro hasta dónde quieres llegar.
A veces basta con tener curiosidad y empezar.
Durante las próximas semanas iremos contando aquí y en nuestras redes dónde estamos, qué enseñamos, para qué edades y niveles y de qué maneras puedes participar.
Y si no quieres esperar a que publiquemos toda esa información, puedes preguntarnos directamente. Sin compromiso.
Empieza septiembre y empezamos a amasar un nuevo curso.