lunes, 7 de septiembre de 2026

Croniqueta #15 (2026) – Fiestas de la Encina de Ponferrada

Ha sido la Encina más rara que recuerdo. Y eso que aún no ha acabado.

Teníamos que empezar el sábado con la Banda de Gaitas del Centro Galicia en Ponferrada y un pasacalles por Flores del Sil, pero una alerta por tormentas suspendió todos los actos de las fiestas durante la tarde. Al final cada uno tendrá su opinión, pero igual podemos convenir que siempre es mejor eso que lamentar. Nos quedamos a punto de salir, con todo preparado, pero no pudo ser. Menos mal que Soto abrió la bodega y allí no entró la tempestad.

 

El domingo, antes de salir de casa para el Encuentro de Tamboriteros, en Bembibre sí que caía una buena tormenta. Después abrió y tuvimos todo el día un sol intratable.

Era la décima edición de un encuentro que sigue siendo, sobre todo, una reunión de afición alrededor de estos instrumentos. Y la verdad es que no salió mal. Tuvo sus momentos.

Siempre es agradable estar con Fernando Fernández, el último tamboritero de los mayores que nos queda en la zona. Y encontrarse con amigos: David Andrés, Edi, Longi, Josema, Dani, Diego Segura… Pasar un rato, conversar, intercambiar impresiones. Hasta tocar.

Y me tocó algo bonito: cerrar el encuentro y despedir con la flauta y el tambor a los gigantes mientras bailaban antes de retirarse al zaguán del Ayuntamiento. Y de paso cumplir una de mis taritas: seguir respetando y tocando piezas como esa jota que tocaba Adolfo, de Río de Montes de Valdueza —uno de los varios músicos y tamboriteros de aquella localidad—, intentando mantener la esencia de cómo lo hacía él, solo que equivocándome un poco más.

Unos gigantes que tantas y tantas veces han sido maltratados, olvidados y abandonados. Ahora están remozados y parece que el futuro puede sonreírles. Nos encantaría. Pero veremos, que no sería la primera vez que la ilusión se queda precisamente en eso: ilusión.

 

Antes de empezar tuvimos la salida en medio de un macroencuentro entre carrera deportiva, entierro y foto de tamboriteros en la plaza de Julio Lazúrtegui. De allí me fui tocando por el barrio que me correspondía.

Y hasta me encontré con otro músico y acabamos hablando precisamente de la ilusión. De la de los que vienen detrás. De esos que queremos que algún día nos hagan mayores.

 

Y eso fue lo que vi cuando subí por el Rañadero.

Me encontré con Álvaro. Es de Chano, o Chan, depende de lo modierno que sea uno. Y en él veo un relevo que ilusiona. Porque se acerca, pregunta, quiere saber. Tiene respeto y formas, algo que no siempre es tan habitual.

Y, lo más importante, le gusta.

Un tamboriteiro fornelo es diferente. No por ser de Furniella, que tamién. Sino porque desde hace tiempo allí solo necesitan tocar la Danza. Bueno, alguna cosa más hay, la alborada… Aun así el referente principal para todos sigue siendo lo que tocaba Francisco, que era de L.larón. Y Francisco tocaba muy distinto a como tocamos en el Bierzo y en la provincia.

Seguramente eso no le quitará a Álvaro aprender también otras cosas, porque no es el único tamboriteiro que acabó aprendiendo los toques de este lado.

 

Llevo dándole tantas vueltas a todo esto de las fiestas, del Bierzo, de la flauta y el tambor, de la gaita, de los grupos… que esas pequeñas cosas de un día de fiesta, como encontrarse con Álvaro, son ya de las pocas que de verdad me ilusionan y me conmueven.

Porque la retranca está bien. Es necesaria. Y muchas veces merecida, en todos los casos y en los muchísimos más que nos callamos. Los egos, las chiquilladas de quienes hace mucho que dejaron de ser chiquillos… Esas cosas también hay que decirlas.

Pero quizá hoy sea todavía más necesario generar algo que hemos perdido: criterio.

Llevarse bien es importante. Ser cordiales, también. Y que todo esto sea divertido, por supuesto.

Pero si hay criterio, entonces sí hay un futuro mejor.

Porque los que vengan detrás sabrán qué es todo eso que hoy hacemos, qué había antes y qué cosas que hoy dejamos pasar en otro momento no se habrían consentido bajo pena de excomunión severa y retirada de todos los puntos. Igual ellos sí lo miman. Lo cuidan. Le dan el valor que nosotros no hemos sabido conservar.

Después del Encuentro todavía quedaba el pasacalles por el centro de Ponferrada con la Banda de Gaitas del Centro Galicia y, finalmente, el Festival.

Pormenores y pormayores aparte —que los hubo— nosotros, como pequeño homenaje a todos los grupos bercianos que tocaron repertorio gallego de Galicia —cuatro de seis este año, sin incluirnos a nosotros—, subimos al escenario y, además de lo esperable en un Centro Gallego, tocamos también una de aquí.

Para desestabilizar un poco la media.

Y no sé, quizá, solo quizá, acercarnos a eso del criterio.

Si las reflexiones, darle vueltas y los sinsabores nos llevan a algún sitio y algo mejora —ya que cambiar hemos aprendido que es imposible—, igual merece la pena.

Por ahora parece lógico pensar que si, por ejemplo, hacemos ver qué es un tema de procesión, cómo suena y cómo se tocaba, quizá la próxima vez alguien no acepte que se toque cualquier cosa en un momento solemne. O, si se hace, entenderá la transgresión, la performance o lo que quiera que sea en su grupo folclórico. Que para romper algo tampoco viene mal saber primero qué se está rompiendo.

Igual hay que probar, a ver qué pasa. El resto creo que lo hemos intentado todo.

Porque cuando no hay criterio todo se aplana y se acaba pensando que todo aquel que lleva una gaita al hombro es gaiteiro, pero igual solo se la dejaron para la foto. Pero ya me lío, y esa historia es larga y merece contarla otro día.

Así que mientras nuestros estudios sesudos y científicos no arrojen resultados concluyentes, toca pasarlo bien con las fiestas. Por ahora no salió mal: no llegamos a pegarnos. El listón está bajo, pero es lo que hay. Ojo, que aún queda el día 8 y la Encinina, que no es poco.

Así que, ponferradinos e incluso bercianos, andarse al loro, que ya se dijo siempre:

Ya viene la Encina,
ya vienen los fuegos,
ya vienen los tontos
de todos los pueblos.
















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