La tradición es como un río y hoy vamos a hablar de una gota.
Cuando hablamos del patrimonio inmaterial y, en concreto, de
la música tradicional, tendemos a simplificar y caer en algunos tópicos. Hoy
queremos mirar más allá de los instrumentos más conocidos y de los músicos que
habitualmente eran contratados para las celebraciones.
En nuestra zona hablamos de tamboriteros, que tocaban la flauta y el tambor; gaiteros; músicos de caja y bombo e incluso clarinetistas. También aparece el acordeón, aunque tiene unas características bastante diferentes de las de los instrumentos que acabamos de nombrar.
Pero había otros instrumentos que tenían un papel fundamental. El más conocido seguramente sea la pandereta, pandareta o pandeira: percusiones de mano que acompañaban al canto y que tenían una presencia especialmente importante en las celebraciones y en el baile.
Y hablando de baile, tampoco podemos olvidarnos de las castañuelas, utilizadas tanto para acompañar como para interpretar determinadas danzas
También se hacía música con objetos que no habían sido
creados como instrumentos. Es el caso de las conchas o carraconchas, vieiras
que se raspaban para acompañar el canto. O de las tapaderas metálicas, como las
que podemos escuchar en unas grabaciones muy interesantes de Pereda de Ancares.
Y tenemos los instrumentos de juego, fabricados por los
propios niños y niñas: pipas, gaitas y flautas de castaño, pradairo o arce, o
de centeno. Algunos servían también como iniciación para futuros músicos;
otros, como la castañuela de nabo, eran simplemente juguetes.
Y terminamos con un elemento al que no siempre prestamos
atención cuando hablamos de instrumentos: las campanas. Forman parte de nuestro
paisaje sonoro, han sido durante siglos un medio de comunicación y siguen
siendo un elemento importante de la identidad de muchas localidades.
Hoy solo hemos hablado de una gota, porque la organología
tradicional es mucho más amplia. La semana que viene seguiremos bebiendo de
ella.
Y si quieres seguir profundizando en estas o en otras
tradiciones, para aprender, escuchar o simplemente curiosear, ya sabes dónde
encontrarnos.
Del Cuaderno de Campo
Hablar de otros instrumentos dentro de la tradición nos lleva a darnos cuenta de que la música tradicional no estaba aislada de la vida cotidiana. Como comentábamos en el vídeo, además de los instrumentos que se contrataban para las fiestas, existían otros muchos elementos que acompañaban el baile, el canto, las labores o el juego. Pero en esta ocasión hemos querido detenernos en el Cuaderno de Campo en uno al que no siempre prestamos la atención que merece como instrumento musical: las campanas.
Las campanas son un punto importante dentro de nuestra tradición, no solo por su transmisión oral, sino porque el toque manual está considerado un verdadero lenguaje sonoro. De hecho, cuenta con el reconocimiento como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial en España desde 2019 y fue inscrito por la UNESCO en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en noviembre de 2022.
Sus toques son ampliamente conocidos por la gente en general: a muerto, a concejo, a fuego, tentenube, bébora, fiesta… Curiosamente, para recordar algunos de estos toques o enseñarlos, se utilizaban pequeñas retahílas o frases rítmicas. Es el caso de algunos toques de fiesta que se transmiten mediante frasecillas como:
«Volan, volan, volandera…»
o
«Calentura, dura, dura, calentura…»
Además, las campanas tienen una capa más, y es que forman parte de la propia identidad de cada población. Así lo recogen refranes populares tan conocidos en nuestro entorno como aquel de: «las campanas y el pendón del pueblo son». La búsqueda de un sonido concreto, la afinación y la tímbrica hacen de la campana un instrumento en toda regla, pensado y construido para ser tocado.
En nuestra zona las campanas se tocan habitualmente a pares —combinando una más grave con otra más aguda—, aunque también encontramos alguna excepción con una única campana.
Hoy en día conviven los toques manuales con sistemas automáticos y con grabaciones que se amplifican desde los campanarios. Sin embargo, siguen existiendo otras prácticas que destacan más por su espectacularidad y por el propio rito que por su dificultad técnica, como es el volteo de las campanas.
En los últimos años, los encuentros de campaneros han sido fundamentales para revitalizar una tradición que en muchas localidades ya se había dejado de practicar. La labor del asociacionismo y el reconocimiento social que se ha ido logrando nos ayudan a ser hoy más conscientes del valor de esta parte de nuestro patrimonio sonoro.







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