La tradición es como un río y hoy vamos a hablar de una gota.
En muchos lugares perviven danzas rituales, algunas desde
hace siglos. No solo en la península ibérica ni en Europa; también en América
podemos encontrar manifestaciones similares.
En el noroeste tenemos numerosos ejemplos y, en nuestra provincia, algunas danzas siguen siendo citas ineludibles cada año, como las de Laguna de Negrillos, los Pastores de Joarilla de las Matas, las Cantaderas de la ciudad de León, Carrizo de la Ribera o Pobladura de Pelayo García, entre otras.
En estos casos hablamos de danzas conservadas y transmitidas
principalmente por los propios vecinos, vinculadas a celebraciones y rituales
de sus comunidades.
En nuestra comarca, el Bierzo, durante el pasado siglo
dejaron de ejecutarse algunas de estas danzas, aunque conservamos documentación
de su existencia.
Es el caso de Bembibre, cuya danza aparece descrita en el
libro Cómo se forjó un ideal. Historia viviente del luchador infatigable
José Castro González, de Maximino Pascual; Ponferrada, de la que nos
informa Menéndez Pidal; Albares de la Ribera, donde se realizaba en torno a la
Navidad y de la que encontramos testimonios orales y escritos; o la danza que
realizaban entre los vecinos de Suertes de Ancares y Espinareda de Ancares,
Sortes y Espiñeireda.
De Molinaseca también conservamos referencias a una danza en distintas fuentes del siglo pasado, incluso algunas de sus melodías escritas en partitura, interpretadas por el tamboritero Victoriano Prieto, el Sapín.
Cerca de aquí, en Maragatería, también se realizaban danzas
en numerosas localidades, acompañadas por tamboriteros y, en algún caso, por
gaita o por gaita y flauta y tambor.
De todas ellas han llegado hasta nuestros días, con mejor suerte, las danzas de Val de San Lorenzo, gracias también a su grupo folclórico maragato. Una agrupación que continúa interpretándolas dentro y fuera de la localidad y cuya trayectoria se remonta, a través de distintas generaciones, a más de cien años.
En la vecina Cabrera encontramos igualmente ejemplos de danzas rituales, algunas acompañadas por la gaita, como la de Nogar, que se interpretó por última vez en 1939; la de Santa Eulalia, de la que conservamos fotografías; la que se realizaba en Cunas; o la de Corporales, que se ha venido realizando intermitentemente hasta nuestros días.
De algunas de estas manifestaciones, Concha Casado llegó a
documentar textos de los autos teatrales que las acompañaban.
Y debemos señalar también la Danza de las Serranas de Cunas, interpretada con panderetas y relacionada con la Navidad y el ramo.
Pero, además de todos estos ejemplos, tenemos uno de los
conjuntos de danzas vivas más interesantes en el valle de Fornela, donde
encontramos manifestaciones que conectan directamente con las danzas rituales
que se realizan, o se realizaban, al otro lado del puerto, en el suroccidente
asturiano.
En este valle se perdió la danza de Faro y la de Guímara dejó
de realizarse durante varias décadas, aunque posteriormente fue recuperada.
Por su parte, las danzas de Chano y Peranzanes se han
mantenido de forma ininterrumpida, mientras que la de Trascastro también se
viene realizando a veces con menos continuidad.
Si te interesan estos ritos y quieres conocer este
patrimonio, es más que recomendable subir en verano a las fiestas y presenciar
las danzas. Y, a poder ser, hacerlo al lado de alguien que pueda explicarte lo
que está ocurriendo: los puestos que ocupa cada participante, las figuras que
realizan y el significado de cada parte de la celebración.
Porque conocer una danza es mucho más que ver sus
movimientos.
El próximo día seguiremos hablando de danzas. Hoy solo hemos
visto una gota.
Si quieres aprender, curiosear o escuchar más sobre esta y
otras tradiciones, ya sabes dónde encontrarnos.
La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.
Del Cuaderno de Campo
En la anterior entrega de esta serie hablamos de las
características de las danzas rituales y de algunas de las primeras referencias
documentales que conocemos en nuestra comarca. También nos acercamos a su
vinculación con las celebraciones religiosas, los gremios y las comunidades que
las mantenían.
La documentación es muy desigual. De algunas danzas
conocemos apenas su existencia, mientras que de otras conservamos descripciones
relativamente detalladas de sus personajes, músicas, coreografías y
representaciones teatrales.
Una de las referencias más interesantes que hemos encontrado
corresponde a Villafranca del Bierzo en 1626, con motivo de la celebración del
Voto de la Inmaculada Concepción.
Durante aquella jornada se realizaron diferentes actos
religiosos y festivos, acompañados por el sonido de campanas, tamboriles y
gaitas. Tras la celebración de la misa, los alumnos de la escuela de los
jesuitas representaron dos danzas sobre un tablado preparado para la ocasión.
Una de ellas estaba formada por ocho pastorcillos y la otra
por ocho pastorcillas. Los primeros ejecutaban paloteados y las segundas
realizaban diferentes evoluciones con cintas de colores que pendían de unas
andas transportadas por dos ángeles. Sobre ellas se encontraba una
representación de la Virgen de la Inmaculada Concepción.
También se interpretaban coloquios teatrales y diferentes
lazos y mudanzas, combinando música, danza y representación.
Encontramos otro episodio interesante en 1632, cuando el
Ayuntamiento de Ponferrada envió a unos regidores al monasterio de Nuestra
Señora de la Peña, en Congosto, donde concurría un número importante de danzas.
Su cometido era escoger una de ellas para que participase en las procesiones
del Corpus y su octava.
En 1654 encontramos otra contratación, esta vez realizada en
Cubillos, para que los danzantes de Congosto participasen en la procesión del
Santísimo Sacramento el lunes de Corpus.
Estas referencias nos muestran también algo importante: las
danzas podían desplazarse de unas poblaciones a otras para participar en
celebraciones, y su presencia en una localidad no significa necesariamente que
perteneciesen a ella.
Una de las descripciones más completas que conocemos para el
Bierzo Alto aparece en el libro Cómo se forjó un ideal. Historia viviente
del luchador infatigable José Castro González, de Maximino Pascual.
En él se relata una danza que se realizaba con motivo de las
fiestas del Cristo de Bembibre, celebradas en septiembre en torno al santuario
del Ecce-Homo.
La danza estaba formada por diez danzantes, un gracioso, una
dama y los embajadores de un rey cristiano y otro moro.
Al comenzar las fiestas, los danzantes acudían a casa del
sacerdote para acompañarlo hasta el santuario, interpretando saltos y zapatetas
al son de los tamboriles del país.
Posteriormente, en la explanada del santuario, se
desarrollaba una representación que incluía un juego de palos y diálogos entre
los personajes. Los embajadores de los dos reyes protagonizaban un
enfrentamiento, mientras que la dama intervenía y el gracioso introducía un
componente burlesco.
Este último portaba un palo con un erizo clavado en su
extremo, que utilizaba para sus bromas e incluso para coger alguna fruta de las
cestas del mercado.
Por el contexto biográfico de la obra podemos situar lo
descrito en el siglo XIX, en una época próxima a la juventud de José Castro
González, que cumplía veinte años en 1886.
La descripción es especialmente interesante porque permite
conocer algo más que la parte coreográfica: encontramos personajes
diferenciados, un argumento teatral, música de tamboriteros y una relación
directa con la celebración religiosa y los espectadores.
En Albares de la Ribera encontramos otro ejemplo que hemos
podido conocer gracias a la combinación de testimonios orales y documentación
escrita.
Petra Inés Fernández Fernández nos habló de una danza en la
que había participado su padre durante su juventud. Según sus recuerdos, se
trataba de una representación masculina acompañada por chifla y tambor, con
personajes que representaban a moros y cristianos.
También aparecía un personaje conocido como el Duende, que
portaba una vejiga y desempeñaba una función que podemos relacionar con otros
personajes burlescos presentes en las danzas de la provincia.
A partir de estas informaciones localizamos un artículo
titulado «Tradiciones navideñas de Albares», publicado en enero de 1983 en el
número 3 de la revista Albarada.
En él se describe una celebración que tenía lugar la víspera
de Reyes, dentro de la iglesia, y cuya memoria todavía conservaban algunos de
los vecinos de mayor edad.
La representación incluía diálogos y enfrentamientos entre
soldados moros y cristianos, con personajes como la dama, el mayordomo y los
llamados buraqueros.
Estos últimos portaban una cacha rematada con un erizo, un
elemento que recuerda al descrito en Bembibre y que encontramos también en
otras danzas.
En el desarrollo de la representación aparecían lazos de
palos y espadas. Tras el enfrentamiento, vencían los cristianos y el buraquero
pasaba entre los participantes.
La celebración concluía con coplas burlescas que hacían
referencia a acontecimientos ocurridos durante aquel año.
Otro detalle especialmente llamativo es que en los textos,
junto a los personajes de moros y cristianos, aparecían referencias a Napoleón.
No es el único caso en el que estas representaciones incorporaron personajes o
acontecimientos relacionados con la guerra contra los franceses.
Según la información publicada en Albarada, la
celebración llegó a despertar suficiente interés como para atraer a vecinos de
otras localidades.
Nos encontramos, por tanto, ante una manifestación vinculada
al ciclo navideño que reunía danza, música, representación teatral y elementos
burlescos, con unas características que podemos relacionar con otras danzas
documentadas en el Bierzo y en la provincia de León.
En otros casos, la información conservada es
considerablemente menor.
Rosa Abella, vecina de Espinareda de Ancares, nos habló de
una danza en la que había participado su padre, realizada conjuntamente por
jóvenes de Espinareda y Suertes de Ancares.
Entre los músicos relacionados con esta manifestación
mencionaba al conocido como Tío Vitán, de Tormaleo, en Asturias.
También encontramos referencias a Francisco Rodríguez
García, de La Viliella, en Cangas del Narcea, tamboritero que llegó a
interpretar música para las danzas del valle de Fornela hasta su fallecimiento
en 1991.
Estos datos son interesantes por las relaciones musicales
que nos muestran entre localidades situadas a ambos lados de la actual división
administrativa entre León y Asturias.
En este territorio, los músicos se desplazaban para
participar en fiestas y celebraciones, transmitiendo repertorios y manteniendo
vínculos entre comunidades próximas.
Sin embargo, en el caso de la danza de Suertes y Espinareda,
hasta el momento no hemos encontrado documentación suficiente para conocer con
detalle su desarrollo, sus personajes o las melodías que se interpretaban.
Es precisamente uno de los ejemplos de cómo la memoria oral
puede conservar noticias de manifestaciones que apenas han dejado otros
testimonios.
Junto a los documentos de archivo y los testimonios orales,
las publicaciones de carácter literario y costumbrista también aportan
información valiosa.
En los Ensayos poéticos en dialecto berciano,
publicados por Antonio Fernández Morales en 1861, encontramos una descripción
de una danza vinculada a la celebración de San Roque en Paradela.
En el vocabulario que acompaña la obra aparecen términos
relacionados con estas manifestaciones, como chifra o Dama. Esta
última se define como un muchacho vestido de niña con tonelete blanco.
Por su parte, Acacio Cáceres Prat describió en El Vierzo.
Su descripción é Historia. Tradiciones y Leyendas, publicado en 1883, la
presencia de danzantes en la procesión de la Virgen de la Encina de Ponferrada
y el personaje conocido como Calaverote.
Ya en 1934, Verardo García Rey publicó su Vocabulario del
Bierzo, donde encontramos información sobre la danza de Molinaseca. En él
aparecen términos como Caravelote, Dama o palitroqueo y se
describe una formación de ocho danzantes acompañados por otros personajes y un
tamboritero.
En relación con esta última danza conservamos también
documentación musical de especial interés. El 27 de agosto de 1946, el
recopilador Juan Tomás transcribió nueve melodías interpretadas por Victoriano
Prieto Becerra, conocido como el Sapo o Sapín, tamboritero residente en
Molinaseca.
Estas transcripciones forman parte de la Misión número 19 y
aparecen entre los números 249 y 257. De las nueve piezas, tres están
relacionadas directamente con la danza: Danza de las cintas, Danza de
paloteos (la Valenciana) y Danza de paloteos.
En la ficha de la primera, Juan Tomás explica que los
danzantes trenzaban y destrenzaban cintas de colores que pendían de un palo
sostenido por uno de los participantes, situado en el centro del corro.
Respecto a los paloteos, señala que eran ejecutados
únicamente por hombres provistos de palos cortos y recios, con los que
realizaban golpes rítmicos cuando la música lo requería. Sin embargo, también
indica que el tamboritero no proporcionó más detalles sobre su ejecución.
Estas partituras tienen un valor documental considerable, ya
que nos permiten conocer algunas de las melodías vinculadas a la danza de
Molinaseca. No obstante, únicamente recogen la línea melódica de la flauta y no
incluyen la parte de tambor, por lo que desconocemos el acompañamiento rítmico
que se realizaba.
Tampoco disponemos, a través de estas fichas, de información
suficiente para reconstruir las coreografías completas de los paloteos. Una vez
más, nos encontramos con documentos que conservan una parte importante de la
manifestación, pero no todos los elementos que la componían.
La melodía de la danza de las cintas aparece también en el
cancionero berciano de Federico Fernández Luaña, con recopilaciones musicales
de Amador Diéguez Ayerbe, publicado en 1977. En esta ocasión figura con el
título Danza con tamboril y la indicación entre paréntesis Danza de
las cintas, sin aportar mayores detalles sobre su interpretación.
Conviene señalar que en nuestra comarca la denominación
popular del instrumento que acompaña a la flauta es habitualmente tambor,
aunque en estas publicaciones encontremos también el término tamboril.
La conservación de estas melodías nos permite acercarnos a
una parte del repertorio de Victoriano Prieto, pero también nos recuerda la
importancia de diferenciar entre las músicas que sabemos que estuvieron
vinculadas a una danza y otras piezas del repertorio de los mismos tamboriteros
cuya relación con ella no está documentada.
Estos documentos, junto con las descripciones escritas, son
especialmente útiles para comparar personajes, denominaciones y elementos de
distintas danzas. Sin embargo, debemos tener presente el carácter de cada
fuente y evitar suponer que las semejanzas implican necesariamente que las
manifestaciones fuesen idénticas.
A veces contamos con noticias de su contratación o
participación en una procesión; otras veces disponemos de descripciones de sus
personajes, textos, indumentarias o música. Y en ocasiones únicamente tenemos
el testimonio de alguien que llegó a conocerlas.
Por eso consideramos importante seguir reuniendo y
contrastando documentación, sin dar por conocidos aquellos aspectos de los que
realmente carecemos de información.
Las fuentes escritas, las fotografías, las partituras y los
testimonios orales pueden ayudarnos a conocer mejor estas manifestaciones, pero
también nos muestran los límites de aquello que sabemos.
Todavía pueden aparecer nuevos documentos y testimonios que
permitan ampliar, matizar o incluso corregir algunos de los datos que hemos ido
recopilando.
Mientras tanto, compartir esta información es también una
forma de contribuir al conocimiento de nuestro patrimonio cultural y de
reconocer a aquellas personas que, participando en estas celebraciones o
transmitiendo sus recuerdos, han permitido que parte de su memoria haya llegado
hasta nosotros. Todo ello entendiendo que este texto no es más que un resumen de los muchos datos que hemos ido recopilando con los años.







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