miércoles, 21 de octubre de 2026

💧 Gota de Tradición #18 - La Danza (2/3): ¿Quedan Danzas?

La tradición es como un río y hoy vamos a hablar de una gota.

En muchos lugares perviven danzas rituales, algunas desde hace siglos. No solo en la península ibérica ni en Europa; también en América podemos encontrar manifestaciones similares.

En el noroeste tenemos numerosos ejemplos y, en nuestra provincia, algunas danzas siguen siendo citas ineludibles cada año, como las de Laguna de Negrillos, los Pastores de Joarilla de las Matas, las Cantaderas de la ciudad de León, Carrizo de la Ribera o Pobladura de Pelayo García, entre otras.



En estos casos hablamos de danzas conservadas y transmitidas principalmente por los propios vecinos, vinculadas a celebraciones y rituales de sus comunidades.

En nuestra comarca, el Bierzo, durante el pasado siglo dejaron de ejecutarse algunas de estas danzas, aunque conservamos documentación de su existencia.

Es el caso de Bembibre, cuya danza aparece descrita en el libro Cómo se forjó un ideal. Historia viviente del luchador infatigable José Castro González, de Maximino Pascual; Ponferrada, de la que nos informa Menéndez Pidal; Albares de la Ribera, donde se realizaba en torno a la Navidad y de la que encontramos testimonios orales y escritos; o la danza que realizaban entre los vecinos de Suertes de Ancares y Espinareda de Ancares, Sortes y Espiñeireda.

De Molinaseca también conservamos referencias a una danza en distintas fuentes del siglo pasado, incluso algunas de sus melodías escritas en partitura, interpretadas por el tamboritero Victoriano Prieto, el Sapín.




Cerca de aquí, en Maragatería, también se realizaban danzas en numerosas localidades, acompañadas por tamboriteros y, en algún caso, por gaita o por gaita y flauta y tambor.

De todas ellas han llegado hasta nuestros días, con mejor suerte, las danzas de Val de San Lorenzo, gracias también a su grupo folclórico maragato. Una agrupación que continúa interpretándolas dentro y fuera de la localidad y cuya trayectoria se remonta, a través de distintas generaciones, a más de cien años.


En la vecina Cabrera encontramos igualmente ejemplos de danzas rituales, algunas acompañadas por la gaita, como la de Nogar, que se interpretó por última vez en 1939; la de Santa Eulalia, de la que conservamos fotografías; la que se realizaba en Cunas; o la de Corporales, que se ha venido realizando intermitentemente hasta nuestros días.



De algunas de estas manifestaciones, Concha Casado llegó a documentar textos de los autos teatrales que las acompañaban.

Y debemos señalar también la Danza de las Serranas de Cunas, interpretada con panderetas y relacionada con la Navidad y el ramo.

Pero, además de todos estos ejemplos, tenemos uno de los conjuntos de danzas vivas más interesantes en el valle de Fornela, donde encontramos manifestaciones que conectan directamente con las danzas rituales que se realizan, o se realizaban, al otro lado del puerto, en el suroccidente asturiano.

En este valle se perdió la danza de Faro y la de Guímara dejó de realizarse durante varias décadas, aunque posteriormente fue recuperada.

Por su parte, las danzas de Chano y Peranzanes se han mantenido de forma ininterrumpida, mientras que la de Trascastro también se viene realizando a veces con menos continuidad.

Si te interesan estos ritos y quieres conocer este patrimonio, es más que recomendable subir en verano a las fiestas y presenciar las danzas. Y, a poder ser, hacerlo al lado de alguien que pueda explicarte lo que está ocurriendo: los puestos que ocupa cada participante, las figuras que realizan y el significado de cada parte de la celebración.

Porque conocer una danza es mucho más que ver sus movimientos.

El próximo día seguiremos hablando de danzas. Hoy solo hemos visto una gota.

Si quieres aprender, curiosear o escuchar más sobre esta y otras tradiciones, ya sabes dónde encontrarnos.

La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.






Del Cuaderno de Campo


En la anterior entrega de esta serie hablamos de las características de las danzas rituales y de algunas de las primeras referencias documentales que conocemos en nuestra comarca. También nos acercamos a su vinculación con las celebraciones religiosas, los gremios y las comunidades que las mantenían.

En esta ocasión queremos detenernos en algunos ejemplos concretos y ampliar la información que hemos presentado en el vídeo. Para ello recurriremos a documentos históricos, publicaciones, recopilaciones musicales y testimonios orales que hemos ido reuniendo a lo largo de los años.

La documentación es muy desigual. De algunas danzas conocemos apenas su existencia, mientras que de otras conservamos descripciones relativamente detalladas de sus personajes, músicas, coreografías y representaciones teatrales.

Una de las referencias más interesantes que hemos encontrado corresponde a Villafranca del Bierzo en 1626, con motivo de la celebración del Voto de la Inmaculada Concepción.

Durante aquella jornada se realizaron diferentes actos religiosos y festivos, acompañados por el sonido de campanas, tamboriles y gaitas. Tras la celebración de la misa, los alumnos de la escuela de los jesuitas representaron dos danzas sobre un tablado preparado para la ocasión.

Una de ellas estaba formada por ocho pastorcillos y la otra por ocho pastorcillas. Los primeros ejecutaban paloteados y las segundas realizaban diferentes evoluciones con cintas de colores que pendían de unas andas transportadas por dos ángeles. Sobre ellas se encontraba una representación de la Virgen de la Inmaculada Concepción.

También se interpretaban coloquios teatrales y diferentes lazos y mudanzas, combinando música, danza y representación.

Encontramos otro episodio interesante en 1632, cuando el Ayuntamiento de Ponferrada envió a unos regidores al monasterio de Nuestra Señora de la Peña, en Congosto, donde concurría un número importante de danzas. Su cometido era escoger una de ellas para que participase en las procesiones del Corpus y su octava.

En 1654 encontramos otra contratación, esta vez realizada en Cubillos, para que los danzantes de Congosto participasen en la procesión del Santísimo Sacramento el lunes de Corpus.

Estas referencias nos muestran también algo importante: las danzas podían desplazarse de unas poblaciones a otras para participar en celebraciones, y su presencia en una localidad no significa necesariamente que perteneciesen a ella.

Una de las descripciones más completas que conocemos para el Bierzo Alto aparece en el libro Cómo se forjó un ideal. Historia viviente del luchador infatigable José Castro González, de Maximino Pascual.

En él se relata una danza que se realizaba con motivo de las fiestas del Cristo de Bembibre, celebradas en septiembre en torno al santuario del Ecce-Homo.

La danza estaba formada por diez danzantes, un gracioso, una dama y los embajadores de un rey cristiano y otro moro.

Al comenzar las fiestas, los danzantes acudían a casa del sacerdote para acompañarlo hasta el santuario, interpretando saltos y zapatetas al son de los tamboriles del país.

Posteriormente, en la explanada del santuario, se desarrollaba una representación que incluía un juego de palos y diálogos entre los personajes. Los embajadores de los dos reyes protagonizaban un enfrentamiento, mientras que la dama intervenía y el gracioso introducía un componente burlesco.

Este último portaba un palo con un erizo clavado en su extremo, que utilizaba para sus bromas e incluso para coger alguna fruta de las cestas del mercado.

Por el contexto biográfico de la obra podemos situar lo descrito en el siglo XIX, en una época próxima a la juventud de José Castro González, que cumplía veinte años en 1886.

La descripción es especialmente interesante porque permite conocer algo más que la parte coreográfica: encontramos personajes diferenciados, un argumento teatral, música de tamboriteros y una relación directa con la celebración religiosa y los espectadores.

En Albares de la Ribera encontramos otro ejemplo que hemos podido conocer gracias a la combinación de testimonios orales y documentación escrita.

Petra Inés Fernández Fernández nos habló de una danza en la que había participado su padre durante su juventud. Según sus recuerdos, se trataba de una representación masculina acompañada por chifla y tambor, con personajes que representaban a moros y cristianos.

También aparecía un personaje conocido como el Duende, que portaba una vejiga y desempeñaba una función que podemos relacionar con otros personajes burlescos presentes en las danzas de la provincia.

A partir de estas informaciones localizamos un artículo titulado «Tradiciones navideñas de Albares», publicado en enero de 1983 en el número 3 de la revista Albarada.

En él se describe una celebración que tenía lugar la víspera de Reyes, dentro de la iglesia, y cuya memoria todavía conservaban algunos de los vecinos de mayor edad.

La representación incluía diálogos y enfrentamientos entre soldados moros y cristianos, con personajes como la dama, el mayordomo y los llamados buraqueros.

Estos últimos portaban una cacha rematada con un erizo, un elemento que recuerda al descrito en Bembibre y que encontramos también en otras danzas.

En el desarrollo de la representación aparecían lazos de palos y espadas. Tras el enfrentamiento, vencían los cristianos y el buraquero pasaba entre los participantes.

La celebración concluía con coplas burlescas que hacían referencia a acontecimientos ocurridos durante aquel año.

Otro detalle especialmente llamativo es que en los textos, junto a los personajes de moros y cristianos, aparecían referencias a Napoleón. No es el único caso en el que estas representaciones incorporaron personajes o acontecimientos relacionados con la guerra contra los franceses.

Según la información publicada en Albarada, la celebración llegó a despertar suficiente interés como para atraer a vecinos de otras localidades.

Nos encontramos, por tanto, ante una manifestación vinculada al ciclo navideño que reunía danza, música, representación teatral y elementos burlescos, con unas características que podemos relacionar con otras danzas documentadas en el Bierzo y en la provincia de León.

En otros casos, la información conservada es considerablemente menor.

Rosa Abella, vecina de Espinareda de Ancares, nos habló de una danza en la que había participado su padre, realizada conjuntamente por jóvenes de Espinareda y Suertes de Ancares.

Entre los músicos relacionados con esta manifestación mencionaba al conocido como Tío Vitán, de Tormaleo, en Asturias.

También encontramos referencias a Francisco Rodríguez García, de La Viliella, en Cangas del Narcea, tamboritero que llegó a interpretar música para las danzas del valle de Fornela hasta su fallecimiento en 1991.

Estos datos son interesantes por las relaciones musicales que nos muestran entre localidades situadas a ambos lados de la actual división administrativa entre León y Asturias.

En este territorio, los músicos se desplazaban para participar en fiestas y celebraciones, transmitiendo repertorios y manteniendo vínculos entre comunidades próximas.

Sin embargo, en el caso de la danza de Suertes y Espinareda, hasta el momento no hemos encontrado documentación suficiente para conocer con detalle su desarrollo, sus personajes o las melodías que se interpretaban.

Es precisamente uno de los ejemplos de cómo la memoria oral puede conservar noticias de manifestaciones que apenas han dejado otros testimonios.

Junto a los documentos de archivo y los testimonios orales, las publicaciones de carácter literario y costumbrista también aportan información valiosa.

En los Ensayos poéticos en dialecto berciano, publicados por Antonio Fernández Morales en 1861, encontramos una descripción de una danza vinculada a la celebración de San Roque en Paradela.

En el vocabulario que acompaña la obra aparecen términos relacionados con estas manifestaciones, como chifra o Dama. Esta última se define como un muchacho vestido de niña con tonelete blanco.

Por su parte, Acacio Cáceres Prat describió en El Vierzo. Su descripción é Historia. Tradiciones y Leyendas, publicado en 1883, la presencia de danzantes en la procesión de la Virgen de la Encina de Ponferrada y el personaje conocido como Calaverote.

Ya en 1934, Verardo García Rey publicó su Vocabulario del Bierzo, donde encontramos información sobre la danza de Molinaseca. En él aparecen términos como Caravelote, Dama o palitroqueo y se describe una formación de ocho danzantes acompañados por otros personajes y un tamboritero.

En relación con esta última danza conservamos también documentación musical de especial interés. El 27 de agosto de 1946, el recopilador Juan Tomás transcribió nueve melodías interpretadas por Victoriano Prieto Becerra, conocido como el Sapo o Sapín, tamboritero residente en Molinaseca.

Estas transcripciones forman parte de la Misión número 19 y aparecen entre los números 249 y 257. De las nueve piezas, tres están relacionadas directamente con la danza: Danza de las cintas, Danza de paloteos (la Valenciana) y Danza de paloteos.

En la ficha de la primera, Juan Tomás explica que los danzantes trenzaban y destrenzaban cintas de colores que pendían de un palo sostenido por uno de los participantes, situado en el centro del corro.

Respecto a los paloteos, señala que eran ejecutados únicamente por hombres provistos de palos cortos y recios, con los que realizaban golpes rítmicos cuando la música lo requería. Sin embargo, también indica que el tamboritero no proporcionó más detalles sobre su ejecución.

Estas partituras tienen un valor documental considerable, ya que nos permiten conocer algunas de las melodías vinculadas a la danza de Molinaseca. No obstante, únicamente recogen la línea melódica de la flauta y no incluyen la parte de tambor, por lo que desconocemos el acompañamiento rítmico que se realizaba.

Tampoco disponemos, a través de estas fichas, de información suficiente para reconstruir las coreografías completas de los paloteos. Una vez más, nos encontramos con documentos que conservan una parte importante de la manifestación, pero no todos los elementos que la componían.

La melodía de la danza de las cintas aparece también en el cancionero berciano de Federico Fernández Luaña, con recopilaciones musicales de Amador Diéguez Ayerbe, publicado en 1977. En esta ocasión figura con el título Danza con tamboril y la indicación entre paréntesis Danza de las cintas, sin aportar mayores detalles sobre su interpretación.

Conviene señalar que en nuestra comarca la denominación popular del instrumento que acompaña a la flauta es habitualmente tambor, aunque en estas publicaciones encontremos también el término tamboril.

La conservación de estas melodías nos permite acercarnos a una parte del repertorio de Victoriano Prieto, pero también nos recuerda la importancia de diferenciar entre las músicas que sabemos que estuvieron vinculadas a una danza y otras piezas del repertorio de los mismos tamboriteros cuya relación con ella no está documentada.

Estos documentos, junto con las descripciones escritas, son especialmente útiles para comparar personajes, denominaciones y elementos de distintas danzas. Sin embargo, debemos tener presente el carácter de cada fuente y evitar suponer que las semejanzas implican necesariamente que las manifestaciones fuesen idénticas.

A veces contamos con noticias de su contratación o participación en una procesión; otras veces disponemos de descripciones de sus personajes, textos, indumentarias o música. Y en ocasiones únicamente tenemos el testimonio de alguien que llegó a conocerlas.

Por eso consideramos importante seguir reuniendo y contrastando documentación, sin dar por conocidos aquellos aspectos de los que realmente carecemos de información.

Las fuentes escritas, las fotografías, las partituras y los testimonios orales pueden ayudarnos a conocer mejor estas manifestaciones, pero también nos muestran los límites de aquello que sabemos.

Todavía pueden aparecer nuevos documentos y testimonios que permitan ampliar, matizar o incluso corregir algunos de los datos que hemos ido recopilando.

Mientras tanto, compartir esta información es también una forma de contribuir al conocimiento de nuestro patrimonio cultural y de reconocer a aquellas personas que, participando en estas celebraciones o transmitiendo sus recuerdos, han permitido que parte de su memoria haya llegado hasta nosotros. Todo ello entendiendo que este texto no es más que un resumen de los muchos datos que hemos ido recopilando con los años.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario