jueves, 6 de agosto de 2026

💧 Gota de Tradición #6 · Pandereta (3/3) ¿Quién tocaba la pandereta?

La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.

 

Luzdivina García González panderetera de Noceda del Bierzo fue entrevistada el 26 de mayo de 1986 cuando tenía 76 años decía: “cuando iba al prado con las vacas, llevaba la merienda en una cesta, de sacaba la merienda y la cesta se convertía en una pandereta”

Y eso lo decía porque, mayoritariamente, quienes tocaban la pandereta eran mujeres. Muchas aprendían igual que ocurría con otros instrumentos ligados al pastoreo: mientras guardaban el ganado, aprovechando cualquier objeto que hiciera de instrumento, como aquella cesta. Aprendían para poder participar en el baile, aunque al principio fuera tocando antes de que les llegara la edad de entrar en él para bailar. En muchos lugares dejaban de tocar al casarse, porque también cambiaba el papel social aceptado. Además, salvo excepciones, a pesar de lo complicado y el esfuerzo que supone tocar y cantar, no recibían ninguna remuneración por hacerlo, al contrario que otros músicos. Eran ellas quienes ponían música a los bailes de diario, incluso varias veces por semana gran parte del año.

Lo más habitual es que tocaran de una en una, en algunos casos en pareja. Como ya vimos, acompañándose de la voz. Son muy pocos los casos documentados en los que tocaran junto a otros instrumentos hasta bien avanzado el siglo XX. Pasada la mitad del siglo pasado es cuando en grupos de gaiteros en Galicia empieza a introducirse en ellos la pandereta tocada por hombres que introdujeron otras técnicas ajenas a la tradición como rascar con el pulgar y dibujar ritmos como hace el tambor.

 

Y aunque dentro de nuestra tradición en la mayoría de casos eran ellas las que tocaban, también había algún hombre que tocaba, a alguno hemos conocido. Aunque ellos a veces empleaban otras técnicas tocando sobre el brazo, la pierna o alguna otra superficie.

Gracias a los trabajos de investigación, recopilación podemos conocer toda la riqueza de estos saberes conservados generación tras generación y que dejaron de tener espacio con los cambios sociales que tuvieron lugar. Con la llegada de la modernidad y migración del mundo rural dejó de ser necesario tocar la pandereta y cantar para divertirse. Sin embargo, cada vez más gente se acerca a aprender estos instrumentos para disfrutarlos de la misma manera, tocar para pasarlo bien e incluso para hacer bailar. La relevancia social que están volviendo a alcanzar hacen que veamos con esperanza el futuro de la pandereta, pandareta, pandeireta o pandeira con un trabajo desde el conocimiento profundo de nuestro territorio y realidad.

 

Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.

Hoy solo hemos hablado de una gota. Con esta terminamos esta serie dedicada a la pandereta, pero el río, nuestra tradición sigue corriendo y la semana que viene volveremos a beber a él.


Del Cuaderno de Campo

Normalmente queremos que la tradición encaje en nuestras ideas preconcebidas, pero la realidad siempre es mucho más compleja. En el vídeo hemos incluido algunos ejemplos que contradicen esos prejuicios.

Por un lado aparece Alfredo do Chao, de Sotoparada / Soutoparada / Souto, perteneciente al Ayuntamiento de Trabadelo, a quien entrevistamos en 2016. Nos tocó la pandereta tal y como la tocaban él y su hermano, apoyándola sobre la barra de la taberna o del salón de baile mientras cantaban. Incluso conservaba varias piezas de una antigua pandereta que nos enseñó durante la entrevista. Alfredo también tocaba la batería y representa uno de esos ejemplos de hombres que tocaban la pandereta, aunque utilizando una técnica diferente a la más habitual entre las mujeres.

Sin embargo, en Fornela documentamos otro caso distinto. En Chano grabamos a un hombre que también tocaba la pandereta, pero lo hacía exactamente igual que las mujeres de su entorno.

También hacemos referencia a esos hombres que tocaron la pandereta en grupos de gaitas y lo ejemplificamos con una fotografía del conjunto Los Brisas del Sil, del barrio de Flores del Sil de Ponferrada, en la que José Raido "Patelas" toca una pandereta sin parche. Pero no fue un caso aislado. Existen muchos más ejemplos y, de hecho, algunos de esos estilos permanecen hoy en día. Uno de ellos consiste en redoblar la pandereta "rascando" con el dedo pulgar en sentido contrario al movimiento que realizan la mayoría de las tocadoras mayores. Muchas veces se pone como ejemplo de este tipo de pandereteros a Wenceslao Cabezas "Polo" que tocó en los discos que grabó Ricardo Portela y que fue parte de esa corriente que también optó por panderetas con mayor tamaño, número de ferreñas, peso... Hay muchos más tocadores destacados pero sirva este como referente.

También es cierto que en la localidad de Oencia nos hablaron de panderetas sin parche utilizadas por mujeres. Del mismo modo, Pablo Carpintero, en su libro Os instrumentos musicais na tradición galega, también hace referencia a este tipo de ejemplares, que él mismo ha estudiado, construido y recreado.

Por último, queremos hablar del único caso documentado que conocemos de una tocadora de pandereta remunerada. Hace unos años entrevistamos en Cacabelos a María Mouriz, da Casa da Portela, de Cantejeira / Canteixeira, quien antes de la Guerra Civil tocó en un conjunto de gaitas junto a sus hermanos. Esta orquestina contaba con ella para actuar en bodas y bailes —aunque no en pasacalles ni procesiones—, donde acompañaba con la pandereta a la gaita, la caja, el bombo y el clarinete. Además, tenía una pandereta con dos agujeros que habían adquirido junto con otros instrumentos en Vilanova do Pedregal (Lugo). Juntos tocaron en numerosas localidades del Ayuntamiento de Balboa y su entorno, llegando incluso a estar ajustados en Vega de Valcarce / Veiga para tocar todos los domingos en el baile.

Como comentamos, la documentación y el trabajo de campo nos permiten conocer ejemplos concretos que, aunque constituyan casos excepcionales, nos ofrecen una visión mucho más amplia de nuestras tradiciones y de nuestro patrimonio.






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