domingo, 30 de agosto de 2026

Entrecroniqueta #17 (2026) - Villaveza de Valverde / Los Pamplinas trío Gaiteiros de Oficio

 Los Pamplinas tocamos dentro de nuestra zona de confort cuando vamos a un pueblo que conocemos, cuando sabemos cómo funciona, cuando tocamos cerca. Pero no nos gusta decir que no.

A veces nos llaman de lejos y respondemos que sí, aunque no sepamos si allí funcionará igual lo que hacemos. Porque sabemos lo que hacemos y sabemos hacerlo, pero también sabemos que se entiende mejor allí donde es costumbre.

Ricardo Portela distinguía dos tipos de gaiteiros: los que tocan lo que saben y los que saben lo que tocan. Es una frase conocida y, aunque suele llevar otro sentido, a nosotros, con este enfoque, también nos sirve bien.
Y aunque Portela fuera de Pontevedra, enténdeselle ben. No todo va a ser tocar en el Bierzo repertorio de aquella zona de Pontevedra. Alguna cosa buena más habrá que importar.

Porque, como sigamos sustituyendo los repertorios tradicionales por esos otros más conocidos de la gaita gallega, no sabemos si habrá que declararlos especie invasora o si acabarán convirtiéndose en endémicos. Tocados en un estilo bien globalizado, eso sí.
Al final va a ser tan de aquí y tan de gaita la Jota de San Roque como O Pasodobre de San Roque que tocaban Os Morenos de Lavadores al entrar en la romería de As Neves y que grabaron los propios Irmáns Portela o Milladoiro.
Ya verás el día que los gaiteros descubran el repertorio de gaitilla segoviana —dulzaina para los modernos—. Va a ser más revolución entre gaitistas la Entradilla Segoviana de Agapito Marazuela que el Dai Dai de Shakira.
Ya lo fue el día que los chifleros bercianos descubrieron que se pueden tocar las canciones gallegas de gaita con la chifla y el tamboril —flauta y tambor para los que saben cómo se llama—.

Que me enredo.
Total, que en Villaveza de Valverde nos llamaron al trío y fuimos pensando que íbamos a resultar un poco exóticos. Creo que no lo fuimos tanto. Pero claro, tocamos lo que nos pidieron. Hasta La Morocha.
Porque, aunque todo el mundo nos preguntaba de dónde éramos, el aire de la gaita tampoco debía de resultarles completamente extraño. Un paisano nos contó que en este pueblo también hubo fole.
Fole le dicen en Zamora. Y, aunque hoy pueda resultar menos conocido, también se le llamó así en algunas zonas de la montaña leonesa. Porque, aunque la gaita no fuese habitual en todos los pueblos, algún gaitero también había.
Así que tan lejos de casa tampoco estábamos. En Zamora se nota que también adoban con pimentón.

A veces sabemos lo que es una cosa, pero ya no sabemos llamarla bien.
Y quizá nos cuesta tener esa humildad de preguntar, de no sentir vergüenza ni complejo por decir las cosas como las decían quienes estuvieron antes que nosotros.
Que algo se dijera de una determinada manera no lo hace mejor. El pasado no es mejor por norma; eso es nostalgia y, a veces, nostalgia mal entendida.
Pero, aunque no sea mejor, sí es nuestra.
Y eso sí es importante.

Nos gusta ese equilibrio entre tocar donde lo que hacemos todavía es costumbre, llevar lo nuestro a sitios donde ya no es tan habitual y, por el camino, seguir aprendiendo.
Porque necesitamos seguir haciendo experimentos con gaseosa para nuestros estudios científicos.

Por eso fue bonito estar el otro día en Zamora.
Fuimos delante del Santísimo en procesión hasta hacerle pasillo a la entrada, tocamos en la comunión lo que se debía y, a la salida, el baile vermú fue potente. La gente se animaba, bailaba, lo disfrutaba y hasta se corrió la voz: vinieron desde Santa Cristina de la Polvorosa a vernos.

No sabemos qué les contaron, pero vinieron.
A veces, cuando vas a un sitio nuevo, no sabes cómo saldrá.
Pero cuando vamos los tres, la zona de confort viene con nosotros. Sabemos cómo y qué hay que hacer.
El resto es dejarse llevar.

Seguro que no es la última vez que venimos por estas tierras.






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