domingo, 5 de julio de 2026

Días de rodillas peladas: 2. La escuela

Canción de entrada, geografía, matemáticas, ortografía y recreo

Después de la bienvenida, el viaje continúa con una parada obligatoria: la escuela.

Durante generaciones, fue mucho más que un lugar donde aprender a leer, escribir o contar. Era el espacio donde los niños de cada pueblo pasaban buena parte de su infancia, compartían juegos, descubrían el mundo y empezaban a construir sus primeros recuerdos.

En esta segunda escena de Días de rodillas peladas hemos querido regresar a aquellas aulas con pupitres de madera, mapas en las paredes, pizarras de tiza y lecciones que iban mucho más allá de los libros. También a pequeños detalles que muchos aún conservan en la memoria, como la leche en polvo que llegaba a las escuelas o aquellas canciones y rutinas que marcaron a varias generaciones.

A continuación podéis ver la escena tal y como la interpretamos en Tremor de Arriba, durante la tercera de las tres representaciones del espectáculo. La ilustración que acompaña esta entrada ha sido recreada mediante inteligencia artificial a partir de la estética de las escuelas rurales de mediados del siglo XX. Y la que lo introduce está editada a partir de una foto real de una escuela bercianaa.

Debajo del vídeo encontraréis también el texto que dio paso a esta escena, acompañado por la narración en voz en off de Denise Silva, que sirvió de hilo conductor para adentrarnos en este pequeño viaje a la memoria.



En un pequeño pueblo, que podía bien ser este o cualquier otro cercano, hace más de medio siglo, donde las campanas marcan el ritmo del día y todo el mundo sabe quién ha estornudado antes de que termine el recreo, la escuela es un mundo en sí mismo. Antes de entrar en clase ya todos saben quién hizo los deberes. Entre pupitres de madera, tiza que nunca deja de caer y una maestra con más autoridad que el alcalde, los alumnos intentan sobrevivir a dictados interminables y cuentas imposibles… o al menos eso deberían.

Pero entre tanto orden y disciplina, siempre hay hueco para el desorden más divertido: un juguete o papel escondido, una retahíla susurrada a media voz y una mueca improvisadoa cuando la maestra mira hacia otro lado. La música y el teatro se convierten así en la gran escapada de estos jóvenes, capaces de transformar cualquier clase en una función inesperada, aunque luego toque correr para que no los pillen en casa.

Porque en este pueblo, donde todo se sabe, pero nada se dice demasiado alto, hasta el silencio tiene ritmo… y siempre hay alguien dispuesto a romperlo con un sonido, con una carcajada.




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