La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.
«Cuando bandas, orquestinas y grupos de gaiteros habían dado
por finalizada su actuación, todavía quedaban los rítmicos sones del tamboril
de Sapín aleteando en las noches de Ponferrada, hasta el punto que podía
decirse que la noche de los “fuerganos” de la víspera de la Encina no acababa
hasta que Sapín dejaba de tocar».
Esto lo decía Esteban de la Puente García, pregonero de las fiestas de la Encina en 1972 e hijo del músico Esteban de la Puente, al recordar a Sapín, Victoriano Prieto Becerra, tamboritero nacido en Villanueva de Valdueza.
Los tamboriteros tocamos para lo mismo que la mayoría de los
músicos tradicionales: principalmente para andar, para el baile y para las
danzas. Esos desplazamientos tienen que ver con buscar al mayordomo, con las
alboradas, los pasacalles, las procesiones o las rondas. Tenemos la virtud de
poder llevar la fiesta puerta por puerta.
También tocamos para bailar, tanto lo antiguo, el baile
suelto —jotas, donzainas, muñeiras o corridos— como bailes más modernos o
agarraos, como valses, pasodobles o rumbas. Pero, por supuesto, los géneros y
sus denominaciones locales hacen que esta lista sea mucho mayor.
Y hay danzas, que son algo diferente del baile, pero que igualmente se acompañan con tambor y flauta. Aunque existen ejemplos documentados de estas danzas en siglos anteriores en el Bierzo, hoy nuestro principal referente vivo sigue siendo el Valle de Fornela o Furniella, junto con otros ejemplos cercanos de la Maragatería y del Suroccidente asturiano.
Excepcionalmente existen repertorios que no responden a
ninguna de estas funciones, como sucede en algunos lugares durante el momento
de la consagración. En general, la pieza elegida para este momento y también
para ser ejecutada en la salida de las imágenes en procesión de un templo es la
conocida como Marcha Real. Sin ninguna connotación política, es una tradición
que se remonta al menos a principios del siglo pasado usar, con versiones más o
menos libres, esta melodía para estos momentos solemnes.
Hoy todavía podemos encontrar tamboriteros en el entorno festivo y en la calle, manteniendo ese oficio tradicional. Pero también hemos conquistado nuevos espacios: escuelas de música, asociaciones y otros lugares donde enseñamos a tocar a todo el que desea aprender, de una forma más académica o más informal. También tenemos que decir que esta figura, en el último tercio del siglo pasado, empezó a relacionarse más intensamente con las agrupaciones folclóricas de la zona. A la vez que estos tamboriteros actuales se acercaron a los grupos, el oficio tradicional fue perdiendo presencia.
Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea
aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.
Hoy solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.
Del cuaderno de campo
Victoriano Prieto Becerra nació en Villanueva de Valdueza el
23 de marzo de 1893. Tras ejercer de pastor y tener varios trabajos en
Ponferrada, se casó e instaló en Molinaseca, donde pasó gran parte de su vida.
Allí fue entrevistado por Juan Tomás el 27 de agosto de 1946, quien
transcribió varias piezas de su repertorio (canciones de baile, piezas de la
danza y una alborada que tocaba en las fiestas de la Encina de Ponferrada),
poniendo también en duda su pericia con la flauta.
De él nos han llegado, además de esas partituras, un
puñado de fotografías, repertorio transmitido a través de tamboriteros como
Adelino Rodríguez, que lo escucharon tocar, y decenas y decenas de testimonios
que hablan de su personalidad y humor cáustico, elevando su figura a la
categoría de leyenda.
El 8 de abril de 1957 falleció en Molinaseca con 63
años. Si recorréis las calles de esta localidad podréis ver y beber en la
Fuente del Sapo.
Varios, como Toño Criado, Esteban de la Puente García o
nosotros mismos, hemos escrito sobre su figura y su recuerdo. También José
Laínez Ros, en el libro Hojas de mi otoño (1959), le dedica estos
versos:




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