Hace unos días estuvimos junto al río Boeza, en la Ruta de los Molinos de Folgoso de la Ribera, grabando la primera Gota de Tradición. Un proyecto al que llevábamos tiempo dándole vueltas y que nace con la intención de compartir pequeñas historias sobre nuestro patrimonio inmaterial.
Hemos querido empezar por una palabra que, aunque todavía sigue muy presente en muchos pueblos, no siempre significa lo mismo para todo el mundo: tamboritero.
Si acudimos al diccionario de la RAE, encontraremos que un tamboritero es quien toca el tamboril. La definición no es incorrecta, pero aquí siempre se ha quedado un poco corta.
En buena parte del Bierzo, un tamboritero era mucho más que la persona que interpretaba una flauta y un tambor al mismo tiempo. Era el músico de la comunidad. El encargado de acompañar las fiestas patronales, las procesiones, las bodas y otros muchos momentos importantes de la vida de un pueblo.
Así pasaba con el tamboritero que aparece en la fotografía, Antonio García, conocido en Noceda del Bierzo como «Caruso», de quien se contaba que tenía tanta demanda para tocar en las bodas que, si no podía acudir un determinado día, en alguna ocasión los novios cambiaban la fecha de la celebración para poder contar con él. Durante generaciones, preguntar en gran número de poblaciones bercianas quién era el músico era, casi siempre, preguntar por el tamboritero.
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| Boda de Angelines y Ángel en Noceda del Bierzo - Década de los 50 |
Todavía hoy podemos encontrar lugares donde esta tradición continúa formando parte de las celebraciones. Las Danzas de Fornela, el Voto de Villa de Ponferrada o las bodegas de Toral de Merayo son solo algunos ejemplos de cómo esta figura sigue teniendo un espacio propio dentro de nuestras costumbres. Y, afortunadamente, todavía seguimos teniendo la suerte de que en muchas otras fiestas locales se siga contando con tamboriteros.
También resulta curioso observar cómo cambia el lenguaje según el lugar. En el Bierzo la palabra tradicional ha sido tamboritero. En Fornela o Furniella es habitual escuchar tamboriteiro. Algunos mayores llamaban chifla a la flauta de tres agujeros y, en Fornela, todavía pueden oírse formas como xipla o xipra. Sin embargo, el tambor siempre fue simplemente eso: el tambor. En la Maragatería es frecuente encontrar la denominación tamborín, mientras que tamboril es habitual en muchas de las provincias situadas al sur de nuestra comarca.
Con el paso del tiempo se ha extendido el término tamborilero, probablemente influido por otras zonas, por determinados textos escritos que buscaban una denominación considerada más culta y por la enseñanza reglada de estos instrumentos. Sin embargo, esa no ha sido la denominación tradicional en buena parte de nuestra comarca.
Aunque encontramos músicos de flauta y tambor en numerosos lugares de la península e incluso de Europa, cada territorio ha desarrollado una manera propia de interpretar este repertorio. En nuestro entorno, el toque del tambor posee una personalidad muy marcada, con ritmos especialmente ricos y característicos que forman parte de nuestra identidad musical. Quizá algún día dediquemos una Gota de Tradición únicamente a esas diferencias.
Esta es solo la primera de tres pequeñas gotas dedicadas a esta figura. En las próximas entregas seguiremos profundizando en ella y descubriendo por qué el tamboritero ocupa un lugar tan importante dentro del patrimonio cultural berciano.
Porque la tradición es como un río. Y nosotros solo acabamos de asomarnos a la primera gota.
Del cuaderno de campo
Antonio García es uno de los grandes ejemplos en esta comarca de un tamboritero tradicional. Su figura trascendió lo puramente musical hasta convertirse casi en una leyenda y era descrito como un artista completo.
Aunque no llegamos a conocerlo, sí hemos podido recoger los testimonios de vecinos de la zona y de tamboriteros como José Marqués, de Noceda, o Pedro «Budiel», de San Justo de Cabanillas, herederos directos de este mítico músico. También conservamos fotografías suyas ejerciendo el oficio y parte de su repertorio gracias a las transcripciones realizadas por el musicólogo Manuel García Matos.
Hablamos de una generación de tamboriteros que aprendía de oído, por transmisión directa, escuchando a los mayores y trabajando durante años, compatibilizando el ensayo autodidacta con el oficio de pastor. Niños que empezaban jugando con flautas vegetales hasta que conseguían una de verdad y, más tarde, tenían la oportunidad de que les dejaran un tambor para acompañar alguna fiesta.
Aunque muchos aprendían a tocar y había numerosos aficionados, solo unos pocos, como se decía entonces, «salían tamboriteros».
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| Fiesta con vecinos en Noceda del Bierzo - Década de los 30 |


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