lunes, 22 de junio de 2026

Croniquetas de un músico #3 (2026) – San Antolín de Ibias / Los Pamplinas en Concierto

Los Pamplinas pusimos rumbo a San Antolín de Ibias no sin antes tener que hacer a nuestro saxofonista una demostración de por qué le salía en el Google Maps que desde Ponferrada a esta localidad hay poco más de cien kilómetros y que se tarda en llegar dos horas. Nosotros (Denise y yo habíamos estado ya en octubre la última vez) y Dani, nuestro compañero de tres cuartos de ambiente (medio ambiente para él le es poco), había estado desbrozando este invierno también varios sotos. El único que no conocía era Parra y eso que, para más señas, es el único asturiano de los cuatro de nacimiento. Aunque se rumorea que nuestro técnico Alex también desciende una parte de este pueblo.

 

Y es que para salir del Bierzo primero hay que pasar por Toreno, donde verás Alinos. Eso si has comido, porque quieres unos chipironezzz, siempre puedes parar cruzando las vías en el Salomé. que hay pocos que, no siendo de la zona, lo conocen, Alinos es todo un barrio y la cinta que pasa por encima de la carretera cualquier día se romperá y dará un disgusto, pero esta ruta es todo un desafío para un apasionado del mantenimiento. De ahí, pasas a Matarrosa, que tienen pique siempre con Toreno. De ahí a Santa Cruz del Sil dejando a la izquierda ese gigante abandonado que es la Recuelga. De ahí verás el Escobio, que aunque parezca que no, entodavía está vivo y hasta hace poco había negocios y todo. Luego ya antes de llegar a Paramo del Sil (que el Bierzo creció mucho con el consejo comarcal y llega hasta ahí), te desvías a la izquierda para coger dirección Anllares. Porque si sigues irás por Villavelino y la vuelta es considerable. Tú, dirección Anllares, que si aun tienes hambre te acercas hasta el pueblo, que aunque ya no está la térmica, puedes comer un cabrito riquísimo en el Mesón el Conde. Sino, vas más hacia el Santuario de las Nieves, que es importante y coges la pista, llamémosle carretera que lleva a Valdeprado. Que no es estrecha, que no, como esas en que la raya del medio hay que andar por cima della como en el excalextrix. Esta, tá sin pintar y con unos socavones que la última vez que habíamos pasado la broma fue que dejamos una rueda allí.  Dejas Valdeprado a un lado, no hace falta que te metas y sigues. Cuando entres a Asturias, se nota. Pone que están en proceso de adecuación de la pista, no sé cuántos años tardan en adecuarse, pero ahí van. Ahora hasta llegar al cruce de Cerredo que se dice Zarreu, está pintada y la cosa cambia para mejor. Casualidad o no, la Junta de Castilla y León no arregla la carretera porque entonces tendría que poner también cobertura o al menos como los hay yendo hasta Teixeira y Vilar de Aceiro, cartelitos que pongan aquí hay cobertura.

A partir de ahí ya puedes conocer los pueblos por los que pasas por las pandereteras sobre todo. Pasarás por el Rebol.lar onde vivía Arcides, que era de Trabau, onde taban Cándida ia María, pasarás también al lado de Vilarmeirín onde vivía Adelaida, o Fondovila onde si non recuerdo mal también había gaiteru y lo vimos una vez en la romería de Trascastro. La lista, como los cantares aun es mas larga, pero aun no llegamos al final del trayecto. También pasas por tres altos, el de Zarreu, el de Campillo y la Campa del Alto de Tormaleo a 1037 metros de altitud con toda la escombrera alredor. Es más, según subes a esa Campa, a mano derecha verás junto al camín una tubería de riego como las que han puesto en el Bierzo Bajo, aunque intuyo que esta no trae tantos líos. Verás carteles que anuncian si hay nieve, pero en este tiempo con treinta grados que marcaba en la farmacia, va a ser que no había.

De Tormaleo para alante se acabó lo bueno, pero ya estás llegando. A cualquier pisapraos se le haría fácil llegar hasta aquí, para seguir hasta el final hay que ser algo más atrevidos. Cuando entras por este lado, sólo te queda parar a tomar algo en el primer bar, pero ojo estás en una capital de conceyu, hay más de uno y no está de más andarlos todos.

 

En San Antolín nos recibió como otras veces Juan Ramón, amable y generoso, como son aquí. Paramos al lado del Untamiento que tocamos a la puerta. En la entrada tenían libros sobre la zona y fue bonito porque conocíamos alguno como el de la Danza de Naciu ‘i Riguilón. Uno entre tanto verde y montaña se siente como en casa. No digo que no sea una barbaridad, pero hay un triángulo aquí entre Ancares, Cervantes e Ibias que tienen algo que hace que se parezcan. Es el paisaje, que dicen polavila al fiandón, que dicen ia Pandeira… Los científicos aún lo están estudiando, pero nosotros no tenemos dudas.

 

La última vez que estuvimos aquí, la iglesia no estaba apuntalada pero también se veía en todas las direcciones quemado. Como siempre contamos con un público entregado viéndonos, que nos hizo estar tan cómodos como en un ensayo. Hasta a un vecino que nos escuchaba desde la huerta sacando hierbas se movía a nuestro son y le dedicamos un tema. No van a crecer en toda la contorna unos pimientos con tanto salero.

 

La verdad es que, frente a la plaza, entre negocios cerrados y casas habitadas, había una farola que era una auténtica metáfora. Los faroles sin bombillas ya, no funcionan, solo vale el poste para sujetar en él un nuevo foco led. La farola sirve, como sirven para divertirse las músicas de antes y mantener algo de lo que fue. Aquello que divirtió a nuestros abuelos fue válido y sigue siendo válido porque aun sigue sirviendo para entretenernos, sigue siendo útil, aunque con el tiempo algo vaya cambiando.

 

Que yo sólo quería explicarle a Parra como se meten dos horas en cien kilómetros, pero se me escapa a contar algunas cosas que pueden pasar en una mañana por la cabeza de unos músecos de fortuna. Aún tengo que dicir eso de que si usted tiene algún problema y nos llama quizás pueda contratarnos. Y lo de que si todo lo que he contado no es verdad, que lo desmienta otro que haiga mejor o se quede cojo el que escribe.

 














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