La tradición es como un río. Hoy vamos a hablar solo de una gota.
«En las alboradas no se cantaba. Tan sólo iba el tamborilero tocando, acompañado de los mozos. Se tocaban al amanecer; después se iba a tomar la parva, luego misa, autoridades, baile vermú, baile de tarde y ronda hasta las tantas.»
Así lo contaba Adelino Rodríguez Arias (1914-2008), tamboritero de Peñalba de Santiago.
Y eso nos da una buena pista para responder a una pregunta: ¿dónde había tamboriteros? La respuesta es sencilla: donde había fiesta.
Mucha gente piensa que el tamboritero es una figura propia del Bierzo. Y tienen parte de razón, pero no toda.
La flauta y el tambor forman parte del paisaje sonoro de buena parte de nuestra comarca y estuvieron presentes en las fiestas del siglo XX, tanto en Ponferrada como en las tres principales villas bercianas: Bembibre, Cacabelos y Villafranca del Bierzo.
Sin embargo, hay una curiosidad que suele sorprender. No todo el Bierzo comparte esta tradición. En valles del oeste, como los del Selmo o el Valcarce, no constituye un instrumento patrimonial. En cambio, tanto en otras zonas de la comarca como en la vecina Cabrera convivió de forma natural con los gaiteros. Hacia el este, en el Bierzo Alto, encontramos un mayor número de intérpretes y localidades donde llegó a ser prácticamente el único instrumento profesionalizado.
Pero la historia es todavía más amplia. Durante el siglo XX encontramos referencias de esta misma figura —con distintas denominaciones y variantes, tanto en la morfología como en la afinación de la flauta— recorriendo dos grandes ejes de la Península: desde el suroccidente asturiano hasta Huelva, incluyendo parte de Portugal; y desde el Bierzo, con testimonios también en Galicia, hasta las Islas Baleares.
Hoy todavía podemos encontrar tamboriteros en el Bierzo y en la Maragatería, donde en algunas celebraciones su presencia sigue siendo necesaria. Sin embargo, aunque existen intérpretes y cada vez hay más personas aprendiendo, el número de quienes ejercen este oficio y la demanda para hacerlo siguen siendo reducidos.
El verdadero riesgo no es que desaparezcan la flauta o el tambor, sino que desaparezca el oficio del tamboritero.
Y si quieres seguir profundizando en esta tradición, ya sea aprendiendo, escuchando o simplemente curioseando, ya sabes dónde encontrarnos.
Hoy solo hemos hablado de una gota. La semana que viene seguiremos bebiendo de este río.
Del cuaderno de campo
Adelino Rodríguez Arias fue uno de los tamboriteros más referenciados del Bierzo. Nació en Peñalba de Santiago, aunque pasó buena parte de su vida en Ponferrada, en el barrio de La Borreca, donde además trabajó para el Ayuntamiento.
Destacó no solo como intérprete, con una extraordinaria capacidad para improvisar y variar melodías, sino también como artesano. Construyó numerosas flautas —utilizando un torno de ballesta—, además de castañuelas y algún otro instrumento. Durante unos años recorrió con su torno distintas ferias y muestras de artesanía.
En su juventud también tocó la gaita y reunió un amplio repertorio fruto de escuchar a otros tamboriteros de la zona. Actuó tanto en el Bierzo como en Cabrera y, durante el último tercio del siglo XX, fue una figura habitual en las fiestas de Ponferrada. Muchos aún recuerdan la destreza con la que hacía sonar su característico tambor negro decorado con estrellas rojas.
Pasó sus últimos años en Zaragoza junto a su familia. Gracias a fondos como los de la Fundación Joaquín Díaz, a la Colección de Música Tradicional en Castilla y León y a diversos documentales grabados en las décadas de 1980 y 1990, hoy todavía podemos escuchar su música y verlo interpretar.




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