Ahora que ya terminan los carnavales con el sábado de piñata, queríamos escribir unas líneas que nos sirvan para reflexionar sobre estas fiestas. Porque desde el domingo gordo le llevamos dando vueltas a varias cosas que nos bullen en la cabeza. Si has entrado a leernos ya sabes que no nos dedicamos a desacreditar a colectivos ni iniciativas, sino invitar a una reflexión necesaria sobre cómo construimos nuestro patrimonio.
Como dice José Luis de las Eras Alija en este interesante artículo, vemos cómo una y otra vez se recrean (por no decir, muchas veces, inventan) y reproducen entroidos, antruejos, antroidos, combinándolo con una fuerte falta de rigor, investigación y publicación. Porque, a pesar de que incluso se financian muchas de estas celebraciones desde instituciones públicas, poco se exige de seriedad en ellas. También es cierto que el carnaval poca seriedad tiene que tener, pero tenemos la sensación de que se están produciendo muchos fenómenos a la vez que creo que deberían hacernos a todos más críticos y reflexivos (lo que no significa que necesariamente se esté haciendo todo mal).
Los entroidos, que para algunos son algo diferente del carnaval entendido como la fiesta urbana que muchos hemos conocido, alejada también de lo irreverente, burlón o satírico, se han convertido, junto a otros elementos como los pendones, los ramos, los grupos folclóricos o la indumentaria tradicional, en generadores de identidad, siempre desde un ámbito muy superficial. Además, actualmente se fomentan fuertemente como un atractivo turístico.
Esto tiene también aspectos positivos, como que el público general se acerque a elementos relacionados con las tradiciones y que los jóvenes se aproximen a estas celebraciones colectivas. Pero quizás esto no sea suficiente.
Por un lado, rápidamente se le da a cualquier información un barniz histórico, uniendo directamente los ecos de las celebraciones realizadas en el pasado siglo XX con celebraciones prerromanas. Sería más interesante, sin duda, documentar esas prácticas locales y particulares del siglo pasado.
No tiene sentido criticar por criticar, nunca lo ha tenido, y no estamos en los tiempos en que los investigadores paraban a cualquier persona por la calle llamándole la atención por lo que estaba haciendo. Pero tampoco puede ser un “todo vale” en el que cualquiera puede decir una barbaridad sin desmentido, trascendiendo y creando cátedra.
Vemos cómo se mezclan la continuidad de algunas tradiciones con recreaciones libres, recuperaciones y cambios, todo travestido (nunca mejor dicho) con una palabra clave: evolución.
No deja de ser sorprendente cómo queremos meter en un mismo saco cosas que son diferentes, dejando un poso de publicaciones vagas, de noticias pobres en medios digitales locales cargados de buenas intenciones y poco fondo.
Por poner ejemplos en nuestra comarca —porque no estamos hablando de algo etéreo—, se está desarrollando un Entroido Berciano en la ciudad de Ponferrada que dista en muchos aspectos de cualquier documentación existente. Si bien en la ciudad se tienen datos y hay aspectos concretos de cómo se han celebrado estas fechas, de cómo se desarrollaron y burlaron en casos concretos durante la dictadura, se toma como referencia para desarrollar este Entroido (palabra que tampoco entra dentro del vocabulario tradicional de la villa) un amplio poema de Fernández Morales (1817-1896), de su publicación Ensayos poéticos en dialecto berciano (1861). Diecinueve páginas de un texto que es costumbrista, lingüístico y poético, no etnográfico. Describe aspectos del Entroido en el Bierzo Oeste (un poco lejos de Ponferrada) y la descripción de los personajes dista mucho de las representaciones que venimos viendo desde hace años, que lo mismo se realizan en Ponferrada, en Molinaseca o en cualquier otro lugar, sin importar que lo representado tenga algún tipo de relación con el sitio.
Bajo el título “Entroido Berciano 1840” vemos la única representación con las caras descubiertas en más de cien kilómetros a la redonda, a pesar de que el texto habla explícitamente de las “carantoñas”. La falta de rigor no solo afecta a escoger esta única fuente costumbrista para realizar en Ponferrada una recreación de otra zona de la comarca; tampoco solo a la distancia entre los textos de Morales y lo que se representa; sino también a una falta de respeto hacia la propia fuente. Solo hay que leer en la prensa local cómo el colectivo definía a sus personajes como “Demos” entre 2017 y 2024, usando ya desde ese momento —y por primera vez— el término “Diaño” y “Diaña” que utiliza Morales. Nada diferente de otras recreaciones que han hecho en torno a estos textos y de las que ya hemos hablado en la temática de las Danzas, donde tradujeron al castellano en todas sus representaciones, en la década de los noventa, los textos de Morales.
Estos cambios los podemos ver en otros entroidos recreados, por ejemplo en el Bierzo Bajo, donde los materiales tradicionales para la elaboración de máscaras —como papel, pieles o madera—, habituales en toda la península, son sustituidos por el papel maché, cuyo único uso tradicional ha sido la realización de gigantes y cabezudos en talleres especializados.
Últimamente también se ha publicado, de la mano del Instituto de Estudios Bercianos, un interesante documental sobre las Burras de Tremor de Arriba. En él se puede observar cómo, aunque por parte de los portadores y vecinos se recogen algunos aspectos de esa tradición, otros —como los cuernos— directamente se desechan, aportando, de nuevo en nombre de la evolución, un cambio en los materiales, abandonando también un componente tan importante, según los mayores, como el asustar y el miedo. En 2006, la primera vez que vimos las burras, ya estaban elaboradas con peluche y espuma, admitiendo en los últimos años también luces LED como parte del personaje.
Estos procesos descritos como evolución también los observamos como músicos en las distintas celebraciones en las que participa música en directo. Ya no es solo que el repertorio gallego —especialmente el de gaiteiros urbanos popularizado en los años ochenta y noventa (junto con alguna excepción más reciente)— haya colonizado el repertorio que suena en todas las fiestas, yendo mucho más allá de piezas conocidas como puede ser la Muiñeira de Chantada. Las formas de baile más populares actualmente en Galicia, que se realizan en foliadas abiertas, están desplazando totalmente a las formas tradicionales en gran parte de la comarca, sustituyendo los pasos tradicionales o coreografías propias de la zona. Incluso en los términos: no es extraño leer “foliada”, “bandina”, “repichoca”… cuando son términos cultural y lingüísticamente ajenos. Del mismo modo que no es extraño ver cómo se castellanizan otros términos como “pandiera”. Complejos lingüísticos que también muestran un desconocimiento cultural muy amplio del entorno.
¿En qué punto estamos aquí? Quizás ante un momento en el que hay que seguir divulgando, publicando, desmontando mitos y falsedades, exigiendo responsabilidad a las instituciones para que no compren argumentarios vacíos sin un trabajo previo de documentación.
Porque mientras en otras zonas cercanas, como ocurre en Galicia, se está empezando a replantear la forma en que se están desarrollando estas tradiciones —que se han masificado y convertido en un espectáculo que se aleja de algo vivo, en el que el público falta al respeto y no entiende ni sabe cómo acercarse a estas manifestaciones—, nosotros parece que aún no sabemos ni qué tenemos, ni qué queremos, ni cómo queremos vivirlo.
No sabemos si esta publicación siquiera tiene mucho sentido o provocará lo único que pretendemos: reflexionar. Pararnos y aprovechar este tiempo que acaba de comenzar hasta que el año que viene volvamos a disfrutar de estas fiestas, para ver qué tenemos, para documentarnos, para preguntar, para darle una vuelta. Porque hay muchas fuentes que leer y quedan muchos lugares en los que los mayores recuerdan y cuentan cómo se celebraba antes. Porque el Bierzo, por suerte, no tiene un Entroido único: el verdadero Entroido Berciano son todas las formas diferentes en las que se ha celebrado en cada momento en cada una de nuestras localidades. No olvidemos que el Bierzo actualmente son treinta y ocho municipios que constan de más de trescientas cuarenta poblaciones. Ahí tenemos una gran riqueza y nosotros somos conscientes de que solo conocemos la punta de todo eso. Cuánto nos falta todavía por recorrer.


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